Archive for the ‘SIGLO XIX’ Category

PORFIRIO DÍAZ Y LA BATALLA DEL 2 DE ABRIL DE 1867

Domingo, Junio 22nd, 2008

En el ocaso de la intervención Francesa en México (1862-1867), las fuerzas Mexicanas habían recuperado la mayor parte de las regiones que los Imperialistas y los Conservadores habían ocupado, especialmente en el centro del país. Para Marzo de 1867, solo algunas zonas del centro estaban aún bajo el dominio de Maximiliano y los Conservadores.

El Presidente Juárez, después de su agotador y azaroso recorrido de 2,000 Km. desde la Ciudad de México hasta el lejano Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez), había iniciado el regreso hacia el sur. Al igual que los 5 años anteriores, el esfuerzo de los Liberales Mexicanos para hacer frente a la Invasión continuó durante 1867.

Porfirio Díaz Mori. Pieza clave en la defensa de México desde la Batalla de Puebla, organizó posteriormente la resistencia Mexicana en el sur, debilitó al Imperio y logró tomar la Ciudad de Puebla y la Ciudad de México al tiempo que Mariano Escobedo apresaba a Maximiliano en Querétaro.

Dos Batallas determinaron el fin del Imperio:

  • La del 2 de Abril de 1867: Porfirio Díaz, quien había participado desde la Batalla del 5 de Mayo de 1862 en defensa de la República, coronaba en esta fecha su constante lucha contra el Imperio. Puebla se rendía a las fuerzas de Díaz quien tenía a su merced la Ciudad de México.
  • La del 15 de Mayo de 1867: en ella, Mariano Escobedo derrotaba en Querétaro al Ejército que comandaban Maximiliano, Miramón y Mejía.
fotografía que muestra a la delegación de Conservadores Mexicanos ofreciéndole el trono de México en Miramar.
Castillo de Miramar.

Hay algunas notas importantes que comentar sobre estos hechos:

  • Maximiliano tuvo oportunidad de abandonar el país cuando vió que las fuerzas Liberales Mexicanas íban avanzando hacia el sur. Había tomado ya esa decisión y de hecho estando en camino hacia el puerto de Veracruz, en Xalapa, recibió una carta de su madre en la que lo ‘obligaba’ a continuar su Imperio. “Un Habsburgo nunca se rinde” le decía.
  • El grupo Conservador que había apoyado la llegada a México de Maximiliano, se dió cuenta más tarde que el Emperador era más bien de ideas Liberales.
  • La historia oficial encasilla a los Liberales como los ‘buenos’ y a los Conservadores como los ‘malos’. Como todo, nada es completamente malo ni totalmente bueno. El propósito de los Conservadores al apoyar el establecimiento del Imperio de Maximiliano era el de estabilizar políticamente a México.
Mala selección. Los Conservadores ofrecieron el trono de México a Maximiliano (fotos de 1864 y 1866), quien en realidad era de ideas Liberales.
Castillo de Chapultepec, sede de la Monarquía Mexicana.

Habría que analizar lo que había sucedido en México durante los 50 años anteriores, para entender su desesperación por darle rumbo a la incipiente Nación Mexicana: el final de la guerra de Independencia (11 años), dos invasiones de Estados Unidos (3 años), la primera de Francia, amenazas de invasión de Inglaterra y España, contínuos golpes de Estado, nuevas invasiones estadounidenses para arrebatarnos estados como Sonora, Baja California y Tamaulipas, la Guerra de Reforma (3 años), Dictaduras, fragilidad de las instituciones del país, caos económico.

No debemos de ninguna manera condenar, como nos lo enseñaron en la escuela, al grupo Conservador.

Como ejemplo, podríamos mencionar a Miguel Miramón; este personaje era, para la época del Imperio, General del Ejército Conservador.

Si lo regresásemos en el tiempo 20 años (tenía entonces 15), lo veríamos participando en la Batalla de Chapultepec (1847) contra la invasión estadounidense.

Sí, el fué uno de los Niños Héroes, pero no se le identifica como uno de los ‘famosos’ puesto que el no murió en esa Batalla.

Durante su cautiverio tras la derrota de Maximiliano, el General Escobedo (Liberal), le ofreció escapar a lo que él se reusó.

Cuando Mejía, Maximiliano y Miramón estaban colocados en ese orden ante el pelotón de fusilamiento, Maximiliano cedió su lugar -en el centro- a Miramón.

Pintura de Manet que representa el fusilamiento de Maximiliano, Miramóm y Mejía en Querétaro (Mayo de 1867). La pintura tiene sin embargo un error; Maximiliano, reconociendo la historia militar y el patriotismo de Miramón, le cedió la posición central, quedando el Emperador a la derecha.
Ataúd de Maximiliano en el Castillo de Miramar.

Este exclamó momentos antes de la descarga, que él no era un traidor y que siempre había buscado el beneficio para México.

Maximiliano, por su parte, sentía vivamente la nacionalidad Mexicana; aprendió a hablar perfectamente el Español, comía comida Mexicana y decía que por su sangre ‘corría sangre Mexicana’.

Evidentemente esto no los exime de los errores y excesos que cometieron durante los años que duró el Imperio.

Tras todos estos sucesos y después de viajar más de 5,000 kilómetros por la geografía mexicana, el Presidente Juárez regresaba de Querétaro a Palacio Nacional; en Cuautitlán lo esperaban, para entregarle la Ciudad de México, el General Porfirio Díaz y el Gobernador del Distrito Federal, Juan José Baz.

LA PÉRDIDA DEL TERRITORIO DE LA MESILLA (Sonora y Chihuahua)

Domingo, Junio 22nd, 2008

Tras el desastre que implicó para México la invasión militar estadunidense de 1846 a 1848 por la que el país perdió el 55% de su territorio, los deseos de expansión provenientes del norte continuaron especialmente sobre Baja California, Sonora, Chihuahua y Tamaulipas. La fragilidad política y económica con la que México terminó la guerra con EU, lo hacía presa fácil de mayores descalabros. Así por ejemplo, Raousset Boulbon reclutó colonos en San Francisco e invadió Baja California y Sonora, tomando de hecho Hermosillo y algunas poblaciones de Baja California.

Al año siguiente (1854) Brian Walker guió a otros invasores e, imitando el modelo de Texas, fundó la ‘Republic of Lower California’ e izó su bandera en el puerto de Ensenada. Los pocos Mexicanos que habitaban aquéllas despobladas e inhóspitas regiones enfrentaron casi sin armamento pero con éxito a los nuevos invasores y los pasaron por las armas. En 1853, el Gobernador de Nuevo México William Lane, quiso extender los límites de su entidad sobre territorios de Sonora y Chihuahua; en Marzo de 1853 declaró ese territorio agregado al de los Estados Unidos.

El último despojo territorial a México ocurrió en 1854.
Los Estadounidenses deseaban unir por vía ferroviaria el Golfo de México con la Alta California. Como al sur del Río Gila no había tantas montañas y el clima era más benigno, encontraron sencillo presionar al Gobierno Mexicano a vender el territorio de La Mesilla con la consigna que, de no hacerlo, podrían influir en el Congreso en Washington a ‘tomar otras medidas’. 110,000 km.se perdieron (un poco más que el territorio actual de Jalisco).
El Gobernador Trías de Chihuahua reclamó la invasión y envió tropas para defender la frontera definida por los Tratados de Guadalupe-Hidalgo de 1848.

Al observar esta problemática, el Gobierno de Washington sustituyó a Lane en el Gobierno de Nuevo México e instaló en Santa Fé al General Garland. Este General continuó los deseos expansionistas de Lane y, bajo el pretexto de que los habitantes del Valle de la Mesilla no tenían protección de los Gobiernos de Sonora y Chihuahua, envió tropas a ocuparlo.

Más tarde, envió a la Ciudad de México al Sr.Gadsden; al entrevistarse éste con el otra vez Presidente López de Santa Anna, Gadsden lo amenazó de que, en caso de no aceptar vender el territorio de La Mesilla, promovería en el Congreso estadounidense una tercera invasión para ocupar todos los estados ubicados al norte del Trópico de Cáncer (Baja California, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Durango).

El trato que ofrecía era pagar 10 millones de Dólares para evitar otro conflicto militar. México estaba en bancarrota y no podía hacer frente a otra guerra. Así, sin posibilidades de enfrentar una nueva invasión militar, culminó la última pérdida de territorio nacional.

El Congreso de EU aprobó la compra de esta franja de territorio mexicano por 10 millones de Dólares, de los cuales México solo recibió seis. Para mayor referencia, el territorio de La Mesilla es el que se encuentra entre las actuales ciudades de Phoenix, Arizona y Nogales, Sonora.

Sus 110,000 km2 cuadrados pertenecían a Sonora y Chihuahua. De los 2′400,000 km2 que México perdió con los EU, el 96% fue despojado durante la invasión militar de 1846-1848 y solo el 4% fue, como vimos, vendido ante una nueva amenaza de perder más territorio.

El Presidente a quien tocó el turno de recibir al enviado Estadounidense fue López de Santa Anna; sin intentar librarle a este funesto personaje de nuestra Historia ninguno de sus trascendentes errores, el limitado margen de maniobra militar y económico en el que se encontraba el país y su Gobierno, lo obligaron a aceptar la humillante propuesta de Gadsden. Así, con el transcurrir de los años y el desconocimiento real de los hechos, quedó en parte de la población la idea de que todos los territorios del norte fueron vendidos, siendo que únicamente el 4% cayó en esa situación.

Nuevos intentos de despojarnos de más territorio vendrían años más tarde por parte de Francia y de los propios EU. Para nuestra propia salud como nación, es muy importante diferenciar que no es lo mismo vender a ser despojado. Los Estados Unidos nos robaron todo el norte; con la excepción de La Mesilla, México defendió con las armas su integridad territorial, a diferencia del resto de los otros territorios que Estados Unidos adquirió por medio de la compra como fue el caso de la Luisiana (1803) comprada a Francia y Alaska a Rusia (1867).

Ante la negativa Mexicana de aceptar vender territorio, los Estadounidenses decidieron que la guerra sería la forma en la que se apoderarían de esos vastos territorios, que fue lo que finalmente ocurrió. Otras referencias: http://www.municipiodenogales.org/tratados.htm

BENITO JUÁREZ: VERDADES Y MENTIRAS DEL MITO A 200 AÑOS DE SU NACIMIENTO

Domingo, Junio 22nd, 2008

Benito Pablo Juárez García es uno de los personajes de la historia de México que causan más polémica.

¿ Y por qué causa es tan polémico ? Por la indeseable insistencia de algunos de encontrar en nuestra Historia a semi Dioses, sin comprender que se trata de seres humanos, con defectos y virtudes.

Los Mexicanos contamos con muchos héroes o personajes trascendentes en nuestra Historia, pero para nuestra desgracia, poca difusión se da de ellos. La intervención de Juárez en la vida pública de México se caracterizó por muchas decisiones correctas y otras claramente criticables.

Por ello, llevar a Juárez o a cualquier otro personaje a los altares o al infierno, es un error. El análisis completo de sus defectos y virtudes ayudará a comprender mejor su vida política y a situarlo en el lugar justo que le corresponde en nuestra Historia.

Como una pequeña muestra de tal desconocimiento, podemos señalar que la frase “entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”, no es suya, sino del filósofo Alemán Emmanuel Kant quien la escribió en su libro ‘la paz perpetua’ (1795). Casi un siglo después Juárez la ‘inmortalizó’ el 15 de Julio de 1867 después de que Porfirio Díaz y Juan José Baz le entregaran la Ciudad de México tras el fusilamiento de Maximiliano.

Emmanuel Kant (1724-1804). Filósofo Alemán autor de la famosa frase que todo mundo adjudica a Juárez.

Tal vez ni el propio Juárez sabría que en ese discurso esa frase, perdida entre muchos párrafos, sería tan importante en su recuerdo. Posiblemente la razón del impacto en la opinión pública del país era que la frase era una moraleja para los derrotados (para los Franceses) y sobre todo el reconocimiento de un principio básico de convivencia entre las naciones: la paz.

México había sufrido como pocos países en la Historia, en un lapso muy breve, una serie de calamidades que clamaban su finalización. Juárez, dentro de todo ese entorno de desgracias, fue indudablemente un personaje clave en ese periodo de nuestra Historia, pero no estuvo solo. De algún modo él fue la cabeza de una amplia generación de personajes cuyas ideas transformarían políticamente a México.

Él fue, tal vez por su edad (en promedio 15 años mayor al promedio de los personajes de la Reforma), el líder de todo ese grupo Liberal que durante la invasión Estadounidense a México (1846-48) rondaba los veintitantos años y que vivió en carne propia la urgente necesidad de crear una conciencia nacional, así como consolidar al Estado Mexicano para enfrentar las agresiones extranjeras estableciendo el tipo de gobierno que el país requería para terminar con la anarquía.

Con la derrota del binomio Conservadores-Francia, Juárez establecería el Liberalismo, como la teoría sobre la cual transitaría el México del último tercio del siglo 19.
Como nota final de esta introducción al tema podemos comentar dos cosas curiosas: una, Benito Juárez aprendió a hablar Castellano a los 12 años. Juárez es el más claro ejemplo de que a pesar de todas las adversidades, cuando se quiere, se puede.

El segundo comentario nos señala que la obra de Juárez tuvo un gran reconocimiento fuera de nuestras fronteras, especialmente en Europa en donde personajes como Víctor Hugo lo alabaron e, indirectamente, el padre de un personaje funesto de la historia de la humanidad bautizó a su hijo con el nombre de Juárez en su honor: Benito Mussolini.

Lugar en donde murió el Presidente Juárez (ala norte del Palacio Nacional, 18 de Julio de 1872). En aquélla época el Presidente vivía en el Palacio Nacional. En esta habitación murió en su cama víctima de angina de pecho (afección cardiaca).

Como cualquier persona normal (porque era una persona normal, a pesar de que algunos le encuentren virtudes divinas), Juárez tuvo aciertos y errores. Contó con suerte y la aprovechó al máximo. Pero para que alguien tenga suerte, debe de haber algún fundamento, una base para poder acceder a ella y estar en el lugar apropiado. Juárez logró todo eso, pero para hacerlo tuvo que fijarse una meta desde pequeño, que lo ayudara a salir del círculo vicioso de miseria, aislamiento y abandono graves que tenían las zonas rurales de México en la época de la colonia.

Proclama en apoyo a la continuación de Juárez en la Presidencia.

Si hoy día, 2006, el pueblo de Guelatao (Oaxaca) está semi abandonado, imaginemos cómo estaría hace 200 años.

Es de un mérito inmenso que un indio, que no hablaba Castellano a los 12 años de edad, haya tenido el empeño de dejar atrás la inercia de vida que era ‘normal’ entre los indígenas Mexicanos del siglo 19. Como muchos lo hacen aún hoy día, abandonó su pueblo para irse a la zona urbana más cercana a Guelatao: la Ciudad de Oaxaca. (Si Juárez viviera en ésta época le parecería un juego de niños alcanzar un grado Universitario. Él sí tuvo que enfrentarse a muchas dificultades).

Es de todos conocido que a los 12 años llegó a trabajar como mozo en la casa en donde su hermana Josefa laboraba como sirvienta, la casa de Antonio Maza que, años adelante, sería su suegro.

Ya con esa ‘plataforma’ , buscó la forma de educarse, lo cual no era sencillo, pues la poca educación que existía estaba disponible para unos cuantos, pero pensar en la educación de un indígena puro, era mucho más que un sueño guajiro.

Estudió la Secundaria en la única que existía en la Ciudad de Oaxaca, el Seminario de la Santa Cruz; pudo ingresar gracias al apoyo de un sacerdote que se convirtió en su protector.

Así Juárez, con su gran empeño y la ayuda de personas y sacerdotes, alcanzó poco a poco mayores niveles de educación hasta alcanzar la licenciatura en Derecho.

A los 25 años ya era Regidor del Ayuntamiento de la Ciudad de Oaxaca y a los 27 miembro del Congreso del estado de Oaxaca.

Durante la invasión Estadounidense a México, Juárez terminaba su periodo como Gobernador de Oaxaca. Poco después, al convertirse en Diputado Federal, votó a favor de la iniciativa presentada por Valentín Gómez Farías y Juan José Baz para solicitar a la Iglesia un préstamo forzoso para obtener recursos y poder financiar la defensa del país .

La invasión y despojo territorial ocasionado por la invasión Estadounidense de 2 años sería el evento que aglutinaría a esa generación de jóvenes que 10 años más adelante se enfrentaría a los Conservadores (1858) y que 20 después (1867) derrotaría a los Franceses y Maximiliano y establecería la República y la consolidación del Estado Mexicano.

Dentro de ese grupo, Juárez era claramente de los de mayor edad y no formaba parte del grupo de jóvenes que vivieron la invasión de Estados Unidos.

Esa diferencia de edades le hizo tener cierta ‘ventaja curricular’ con respecto al resto del grupo Liberal por lo que las circunstancias y varios eventos fortuitos lo hicieron llegar a liderearlos.
Cuando alcanzó el liderazgo de la Suprema Corte de Justicia, el Presidente en turno Ignacio Comonfort renunció a su cargo por diversas razones. De acuerdo a la Constitución vigente, en caso de ausencia o renuncia del Presidente de la República, el líder de la Suprema Corte asumiría la Presidencia.

Por una casualidad, Juárez estaba instalado en la Presidencia, pero tenía frente a él al otro grupo, al Conservador, el que nombraría a su vez a su propio Presidente. México tendría 2 Presidentes entre 1858 y 1861.

De esta forma es como Juárez llega a la Presidencia, de la que, después de 14 años ininterrumpidos de ejercerla, solo la muerte se la arrebataría en Julio de 1872.

La muerte fue una de las muchas ‘fortunas’ de Juárez, pues ya se había reelegido y estaba a punto de hacerlo nuevamente cuando la muerte lo sorprendió.

De no ser por esa afección cardiaca, Benito Juárez pudo haberse convertido en un dictador cuyas reelecciones lo hubieran mantenido indefinidamente como años adelante lo haría su rival político, también Oaxaqueño, Porfirio Díaz.

Hay decenas de historias interesantes alrededor de la vida de Juárez, pero sería interminable exponerlas todas.

Algunos de los hechos más sobresalientes de su vida política y personal los detallaremos a continuación. En algunos de ellos Jalisco se vió inmiscuido.

Cuando por azares del destino Juárez llegó a la Presidencia tras la ‘renuncia’ del Presidente Comonfort, estaba a punto de estallar la guerra civil en México, mejor conocida como ‘Guerra de Tres años’ (1858-1861) entre Liberales y Conservadores.

Ambos grupos (Liberales y Conservadores) seguían empeñados en instaurar en México los mismos modelos de país con los que el México independiente nació.

Los Liberales, representaban un modelo de país tipo Francia o Estados Unidos y los Conservadores estaban más proclives a organizar al país de acuerdo al arcaico modelo Español de Monarquía o en el mejor de los casos una República Centralista.

Esta lucha iniciaría en 1821 y terminaría en 1867 con el fusilamiento de Maximiliano; en ese periodo de gran crisis política, fuimos invadidos por Francia 2 veces y por Estados Unidos otras 2 y en ella fuimos despojados de 2.5 millones de Km2 (5 veces Francia, como referencia). Varios golpes de estado completaron el ‘dantesco cuadro’.

Al llegar Juárez a la Presidencia (1858) sucedían dos hechos relevantes:

  1. La Constitución Liberal de 1857 había sido proclamada y, entre otros muchos capítulos importantes, estaba el de la venta de los bienes de la Iglesia (que eran tan escandalosos que el 30% del territorio nacional estaba en sus manos). En un país fanático de la religión, es fácil imaginarse las dificultades a las que se enfrentaron quienes pretendían aplicar estas leyes.
  2. La economía Mexicana estaba -para variar- en una situación crítica. Mantenerse en la Presidencia requería de dos aspectos vitales: dinero y ejército.

Como Juárez no tenía ninguna de las dos cosas, tuvo que abandonar la Ciudad de México y huir a salto de mata hacia Manzanillo.

En camino hacia ese puerto, pasó por Guadalajara en donde se alojó en el Palacio de Gobierno; ahí es donde el 14 de Marzo de 1858 se dió la famosa escena en la que un grupo de Conservadores estuvo a punto de fusilar a Juárez y sus seguidores. Guillermo Prieto cubrió con su cuerpo el del Presidente al grito de “¡¡ los valientes no asesinan !” y convenció al agresor Filomeno Bravo y sus 30 soldados de liberarlos.

Guillermo Prieto, Liberal que salvó la vida del Presidente Juárez durante su breve estancia en Guadalajara
Palacio de Gobierno de Jalisco

De Guadalajara, Juárez prosiguió su camino hacia Manzanillo y pasó por Acatlán (por eso se le llama Acatlán de Juárez). De Manzanillo se embarcó a Veracruz vía Panamá, La Habana y Nueva Orléans. En Veracruz estaban algunos de sus partidarios, pero estaba lo más importante: dinero.

La situación económica de México era tan miserable que los pocos recursos que conseguía el Gobierno provenían en gran parte de los impuestos que cobraba la aduana del Puerto de Veracruz.

Ahí estableció su Gobierno y, al hacerlo, le ‘cerró la llave’ del dinero al Presidente Conservador Félix Zuloaga quien estaba instalado en la Ciudad de México.

México llegaría a la desgracia de tener 2 Presidentes y 2 capitales: la Ciudad de México y Veracruz. Así de lamentable era la desorganización política de México. Hacía 37 años que el país era independiente y aún no podía tomar un camino político-económico definido.

La división del país en dos bandos, como es de imaginarse, volvió a debilitarlo y no es difícil imaginarse quién se aprovecharía nuevamente de tal situación: sí, claro, los Estados Unidos.
Lo que sucedió entonces, ya ha sido tratado en una aportación anterior titulada ‘1858: México en peligro’ http://www.exploramex.com/epocaIndep/Mexpeligro.htm

Este capítulo, en donde el país estuvo a punto de perderse para siempre como nación independiente, es uno de los más graves e imperdonables errores de Juárez.
Definirlo como un ‘gran patriota’ después de este hecho, es francamente una aberración.

Así, la ‘anarquía Mexicana’ continuaría durante 3 años (1858-1861) con 2 Presidentes, el mismo tiempo en que Liberales y Conservadores se enfrentarían militarmente en diversas batallas empobreciendo los pocos ingresos del país e imposibilitando el progreso material de México.

Como se mencionó en el capítulo de ‘1858: México en peligro’, http://www.exploramex.com/epocaIndep/Mexpeligro.htm Juárez pondría en charola de plata a los Estados Unidos su literal absorción de México y por el contrario, el Presidente Conservador Miguel Miramón, se negó siquiera a escuchar las humillantes propuestas del enviado Estadounidense a la Ciudad de México (Miramon había sido 12 años antes uno de los Niños Héroes de Chapultepec durante la invasión Estadounidense).

Washington enviaría a John McLane a ‘visitar’ a ambos Presidentes.

Melchor Ocampo, fue el escudo de Juárez para que su nombre no apareciera en este vergonzoso tratado. Juárez hizo todo por ser reconocido como Presidente, hasta entregar al país.

Dentro de su ‘charola de ofrecimientos’ al mejor postor a cambio del reconocimiento de su Gobierno estaban:

  1. Cesión de la península de California (Baja California).
  2. Cruce a perpetuidad por diversos puntos del territorio Mexicano a tropas de Estados Unidos así como a cualquier mercancía de ese país.

Algunos artículos del vergonzoso tratado que finalmente Juárez firmaría a través de Melchor Ocampo decían:

“Artículo 18. “…cede la República Mexicana a Estados Unidos y sus conciudadanos y bienes, en perpetuidad, el derecho de tránsito por el istmo de Tehuantepec, de uno a otro mar así como la cesión de la península de California (Baja California)”.

Artículo 28. “Convienen ambas repúblicas en proteger todas las rutas existentes hoy o que existieren en lo sucesivo al través de dicho istmo (en Castellano esto quería decir que los Estadounidenses ingresarían a esas rutas cuando ellos sintieran ‘inseguridad’; o sea una presencia militar permanente).

Artículo 58. “Conviene la República Mexicana en que si en algún tiempo se hiciese necesario emplear fuerzas militares para la seguridad y protección de las personas y los bienes que pasen por alguna de las precitadas rutas, empleará la fuerza necesaria al efecto; pero si por cualquier causa dejase de hacerlo, el gobierno de los Estados Unidos, con el consentimiento, o a petición del gobierno de México, o de su ministro en Washington, o de las competentes y legales autoridades locales, civiles o militares, podrá emplear tal fuerza con éste y no con otro objeto…”.

Artículo 68. La República Mexicana concede a los Estados Unidos el simple tránsito de sus tropas, abastos militares y pertrechos de guerra (…) desde la ciudad de Guaymas, en el golfo de California, hasta el rancho de Nogales, o algún otro punto conveniente de la línea fronteriza (…)

Artículo 78. La República Mexicana cede por el presente a los Estados Unidos, a perpetuidad, y a sus ciudadanos y propiedades, el derecho de vía o tránsito al través del territorio de la República de México, desde las ciudades de Camargo y Matamoros, o cualquier punto conveniente del Río Grande (Bravo), en el estado de Tamaulipas, por la vía de Monterrey, hasta el puerto de Mazatlán, a la entrada del Golfo de California, en el estado de Sinaloa.

¿ Podría relacionar cualquier persona el término de ‘patriota’ a Juarez después de leer estos fragmentos ?

La historia oficial y los ‘Juaristas’ defienden el ofrecimiento de Juárez mencionando que ‘Don’ Benito sabía que el Senado de Estados Unidos lo rechazaría (una suposición sobre otra es verdaderamente muy remota y recuerda a los inexistentes poderes de la videncia y la extrasensorialidad).

El Senado de Estados Unidos rechazó efectivamente para fortuna de Juárez y obviamente de México el tratado.

Pero no lo hicieron por condescendencia a su malogrado vecino del sur, sino por dos razones básicas:

  1. En el proyecto de los Estados Unidos, los indios no tenían cabida. No era lo mismo exterminar o enviar a reservaciones a los indígenas que habitaban su territorio a hacerlo a indígenas con culturas físicas (construcciones). La lucha contra los indios en EU continuaba y había sido difícil. Continuar ese esfuerzo hacia el sur les sería titánico y costoso.
  2. Los problemas con los estados Sureños esclavistas continuaban; la posibilidad de fragmentación de los Estados Unidos en dos países estaba más latente que nunca. El Gobierno del norte (Washington) no deseaba que el país se extendiera más al sur, lo cual fortalecería a los estados Esclavistas sureños.

Así, Juárez arriesgó a México con tal de obtener el reconocimiento de Washington a su Presidencia.

La historia oficial toca de ‘puntitas’ este tema en los libros de texto. Así pues, la Guerra de Reforma (o Guerra de Tres años 1858-1861) terminaría inclinando la balanza a favor de los Liberales liderados por Juárez. Esta Guerra enfrentaría a personajes militares de gran importancia; por la parte liberal Ignacio Zaragoza, Porfirio Díaz y Jesús González Ortega. Por los Conservadores, Miguel Miramón, Tomás Mejía y Leonardo Márquez (como referencia, Miramón y Mejía serían fusilados junto con Maximiliano 6 años más tarde). Todos ellos se enfrentarían 2 años más adelante (1862) durante la Batalla de Puebla.

Como todo hecho histórico, esta ‘guerra ideológica’ había iniciado en realidad 70 años antes, desde la misma época de la Revolución Francesa y las nuevas ideas de reforma del Estado (1789). Desde entonces, algunos países Occidentales buscaron la consolidación de los Estados Nacionales a través de instituciones civiles fuertes que hicieran a un lado la fuerte presencia política y económica de la Iglesia. En México, el enfrentamiento entre Liberales y Conservadores se suscitó por la promulgación de las Leyes de Reforma que afectaban intereses, especialmente de la Iglesia.

Resumidamente, las Leyes de Reforma indicaban:

  • Nacionalización de bienes eclesiásticos (el 30% del territorio y la riqueza nacionales estaba en manos de la Iglesia).
  • Matrimonio civil (controlado por la Iglesia).
  • Registro civil (la Iglesia era la única entidad que controlaba nacimientos y defunciones).
  • Secularización de Cementerios (antes no era posible sepultar a alguien si no era en el panteón de la Iglesia).
  • Días festivos (se eliminaban muchas festividades religiosas, eran demasiadas. La improductividad era evidente).
  • Libertad de cultos.
  • Hospitales y beneficencia.
  • Extinción de comunidades religiosas.

A finales de 1860, los Liberales consumaron su triunfo en la Batalla de Calpulalpan (estado de Tlaxcala) y tomaron la Ciudad de México. Con el triunfo Liberal, sin embargo, los problemas para el país continuarían.

Batalla de Calpulalpan (Tlaxcala) en donde el triunfo Liberal dejó abiertas las puertas de la Ciudad de México a Juárez y los Liberales.

La guerra civil había dejado miles de muertos y, para variar, al país en la bancarrota. Juárez regresó a la Ciudad de México; la situación económica era tal que, como ejemplo burdo, quien se encargaba de la limpieza en el Palacio Nacional, trabajaba sin cobrar a cambio de vivir dentro del inmueble. Además de las grandes carencias del país, se tenían que pagar los intereses de la deuda externa; ante la imposibilidad de pagar, Juárez determinó suspender los pagos. No había dinero; el país seguía en caída libre en cuanto a ingresos. Francia, Inglaterra y España, a través de sus representantes en México, se presentaron con Juárez para exigirle cumplir con los pagos.

Las negociaciones con Francia no tuvieron éxito; se abría la puerta para la invasión.

Ante la reiterada negativa, se presentó una flota de cada país en el Puerto de Veracruz.

La historia ya la conocemos; Inglaterra y España admitieron el acuerdo con Juárez pero no así Francia.

Napoléon III, Emperador Francés, aprovecharía esta situación para planear una invasión a México y, entre otras cosas, “detener el incontenible avance de los Estados Unidos, apoyado en la principal potencia Latina del mundo: Francia”.

Aquí se conjuntaron dos situaciones: los Conservadores derrotados que querían tomar venganza de los Liberales y las pretensiones de Napoleón III de instalarse en América.

La Historia oficial es contundente en esta ‘invitación’ de los Conservadores para que Napoleón invadiera México: los tilda de traidores. Pero también lo fue Juárez al casi entregar el país a los Estados Unidos.

El país estaba tan mal planeado desde la misma época Colonial, sin un rumbo claro, que estas eran las consecuencias de su desorganización.

Juárez enfrentaría un año después (1862) el inicio de la segunda invasión Francesa a México.

Este nuevo enfrentamiento entre Liberales y Conservadores (con la intervención Francesa) sería el último entre ambos bandos.

Como todo en la vida, Juárez tuvo muchas desgracias políticas que enfrentar, pero esas desgracias lo mantuvieron como Presidente de la República por 14 años, hasta su muerte en 1872 (iba a ’seguirse de frente’, si no es por la muerte).

Cuando los Franceses toman la Ciudad de Puebla en 1863 (un año después de la Batalla del 5 de Mayo) y por ende avanzan sobre la Ciudad de México, Juárez huye hacia el Norte para poner a salvo la institución Presidencial.

La travesía de Juárez desde el Valle de México hasta Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez) le llevó varios meses en los que estuvo en varias ocasiones a punto de ser atrapado por los Franceses o los Conservadores aliados a estos.

En Zacatecas estuvo a unos metros de ser atrapado, pero alcanzó a huir.

Juárez ya tenía experiencia en huir cuando su Presidencia se veía amenazada.

Para escapar, Juárez no tenía muchas alternativas; el país carecía de caminos que lo comunicaran.

El 99% de los pocos que existían había sido construidos durante la época colonial.

Juárez eligió huir por el ‘Camino Real de Tierra Dentro’ que había sido construido en la época Colonial hacía casi 200 años con el objetivo de comunicar la Ciudad de México con Santa Fé de Nuevo México (una distancia de más de 2,500 Km.).

Paso del Norte, Chihuahua, era el punto más alejado de la Ciudad de México y comunicado por tierra.

Aún cuando México tenía ya casi 50 años de haberse independizado, no había obras públicas de ningún tipo, señal clara de la miseria económica en la que se vivía.

Ya instalado en Paso del Norte y con la institución Presidencial ‘a salvo’, Juárez recibía las noticias del avance de las tropas de Maximiliano por diversos estados del país, especialmente durante los primeros 2 años (1863-1864).

En 1865 Napoleón III ordena regresar gradualmente sus tropas a Francia por la inminente guerra con Prusia (Alemania). El apoyo militar Francés que era vital para mantener vivo el Imperio de Maximiliano comienza a desmoronarse y por ende los Militares Mexicanos al mando de Porfirio Díaz, Jesús González Ortega y Mariano Escobedo comienzan a recuperar poco a poco el territorio nacional.

Napoleón había aprovechado que los Estados Unidos ‘estaban ocupados’ en su Guerra Civil (1861-1865) para adentrarse en América del Norte.

La Historia está llena de circunstancias: en el mismo año (1865) los EU terminan su Guerra Civil y Francia está a punto de entrar en guerra con Alemania.

Algunos Generales Estadounidenses sugieren invadir México para expulsar a los Franceses, pero Lincoln lo desaprueba totalmente.

Había una razón poderosísima: el Norte Estadounidense había derrotado al Sur esclavista.

De invadir México, los Sureños Estadounidenses podrían apoderarse de territorio Mexicano y reiniciar la Guerra Civil.

Ante este panorama, Maximiliano renuncia al trono y pretende embarcarse hacia Europa; cuando íba camino a Veracruz, rectifica y regresa a defender su Imperio.

Acorralado, Maximiliano se refugia en Querétaro junto con los principales jefes Conservadores para ser derrotado finalmente por el General Mariano Escobedo.

Durante semanas, Juárez recibe peticiones de clemencia para Maximiliano y otras amenazantes especialmente de países Europeos, pero el Presidente reitera su frase: “no soy yo quien lo condena, sino las Leyes”.

Maximiliano es fusilado en Mayo de 1867 junto con Miramón y Mejía.

Pintura de Edouard Monet que muestra el fusilamiento de Maximiliano. La pintura es imprecisa, pues el Emperador cedió su lugar en el centro a Miguel Miramón reconociéndole su valor y su trayectoria militar que incluía haber sido uno de los Niños Héroes de Chapultepec y Presidente de la República.

Antes de la llegada a la Ciudad de México, Porfirio Díaz y el Gobernador del DF Juan José Baz le entregan la capital en Cuautitlán.Ni Díaz ni Baz son invitados a subir al carruaje de Juárez para entrar triunfantes a la Ciudad de México.Este detalle golpearía anímicamente a Díaz, a pesar de haber sido él quien llevó a cuestas la resistencia militar durante 5 años de la invasión. Desde el balcón de Palacio Nacional Juárez espeta la famosa frase ‘entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la Paz’, que no es suya, sino del Alemán Emmanuel Kant.

La República había sido restaurada, la guerra entre Liberales y Conservadores que había ‘enfermado’ al país por 56 años terminaba. Era 1867 y parecía que finalmente México se había independizado de su Madre Patria (España) y todas sus ataduras al pasado.

Así lucía lo que hoy conocemos como Paseo de la Reforma 3 años después del fusilamiento de Maximiliano (foto de 1870). El Emperador había ordenado trazar un camino más directo entre el Castillo de Chapultepec y el Zócalo. Se llamó originalmente Paseo de la Emperatriz.
Una foto de la misma avenida 133 años después (2003).

El anhelado progreso, basado en una mejor situación política, estaba por comenzar 57 años después de que Hidalgo diera el grito de Dolores. México había perdido miserablemente 57 años de su vida independiente intentando ponerse de acuerdo en cómo ser gobernado y estaba por iniciar una nueva vida, en medio de la miseria económica y con muchos problemas políticos y militares, pero al menos, ya conocía el rumbo a seguir.

Nota especial sobre el destino del cadáver de Maximiliano (la biografía de Juárez continúa al final de esta nota).

Tras el fusilamiento de Maximiliano vinieron muchos detalles tragicómicos y errores (la tradicional falta de planeación del Mexicano promedio). Al colocar el cadáver de Maximiliano dentro del ataúd no cupo, le quedaban los piés de fuera por lo que hubo que llevarlo al Templo de Capuchinas (Querétaro) sin caja. Corrieron rumores que el Médico que quedó a cargo del embalsamamiento (el Dr.Licea) estaba traficando con partes del cuerpo de Maximiliano y se veía a sirvientes de ‘damas de sociedad’ llegando con pañuelos para que Licea les impregnara sangre del Emperador (’sangre azul’ al fin).

El ataúd con cristales fué accidentalmente roto por un soldado y así fué trasladado a la Ciudad de México en su camino hacia Austria. En el trayecto, el ataúd cayó dos veces del carruaje que lo transportaba cayendo a un arroyo. Al llegar a la Ciudad de México, el cadáver estaba ennegrecido totalmente y descompuesto.

Ya en la Ciudad de México, hubo que embalsamarlo por segunda ocasión. Para vaciarle todo el bálsamo inyectado el cadáver fué colgado.

Hubo decenas de detalles técnico-médicos: uno de ellos fué que los ojos claros se le sustituyeron por unos oscuros de una imagen religiosa.

Juárez quiso conocer el cadáver y acudió al templo de San Andrés de la Ciudad de México con la misma discreción con el que el cadáver llegó a la capital para evitar tumultos o demostraciones pro Imperio. A la media noche llegó el Presidente al templo para visitar el cadáver. Nadie se enteró. Después de verlo por varios minutos Juárez solo dijo: “‘era alto este hombre; pero no tenía buen cuerpo: tenía las piernas muy largas y desproporcionadas”. Y después de otro momento de silencio, agregó: ‘no tenía talento, porque aunque la frente parece espaciosa, es por la calvicie.’ Nadie, ni la prensa se enteró de la visita.

El cadáver fué enviado discretamente en carroza desde la Ciudad de México hasta Veracruz. El templo de San Andrés fué reabierto al culto religioso con lo que algunos adeptos a Maximiliano y el Imperio comenzaron a verlo como un punto de veneración al Emperador. Ante ello, uno de los Liberales más extremistas, el Gobernador del DF Juan José Baz ordenó, en una sola noche, a pico y pala, destruir el templo.

Finalmente, como cosa curiosa, los días 13 acompañaron para mal a Maximiliano: los médicos iniciaron el 2o.embalsamamiento un 13 de Septiembre de 1867. El 13 de Agosto del año anterior Carlota había partido hacia el viejo continente y jamás la volvió a ver. Un 13 de febrero el archiduque marchó optimista hacia Querétaro dispuesto a jugarse la última carta militar de su Imperio. Un 13 de Marzo decidió establecer su cuartel general en La Cruz (Qro.), donde días después caería prisionero. Un 13 de Junio había sido sentenciado a muerte. El 13 de Noviembre de 1867 partía el carruaje que llevaría su cadáver a Veracruz y de ahí a Austria. Todo ocurrió en poco más de un año.

Con la República reestablecida y finalmente el Presidente instalado en la Ciudad de México después de 9 años, Juárez se enfrentó a los mismos problemas que se tenían antes de la Guerra de Reforma y la invasión Francesa:

  1. Una lamentable situación financiera agravada por los años de guerra.
  2. El permanente acecho de personajes civiles y militares sobre la Presidencia (todos se sentían con méritos para ocuparla).
  3. Proseguir con la aplicación de las Leyes de Reforma ante el rechazo de sectores de la población y especialmente del fuerte poder eclesiástico.

Su nuevo periodo Presidencial (de 4 años entonces) iniciaría en 1868 y terminaría en 1872.

Sin embargo, la atracción del poder le llevó a presentarse nuevamente a las elecciones para el periodo 1872-1876.

Ante este escenario, Porfirio Díaz, que había esperado pacientemente a que Juárez terminara su periodo, no soportó más la continuidad de Don Benito en la Presidencia y se rebeló contra él a través de su ‘Plan de La Noria’ en el que desconocía a Juárez como candidato (Nov.1871).

El escrito del Plan terminaba con la frase siguiente (totalmente incongruente para lo que el propio Díaz haría más tarde).

“Que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el ejercicio del poder, y ésta será la última revolución”.

Héroe durante la intervención Francesa, Porfirio Díaz tenía los méritos y la popularidad suficientes para pretender ocupar la Presidencia de la República. Las reelecciones de Juárez se lo impedirían. En su plan de La Noria de 1871 escribió una frase que años después le sería contradictoria: “Que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el ejercicio del poder, y esta será la última Revolución”.

Juárez se reeligió para el periodo 1872-1876 y parecería que nada lo detendría para continuar en el poder eternamente, pero la muerte lo detuvo el 18 de Julio de 1872 en su recámara de Palacio Nacional a los 66 años.

Su muerte fué larga y dolorosa. Su Médico le había diagnosticado desde hacía tiempo angina de pecho (un coágulo en las arterias).

Durante sus últimas horas, el mal se agravó; en aquélla época se pensaba que la aplicación de toallas con agua hirviendo ayudaría a destapar el ‘tapón’ por lo que el Médico lo hizo repetidamente sobre el pecho del Presidente.

Juárez le repitió varias veces al Médico: “Doctor me está usted quemando”.

Finalmente esa noche del 18 de Julio el Presidente Juárez murió.

Margarita su esposa había muerto el año anterior.

Es indudablemente justo reconocer el paso de Juárez por la complicadísima Historia de México del siglo 19.

Su habilidad política y su estricto apego a las Leyes, creó en el país un precedente vital para su vida política futura.

La institución Presidencial logró a partir de entonces una legitimidad que era indispensable para el respeto que se requería para poder gobernar al país.

Las Leyes Civiles estuvieron a partir de entonces por encima de las religiosas.

Pero es también de elemental justicia mencionar que Juárez no estuvo solo; sin el apoyo de una gran generación de Reformistas Liberales, nada habría podido hacer.

Juárez encabezó a una generación de Mexicanos que habían visto a su país ser invadido y despojado dos veces por los Estados Unidos y también por otras potencias, que observaron el desastre político y económico del cual el país no podía salir durante 46 años continuos.

Esta generación encabezada por Juárez, llevó al país a otro status, desde el cual comenzarían a crearse instituciones públicas que consolidarían al Estado Mexicano.

De entre muchos personajes que estuvieron ‘detrás’ de Juárez se encuentran José Joaquín Herrera, Melchor Ocampo, Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano, Guillermo Prieto, José María Iglesias, Juan José Baz, Manuel González Ortega, Miguel y Sebastián Lerdo de Tejada, Francisco Zarco, Santos Degollado, Porfirio Díaz, Mariano Escobedo.

Habría que reconocer también el heroísmo en la defensa de sus ideales del grupo opositor (del Conservador), en especial a Miguel Miramón, quien antepuso siempre el interés del país antes que el suyo propio.

Margarita su esposa había muerto el año anterior.

SU VIDA PERSONAL.

La vida de Juárez estuvo permanentemente mezclada de pobreza, grandes esfuerzos, dolor por la muerte de la mayoría de sus hijos y una vida de intranquilidad entre las persecuciones que sufrió por el ambiente político tan inestable en el país.

La mayor parte de la gente, incorrectamente, lo tacha de ‘desgraciado ateo y malagradecido hacia la Iglesia’ o de casi Santo. Ambas expresiones hablan de un desconocimiento acerca de la vida de este polémico personaje y de la mala enseñanza de la Historia, en donde los ‘Maestros’ ubican siempre a los personajes históricos como ‘los malos’ y ‘los buenos’.

Juárez era Católico y así lo practicó durante su vida, pero era Anticlerical. Tuvo que enfrentar sus ideales de separar la enfermiza y centenaria relación entre la Iglesia y el Estado en medio de un país profundamente religioso, lo cual no fué sencillo.

Formó parte del grupo Masón, que en México tuvo sus primeros adeptos desde nuestro primer Presidente Guadalupe Victoria.

Fué respetuoso -a veces en exceso- de las Leyes. Cuando falleció su hija Guadalupe, la sepultó en las afueras de la Ciudad de Oaxaca en respeto a las incipientes leyes de Reforma que establecían que nacimientos y fallecimientos serían registrados por el Estado y que la Iglesia ya no estaría autorizada a sepultar en los atrios.

De acuerdo con testimonios de sus amistades y familiares a través de su correspondencia, se aprecia a un Juárez cariñoso, a pesar de su timidez y poca expresión física.

Margarita Maza, esposa y compañera de Juárez en tantos momentos difíciles de la vida del Oaxaqueño.

Cuando su esposa escuchaba de la poca gracia física de su marido decía: “es feo pero es muy bueno”.

De sus hijos, Manuela, Felícitas, Margarita, Soledad, Benito, Guadalupe, Amada, María de Jesús, Josefa, José, Antonio y Gerónima Francisca, solo le sobrevivieron 4.

Cuando Juárez se fué exiliado por 3 años a Nueva Orléans, Margarita y sus hijos huyeron por la sierra de Oaxaca y se mantuvieron con un pequeño comercio en Etla, Oaxaca.

Al huir Juárez hacia Chihuahua por la llegada de Maximiliano y el Ejército Francés, el matrimonio Juárez-Maza se separa en Monterrey. Margarita se exilia en Nueva Orléans en donde muere su hijo José (de 7 años) y en Nueva York fallece Antonio (de 2 años).

A pesar de las constantes separaciones de Margarita y Juárez por sus décadas en la actividad política, su matrimonio se mantuvo estable.

Mobiliario que uso Juárez a su muerte el 18 de Julio de 1872 en Palacio Nacional, Ciudad de México

Margarita murió a los 44 años (1871) y él le sobrevive 18 meses (1872); el Panteón de San Fernando en donde están enterrados ambos había sido cerrado por estar lleno desde 1869. Como una deferencia hacia el Presidente Juárez, le fué permitido enterrar a Margarita.La muerte fué una gran aliada de Juárez; de no haber llegado ésta en 1872, sus periodos Presidenciales podrían no haber tenido fin y otro concepto del personaje habría sido recogido por la Historia. Juárez y su generación fueron personajes necesarios, indispensables en nuestra Historia; alguien tenía que cerrar el capítulo de 3 siglos de conceptos obsoletos que aprendimos de España y que se extendió por 50 años más después de la Independencia.México entró a la modernidad conceptual como Estado, aunque en medio de una pobreza alarmante. Sin embargo, para iniciar cualquier obra es vital tener los cimientos apropiados. La obligada separación de la Iglesia y el Estado tendría, 60 años más tarde, un nuevo enfrentamiento durante la Guerra Cristera.
Juárez, con sus errores y aciertos, había dejado a un México un poco menos atrasado del que encontró. Hay mucho, muchísimo más que escribir sobre Juárez, pero sería interminable describir tantas aristas en la complicada vida de este personaje del México del siglo 19.

Objetos personales de Benito Juárez.

UNA HISTORIA CHUSCA: Don NICOLÁS ZÚÑIGA Y MIRANDA, PRESIDENTE ‘LEGÍTIMO’ DE MÉXICO.

Domingo, Junio 22nd, 2008

El General Porfirio Díaz ocupó la Presidencia durante 27 años, de 1884 a 1911. Se reeligió en el cargo en 6 ocasiones. Durante este periodo neutralizó las ambiciones de quienes deseaban disputarle la Presidencia ya fuese en las elecciones o por medio de golpes de estado. Pero en realidad ningún personaje le hacía sombra al General Díaz quien, con su amplio historial militar durante las invasiones de Estados Unidos y Francia y su amplia experiencia política, no tenía contrincante alguno.

Tenía que aparecer un personaje como Don Nicolás Zúñiga y Miranda, quien era un hombre sencillo y bueno, para representar a la oposición en los comicios Presidenciales. Su pequeña y frágil figura contrastaba con el historial y la fortaleza de Don Porfirio quien, era de todos sabido, se presentaba a las elecciones como invencible.

Así que, el General Díaz, más que verlo como un contricante real, incluso alentó la participación de Don Nicolás en la lucha electoral por la Presidencia cada 4 años. Esta farsa le ayudaba a Díaz para mostrar a México como una ‘República democrática’. La pobre apariencia de su contrincante le permitía al Presidente Díaz ser magnánimo en sus triunfos electorales, alentando a este popular personaje a mantener una actitud ‘retadora’ frente a la Presidencia de la República.

Tras un par de elecciones la participación de Don Nicolás era ya motivo de bromas e incluso la gente en la calle lo saludaba como ‘el Presidente legítimo de México’. En algunos arrebatos de locura, Don Nicolás se llegó a ostentar como el ganador de las elecciones.

Durante varios años algunas invitaciones a eventos sociales señalaban que se contaría “con la presencia del Señor Presidente”, por lo que se le veía llegar al evento a este personaje vestido elegantemente con su sombrero de copa junto con todo el protocolo de recepción al ‘Presidente de la República’.

Su fama creció por todo el país, pero especialmente en la Ciudad de México, en donde sus extravagancias lo convirtieron en una de las personalidades más queridas. En un par de ocasiones Don Nicolás denunció un plan para asesinarlo.

El famoso mural de Diego Rivera ‘un Domingo en la Alameda’ muestra a varios personajes importantes de la Historia de México; Rivera no olvidó incluir ahí a Don Nicolás. La época de oro del Cine Mexicano recogió parcialmente la idea de este personaje con las caracterizaciones del gran actor Joaquín Pardavé en varias películas en donde personifica a ‘Don Susanito Somellera y Peñafiel’, un personaje que levantaba simpatías, ternura y a la vez pena ajena.

Don Nicolás Zúñiga y Miranda vivió sus últimos años de la caridad pública. Murió pobre y abandonado en un barrio miserable de la Ciudad de México.

LA BATALLA DE RANCHO DOMÍNGUEZ (Los Ángeles, Alta California, México, 1846).

Domingo, Junio 22nd, 2008

Con la intención de apoderarse de los vastos territorios del norte de México, el Presidente Estadounidense James Polk declaró la guerra a México a principio de 1846 e inició la invasión a México por el noreste.

Las noticias, como es de suponerse, tardaban semanas en llegar a algunos rincones del inmenso y deshabitado territorio norte de México. Para los Californianos (Mexicanos todos) la noticia llegó a través de los propios invasores Estadounidenses quienes habían empezado a apoderarse de los puertos Mexicanos del Pacífico norte como San Francisco, MonteRey (California), Ensenada, San Diego y Los Ángeles. Para el caso de la toma del ‘Pueblo de Nuestra Señora la Reina de Los Ángeles del Río Porciúncula’, mejor conocido como Los Ángeles, sus propios habitantes se encargaron de su defensa.

La escasez económica y de población hacía imposible pensar en que las autoridades AltaCalifornianas pudieran ofrecer una resistencia militar frente a los bien parapetados invasores. El Gobernador de Alta California, cuya capital era MonteRey, había decidido, ante la invasión cambiar la capital a Los Ángeles. Durante esos precisos días, el Capitán William Mervine tomó la población con facilidad (finales de Septiembre de 1846). Los Californianos se reunieron ante la toma de su pueblo y decidieron expulsar a los invasores.

Rancho Domínguez. Con la idea de promover el poblamiento de la Alta California, el Gobierno Virreinal otorgó 37,500 hectáreas al soldado Juan José Domínguez. Su nieto Manuel construyó en 1826 esta casa que se mantiene en pié hasta la fecha. En ella se planeó la toma de Los Ángeles por parte de los Mexicanos.

Pero como carecían de tropa y armamento, se las ingeniaron para dar la batalla a los Estadounidenses. Así, lidereados por José Antonio Carrillo, desde lo que hoy son las colinas de Carson City, los Mexicanos soltaron decenas de caballos levantando una gran cantidad de polvo mientras hacían disparos de cañón con los 2 únicos que tenían disponibles.

José Antonio Carrillo lidereó a los Mexicanos para recuperar la plaza de Los Ángeles.

La tropa Estadounidense, pensando que se estarían enfrentando a un gran ejército, se rindieron y entregaron la plaza a los Californianos. Los invasores derrotados informaron de la situación al Capitán Fremont -que ya había tomado el control sobre San Francisco y MonteRey- y este decidió ir en su auxilio. Semanas más adelante Fremont tomaría finalmente el Pueblo de Los Ángeles y casi 2 años después, después de decenas de batallas en el centro, norte y oriente de México y la toma final de la Ciudad de México por las tropas Estadounidenses, la Alta California junto con Nuevo México y Texas pasarían a formar parte de los Estados Unidos (ese territorio fue dividido por los Estadounidenses creando además Nevada, Utah, Colorado y Arizona).

(La nieta de Juan José Domínguez, dueño del rancho de 37,500 hectáreas -María Victoria- casó con George Carson en 1860 y a partir de entonces el rancho se llamó Carson dando origen más adelante a Carson City, California).

Placa conmemorativa que recuerda los hechos ocurridos en el Rancho Domínguez durante la invasión Estadounidense a la Alta California, México.

Es evidente que jamás habrá un monumento en Los Ángeles a estos esforzados Mexicanos que defendieron su nacionalidad y su tierra, pero también pueden crearse monumentos en la mente colectiva de las personas, en este caso de nosotros los Mexicanos. Sin embargo, para desgracia de ellos, este ‘monumento mental’ tampoco existe. Hay tantas cosas de nuestra Historia que desconocemos que harían que la visión de nosotros mismos fuera diferente.

LA BANDERA DE MÉXICO

Domingo, Junio 22nd, 2008

Dentro del montón de mitos y tonterías que los ‘maestros’ de Historia enseñan en las escuelas, se encuentra el significado de los colores de nuestra bandera. Su desconocimiento de la realidad ha hecho que sus ‘conocimientos’ basados en la ignorancia y la tradición hablada hayan pasado de generación en generación, convirtiéndose en ‘verdades’ al igual que muchos de los hechos de nuestra Historia.

Es poco entendible cómo los reales conocedores y genios de la Historia de México (como hay muchos por fortuna) no influyen en las entidades educativas para erradicarlos. Usualmente se recurre a la cursilería para identificarlos: “el verde es la esperanza, el blanco la pureza y el rojo la sangre de los héroes”. ¡¡ Vaya cursilería !!!

La realidad es muy distinta y nada tiene que ver con tales ridiculeces. Las tres estrellas y los tres colores significan ‘unión, independencia y religión’; así la definió Iturbide. La primera bandera con la que contó México como nación independiente fué la de las tres garantías: unión, independencia y religión. Cada uno de estos conceptos estaba representado en cada uno de los colores de esta bandera.

Primera bandera del México independiente en donde se lee ‘religión, independencia y unión’, las 3 garantías proclamadas por el Plan de Iguala propuesto por Iturbide.
Derecha: Agustín de Iturbide. Su decisión de cambiarse al bando Insurgente ayudaron a terminar la guerra de Independencia y a consumarla. Iturbide definió los primeros pasos del México independiente así como su propia bandera.

La bandera nace a partir del plan de Iguala (aprobado finalmente por Vicente Guerrero), que fué ideado por Agustín de Iturbide. Once años duró la guerra de Independencia (1810-1821); de ellos, Iturbide participó en el bando Español durante casi 10 años. En ese tiempo él siempre supo que sería sencillo lograr la independencia de México, por lo cual él mismo lidereó el plan que terminó con los 11 años de guerra, negociando a espaldas del Virrey la paz con Guerrero. Varios cambios a través de los años ha tenido la bandera Mexicana, sin embargo los colores originales fueron ideados a partir del plan de Iguala de Agustín de Iturbide.

Nota: las banderas Mexicana e Italiana comparten los mismos colores, sin embargo la Mexicana fué creada primero y por ello se acordó que para evitar confusiones solo la Mexicana conservara su escudo (Italia como país nació en 1923).

PRIMERAS INTERVENCIONES ESTADOUNIDENSES EN MÉXICO. JOEL R.POINSETT, PRIMER EMBAJADOR.

Domingo, Junio 22nd, 2008

México había apenas cumplido 1 año de vida independiente (1822) cuando una sombra amenazante llegaba desde el norte; se trataba de un enviado del gobierno estadounidense cuyos objetivos eran muchos.

Dos de los más importantes eran desestabilizar al gobierno recientemente instituido en México y el otro allanar el camino para hacer crecer el territorio de EU a costa del de México. Durante el primer año de gobierno independiente de México, Agustín de Iturbide había tomado las riendas del poder y, meses más tarde ante la imposibilidad de gobernar junto con el Congreso resolvió disolverlo para gobernar a placer.

Hay que recordar que España no dejó en América ninguna lección democrática, por lo cual el compartir el poder no formaba parte de la cultura de los Mexicanos. México tenía la disyuntiva de elegir entre continuar con el arcaico e ineficiente modelo español (conservador) o adoptar el modelo franco-estadounidense (liberal).

En esta tesitura se encontraba el país a la llegada de Poinsett. Los Estados Unidos aún no había reconocido a México como nación independiente por lo cual tenían herramientas para presionar a Iturbide a plegarse a sus exigencias; así, continuarían con su juego entre reconocer a España como dueña de México o a éste último como nación independiente (EU envió su primer embajador a la Ciudad de México 4 años después de haberse independizado).

Durante la visita que Poinsett hizo al emperador Iturbide, los EU continuaron con sus esfuerzos por adquirir los territorios del norte de México que habían tratado de negociar durante décadas con España. La propuesta de Poinsett era adquirir las provincias de Texas, parte del Nuevo reino de León, Coahuila, Sonora, la Alta y la Baja California, así como Nuevo México (más de 3 millones de Km2). En aquella época los territorios de México y de los EU tenían una extensión similar.

La respuesta fue la misma que en las 4 décadas anteriores: NO.

Hacía solo 4 años (1819) EU había negociado con el famélico gobierno de Madrid la cesión de la Nueva España a los EU del territorio de Oregón (que comprende los actuales estados de Idaho, Washington y Oregón y parte de la provincia de Columbia Británica). Durante los años de estancia de Poinsett en México, éste dedicó buena parte de su tiempo a viajar por diferentes regiones del país para conocer sus caminos, poblaciones, accidentes geográficos y otros datos que a la postre les sirvieran a sus connacionales para la invasión que ocurriría 20 años después. Como guía para esos recorridos utilizó el ‘Ensayo político del Reino de la Nueva España’ del alemán Alexander von Humboldt de 1804. Iniciando pues sus actividades desestabilizadoras, Poinsett motivó a Santa Anna a levantarse en armas contra el Gobierno de Iturbide.

Tras la caída de éste, Poinsett presentó finalmente sus credenciales como Embajador al nuevo Presidente Guadalupe Victoria a quién propuso de nueva cuenta revisar los límites entre las 2 naciones. El Presidente Victoria se negó a escuchar la mínima mención de esta asunto. Viendo lo fallido de su intento y siguiendo instrucciones de su Gobierno, fundó la logia Masónica de los Yorkinos para contrarrestar las logias ‘escocesas’ que ya existían y que tenían vínculos con España.

La inquietud social que creó la institucionalización del modelo de gobierno Estadunidense contra el Español caló en la población creándose conflictos militares. Ante el desorden político creado por Poinsettt, hubo algunos grupos que incluso pensaron en que España podría reconquistar a México. Poinsett promovió entonces el odio entre Mexicanos y Españoles a tal grado, que el Presidente Victoria ante la creciente idea de la reconquista de México por España entre los españoles que vivían en México, optó por expulsarlos del país (1827). Lo más grave del caso fué que al irse los españoles de México, se llevaron sus capitales, empobreciendo al ya de por sí crítico estado de la economía nacional.

Al llegar el final de cuatrienio del Presidente Victoria (1824-28) las elecciones presentaban a 3 candidatos: Manuel Gómez Pedraza por el partido del Presidente, Vicente Guerrero por los Yorkinos y Anastasio Bustamante por los masones escoceses. El triunfo correspondió a Gómez Pedraza, sin embargo el partido de Poinsett (el Yorkino) no quedando satisfecho con el resultado promovió una rebelión que inició en Oaxaca y terminó tomando el Zócalo de la Ciudad de México, con lo cual el Presidente Victoria se vió obligado a transigir. Vicente Guerrero ocupó entonces la Presidencia de la República para el periodo 1829-1832 (fiel reflejo de la herencia educativa Española, Guerrero no sabía leer). Cinco meses esperó Poinsett para presentar nuevamente, pero ahora a Guerrero, las pretensiones de su Gobierno, solo que ahora, viendo los resultados negativos de los 40 años anteriores quiso ’simplificar’ su propuesta: adquirir solamente la pequeña provincia de Texas.

Como siempre, la respuesta fue NO.

Entre otras dificultades que debió enfrentar el Presidente Guerrero estuvo el intento de reconquista que el General español Barradas inició atacando el puerto de Tampico; el VicePresidente Bustamante terminó fácilmente con la invasión española y, ya triunfante, retó al Presidente Guerrero quien, sin la suficiente tropa que le ayudase a resistir en Palacio Nacional decidió abandonar la Ciudad de México huyendo a sus conocidas montañas del sur (del hoy estado de Guerrero). El candidato que Poinsett apoyaba había sido entonces destituido. Así, asumió la Presidencia Bustamante quien, conocedor de todas las desgracias que Poinsett había ocasionado en México desde el primer día de su llegada al país, ordenó al segundo día de su Presidencia su expulsión.

En otra de tantas intromisiones de Poinsett, éste saboteó hasta donde pudo el desarrollo del Congreso Hispanoamericano que Simón Bolívar organizó en la Ciudad de Panamá, Colombia (1826) e intentó organizar una invasión Mexicana a Cuba (aún entonces posesión española)

La semilla de la discordia que Poinsett sembró entre los Mexicanos durante los 8 años que permaneció en México fué lo suficientemente efectiva para continuar desestabilizando al país; sus acciones ayudaron a complicar su vida política y a empobrecerlo. Así, con el camino allanado, pasarían solo 6 años para que los Texano-estadunidenses declararan su independencia y 11 más para que los EU invadieran por 2 años a México hasta despojarlo de su territorio ya que, como se ha visto Españoles y Mexicanos nunca accedieron a sus pretensiones territoriales.

El despertar de México como nación independiente fue en extremo difícil: once años de guerra más el maleficio de la herencia política y racial de España eran dos losas demasiado pesadas para la joven nación. El ‘ingrediente Estadounidense’ vendría a complicar y desestabilizar aún más sus primeros años de vida independiente; a los vecinos del norte les convenía muchísimo tener a un vecino confundido y pobre para así, obtener grandes beneficios.

Como dato curioso, al regresar Poinsett a Washington, éste se llevó flores de Noche Buena las cuales no eran conocidas en EU por lo que allá se les empezó a llamar, como hasta ahora, ‘Poinsettias’.

EL PESO DE LA IGLESIA CATÓLICA EN MÉXICO.

Domingo, Junio 22nd, 2008

LA MUERTE DE DELFINA ORTEGA, PRIMERA ESPOSA DE PORFIRIO DÍAZ.

La Iglesia Católica imprimió durante 300 años su influencia en la vida y la conciencia de todos los habitantes de la Nueva España, desde la Alta California hasta Yucatán. Su pésima intervención en la vida política del país desde la época Colonial incluso ocasionaron la pérdida de los territorios del norte del México independiente que representaban el 55% de su superficie.

Sin Rey de España como principal autoridad en América al lograr nuestra independencia y la debilidad de los Presidentes de México por su frágil sistema político, la Iglesia influenció todos los ámbitos de la vida del México independiente, asfixiando completamente al Estado Mexicano.
Con el ‘monopolio de la salvación’ en sus manos, Obispos y Sacerdotes manejaron a placer las conciencias del pueblo y Gobierno Mexicanos.

Así, entre centenas de intervenciones lamentables de la Iglesia Católica en la vida de México, están la del apoyo que los invasores Estadounidenses lograron en el Alto Clero durante la invasión que nos despojó del 55% de nuestro territorio (1846-48) o el ‘entusiasta’ apoyo que la Iglesia dio a la invitación a Maximiliano para gobernar a México apoyado en la invasión Francesa de 1862-67.

De entre muchas penosas mentalidades heredadas de la Iglesia está aquella que indica que el pobre es bueno y el rico no lo es, a pesar de haber obtenido su riqueza a través de su trabajo.
En Julio de 2006 esta idea volvió a ser tema de polémica en las elecciones Presidenciales (la Historia actual tiene siempre raíces en nuestro pasado, de ahí la importancia del conocimiento de nuestra Historia).

Solo una generación valiente como la de la Reforma pudo derrotar al monstruo que controlaba no solo la vida económica y política del país, sino en especial la de las conciencias de todos los ciudadanos.
Su obra fue valiente y titánica.

¿ Por qué ? Especialmente por el nivel de religiosidad (rayando en el fanatismo) de prácticamente toda la población.

Era sencillo adivinar el resultado de una lucha entre el incipiente Estado Mexicano y la Iglesia Católica con todos sus adeptos; un temeroso y débil Estado luchando contra la ‘industria de la salvación y ‘representante’ de la Divinidad’ era una empresa en verdad complicadísima.
Un ejemplo claro de cómo la Iglesia Católica controló las mentes de los Mexicanos es la historia alrededor de la muerte de la primera esposa de Porfirio Díaz, Delfina Ortega.

Porfirio y Delfina se habían casado por poder (esto es, Porfirio Díaz no estaba presente en la celebración de la boda civil realizada en la Ciudad de Oaxaca en Abril de 1867 por estar atacando a los Franceses en la Ciudad de Puebla, recuperando la plaza el 2 de Abril de ese año).
Maximiliano caería días después en Querétaro y semanas más tarde sería fusilado en esa ciudad.

Delfina era sobrina de Porfirio, por lo cual la Iglesia le negó a Porfirio contraer matrimonio religioso con ella.
Así, bajo las ‘reglas’ de la Iglesia, Porfirio Díaz vivía ‘en pecado’ con su esposa.
Según el Arzobispo Labastida era ésta “una omisión imperdonable que el día del Juicio Final podría tener consecuencias terribles para ambos, en particular para Delfina, quien al estar ya muy próxima a la muerte, a pesar de contar con tan sólo 32 años de edad, bien podría ser condenada, por ese hecho, a pasar la eternidad en el infierno” (palabras del propio Arzobispo Labastida).

Con la grave enfermedad de Delfina (peritonitis generalizada), el Presidente Porfirio Díaz llamó a un sacerdote para que le aplicase los santos óleos, pues su muerte era inminente, de horas.
Enterado el Arzobispo de la situación, se presentó en Palacio Nacional para entrevistarse personalmente con el Presidente de la República.
Era el 7 de Abril de 1880.
El alto prelado le comunicó a la afligida mujer que no podría absolverla porque no estaba casada con Díaz de acuerdo a las leyes de Dios.

A continuación, una parte de la conversación entre el Arzobispo y Delfina:

“—Pero padre —repuso la mujer balbuceante—, convenza usted, por lo que más quiera, a Porfirio para que se case conmigo. Se lo suplico. Él no puede permitir que me vaya al infierno. He sido su compañera. Le he dado hijos.
Lo he hecho feliz. Le he cumplido todos sus caprichos. Me le he entregado sin condiciones, padre, que se apiade de mí en estos momentos en que me estoy muriendo… ¡ Apiádense de mí !

Vaya usted a donde él, apersónese y dígale que si nunca le pedí nada, ahora sí lo hago: sólo él puede salvarme, él y sólo él, padre… Sé que esta es la última noche de mi vida… Jamás volveré a ver la luz del día… ¡ Que se case conmigo,
que se case ahora, antes de que sea demasiado tarde, padre, padre, por favor, padre…! Sería inútil hacerlo con una muerta… No amaneceré viva, lo sé, lo sé, lo sé… —repitió la mujer sin fuerza siquiera para llorar, mientras negaba con la cabeza recostada sobre la almohada empapada de sudor.”

—¿Cómo voy a casarte con Porfirio, hija mía, si se trata de tu tío?
Porfirio es tu tío y en primer grado, ¡por Dios…! ¿Qué es esto…?

—Padre mío, me voy. Apiádese de mí, por lo que más quiera…

—Pero si es un impedimento insalvable. ¿Cómo voy a casarte con tu tío sanguíneo…? Si por lo menos fuera un pariente político.

—Padre, por favor, por favor…

El arzobispo buscó en el salón contiguo de Palacio Nacional al Presidente de la República para plantearle el problema. Don Porfirio estaba ante su escritorio, sentado en un sillón forrado con terciopelo verde que ostentaba en su ángulo superior izquierdo, bordado con hilo de oro, un águila devorando una serpiente. Al ver entrar al arzobispo sepuso de pie.

-¿ Alguna novedad, padre ? La peritonitis ha envenenado todo el cuerpo de Delfina.

Morirá en cualquier momento.

-Debemos dejarla que parta en paz, Porfirio, y pedir que su espíritu caiga en las manos de Dios y no en las de Lucifer.

-¿ Qué quiere usted decir con que Delfina caiga en las manos del Diablo?

Ella ha sido siempre una católica ejemplar. Nuncaha faltado a la misa ni a ninguna celebración religiosa.

-Ese no es el problema.

-¿ Entonces cuál ? ¿ Por qué podría irse al infierno ?

-Porque morirá en pecado mortal -sentenció Labastida.

-¿ En pecado mortal ella ? -cuestionó Díaz sorprendido-. Pero si es una santa, hasta deberían ustedes beatificarla…

Omitiendo cualquier comentario en torno a esta última afirmación, el arzobispo continuó inconmovible. De sobra conocía su objetivo.

-Está en pecado, Porfirio, primero porque es tu sobrina sanguínea, segundo, porque vivió contigo como tu concubina, tercero porque tuvieron 5 hijos, y cuarto, jamás obtuvieron la bendición de Dios para formar una familia. De modo que cargarás esa losa de por vida. Tuya y sólo tuya será la culpa…

-¿ Casarme con ella ayudará ? -cuestionó Díaz sintiéndose arrinconado.

-Sería definitivo, Porfirio, es la única manera de salvarla -agregó Labastida sintiendo a su presa en un puño.

-Cásenos, padre, cásenos de inmediato. Absuélvala. Concédale la extremaunción. Garantíceme que se irá al cielo -exclamó el presidente con una visible angustia reflejada en sus ojos.

-Sólo Dios puede dar esas garantías, Porfirio. Yo, por mi parte, haré todo lo posible por complacer tus deseos.

Sin pérdida de tiempo, la máxima autoridad política del país, acompañado por el máximo líder religioso de México, se presentaron ante Delfina, quien agonizaba. Los ojos hundidos delataban la gravedad de la infección. Su respiración era acompasada. El sudor empapaba su frente y el color macilento de su tez confirmaba la gravedad de la enfermedad.

El ambiente era de muerte.

-¡ Cásenos padre, cásenos ! -demandó el dictador.

Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos se empezaba a colocar la estola y la Mitra para iniciar el proceso de absolución, ya sin confesión por falta de tiempo, cuando volteó ver a Díaz para dispararle a quemarropa, con el rostro
impertérrito:

-Perdóname, pero no los puedo casar. Es tu sobrina, Porfirio…

-Olvídelo, padre…

-Yo puedo olvidarlo, pero Dios lo sabe todo.

-Usted logrará la indulgencia Padre.
-Esa podría lograrla si ambos nos comprometemos a rezar y a pedir perdón, pero hay otro impedimento mucho, mucho más grave aún.

-¿ Cuál ? Dígamelo por favor -explotó el jefe del Poder Ejecutivo, quien supuestamente ya había accedido a todas las pretensiones del prelado-. ¿ Cuál es el impedimento ?

-Cuando juraste someterte y defender la Constitución de 1857, por ese solo hecho la Iglesia Católica te excomulgó a ti y a quienes hubieran hecho un juramento similar por haber atacado frontalmente el patrimonio y los privilegios divinos. Por lo tanto, Porfirio, estás excomulgado desde ese año y, como tú entenderás, puedo pasar por alto, con la benevolencia del Señor, el impedimento sanguíneo, pero, eso sí, no puedo casar, de ninguna manera, a un excomulgado. ¡Me condenaría yo mismo !

-Pero, padre -insistió Díaz pensando tal vez apalancarse en sus enormes poderes políticos y militares, que estaban siendo ignorados.

-Lo siento, Porfirio, lo siento -se resignó Labastida con el rostro contrito-. Veo con profundo dolor que Delfina se irá irremediablemente al infierno, de donde no podrá salir en toda la eternidad.

-No, padre, no puedo consentirlo, me moriría de la angustia. Soy católico, creo en Dios, creo en el Espíritu Santo, creo en la Divina Trinidad, creo en las vírgenes, en los santos, en los apóstoles y en los beatos… No me haga esto, padre.

-No te lo hago yo, Porfirio: son las leyes inflexibles de Dios Nuestro Señor, que todo lo sabe y todo lo oye. De modo que si quieres impedir que esta santa mujer se vaya al infierno para que Lucifer le saque todos los días los ojos, tienes que abjurar de la Constitución de 1857 y retirar ante mí ese juramento que en nada te beneficiará tampoco a ti, en lo personal, cuando vayas a rendirle, espero que dentro de muchos años, cuentas al Gran Crucificado -el arzobispo se persignó elevando piadosamente la mirada hacia el techo.

-Porfirio, Porfirio, Porfirio -mascullaba la desgraciada mujer…

El rostro de Díaz se congestionó. Estaba desencajado. ¿ Qué diría el ejército que él había encabezado para terminar de aplastar al imperio de Maximiliano ? ¿ Y su trayectoria como distinguido Liberal ? Los ojos inyectados parecían salirse de sus órbitas. Bien sabía que estaba en un callejón sin salida y que, en su carácter de militar, estaba perdiendo una batalla.

-Abjuro, padre. Abjuro. Reniego de mi compromiso con la Constitución. Me desdigo de mi juramento, pero salve usted a Delfina -concedió desesperado, a sabiendas de que arrojaba una vez más su prestigio político por la borda.
Díaz se rendía.

El arzobispo no acusó recibo de su triunfo. Permaneció de pie, inmutable.
Aceptaba la concesión del Presidente de la República, sí, pero no procedía a administrar la extremaunción. De pronto, sin mostrar la menor perturbación, teniendo a Díaz simbólicamente de rodillas, lo abofeteó con estas palabras apartadas de cualquier actitud piadosa. La iglesia católica volvía a ser
insaciable:

-Perdón, Porfirio, pero tu sola palabra no basta… ¡ Perdóname ! Ningún miembro de la alta jerarquía eclesiástica va a atreverse a dudar de mi dicho, conoce de sobra mi sentido del honor, pero debo cubrirme la espalda de cara a la historia y dejar ampliamente satisfechos a mis colegas: debo llevarles tu renuncia al juramento por escrito. ¡Perdóname!

Y Díaz, el mismo que en 1867 colocó a Maximiliano ante el paredón en el Cerro de las Campanas de Querétaro. Él, el gran liberal, ¿ resultaría un farsante ? ¿ Toda su carrera había resultado una vulgar comedia ? ¿ Había jurado defender la Constitución con todas las solemnidades para después renunciar en privado a todo compromiso adquirido con su pueblo ? ¿ Y si se llegaba divulgar su abjuración ? Ahí tenemos a uno de los restauradores de la República, arrodillado ante un cura con tal de impedir que su mujer cayera en los brazos de Lucifer. ¿ Y la dignidad ? ¿Y el sentido del honor ?
Porfirio Díaz volteó a ver al rostro del arzobispo. Éste no proyectaba la menor crispación. El control de cada uno de los músculos de su cara era total. Su mirada no despedía la menor emoción. ¡ Con qué gusto lo hubiera puesto enfrente de un pelotón de fusilamiento ! Odiaba esa vocecita hipócrita con la que le solicitaba lo insospechable Delfina todavía respiraba. No había tiempo que perder. Una pluma y un papel. Redactó sentado en el escritorio presidencial: “El suscrito Porfirio Díaz, declaro que la religión católica, apostólica y romana fue la de mis padres y es la mía en que he de morir. Que cuando he protestado guardar y hacer guardar la Constitución Política de la República, lo he hecho en la creencia de que no contrariaba los dogmas fundamentales de mi religión y que nunca hubo voluntad de herirla…” Díaz declaró asimismo que no poseía ningún bien expropiado a la iglesia y, según le pidió el arzobispo que asentara, sí era cierto que había pertenecido a la masonería pero que se había alejado de ella… ¿ Por qué renunciar a las creencias de toda una vida ?

Terminada la carta, regresó violentamente a la habitación donde agonizaba su mujer para entregársela en mano al arzobispo. Le disparó una mirada de respeto, sumisión y odio. No resultaba sencillo descifrarla. Éste, después de leerla y constatando que la Delfina fallecía, ya no hizo ningún reparo, sólo le ordenó al Presidente de la República que pusiera la fecha y la firmara, a lo cual accedió Porfirio Díaz de inmediato: era antes de la medianoche. La señora Delfina Ortega de Díaz fallecería unas cuantas horas después, a las 5 de la mañana, según reza la inscripción de su tumba en el cementerio del Tepeyac.

-Este secreto de Estado estuvo perfectamente guardado en la Mitra metropolitana, lejos del alcance de los historiadores.

Si esto pudo la Iglesia hacerle al propio Presidente de la República, uno de los más exitosos militares del país, ¿ qué no podría haber hecho por siglos
con el resto de los NovoHispanos y Mexicanos ?

La generación de Juárez y la Reforma tuvieron la osadía de enfrentar el inmenso poder económico y mental de la Iglesia sobre el país, de enfrentar
conciencias y lograr que México superara el lastre que una religión de paz y sobriedad en sus orígenes, le había ocasionado.
Miles de ejemplos como este, abrieron las puertas del subdesarrollo para México.
Finalmente había que “dar a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César”.
México progresaría sin ese lastre y se encontraría finalmente con el último colofón del poder eclesiástico 45 años más tarde durante la Guerra Cristera
de 1928-34.

EL ÁLAMO. LA INDEPENDENCIA DE TEXAS

Domingo, Junio 22nd, 2008

Quien crea que la Historia es sinónimo de pasado se encuentra en un error; los resultados de cualquiera de esos capítulos de la Historia están vivos en nuestras actividades de cada día.

Es este el caso, por ejemplo, de la nueva cinta cinematográfica titulada ‘El Álamo’. Cuando revisamos un hecho histórico, nunca debemos de hacerlo observando el hecho en forma aislada; debemos de abrir el abanico del tiempo y revisar años atrás para entender los antecedentes. Es como si tomamos los recientes atentados terroristas en Madrid (Marzo de 2004) y los juzgamos aisladamente, sin revisar los antecedentes que los ocasionaron. Así, en el caso de Texas, debemos de revisar qué ocurrió en las décadas anteriores a esas batallas que enfrentaron a Estadounidenses y Mexicanos en 1836. Empezaremos por mencionar los errores de política poblacional que el Gobierno de Madrid implantó en la Nueva España. El territorio Novohispano era inmenso y sus límites llegaban hasta Alaska por el Noroeste. Pensar en poblar toda esa inmensa zona era imposible, pero Texas o la Alta California no estaban tan lejos ni había grandes accidentes geográficos que los aislaran tanto del poblado centro de la Nueva España. A partir de su Independencia, todos los Gobiernos de EU acudieron a la Ciudad de México a visitar a los Virreyes en turno y ofrecer dinero por los vastos territorios del norte de la Nueva España. Lo mismo hicieron con los Gobiernos Mexicanos al consumarse la Independencia (1821). En todas esas visitas, la respuesta fue siempre la misma: NO.

Mapa de México Independiente. En este mapa de 1830, puede verse claramente que la extensión territorial de México era similar a la de los EU. Nótese cómo donde aparece el nombre de ‘Tamaulipas’ en el mapa, el territorio de éste se encuentra al norte del Río Bravo (en el Rio Nueces). El Presidente Estadounidense James Polk utilizó esa diferencia de límites para atacar la vigilancia Mexicana en el Río Nueces y declarar la guerra a México 10 años más tarde (1846).

El añejo deseo Estadounidense de adquirir territorio de la Nueva España y luego de México por medio del dinero se agotó ante las permanentes negativas de Virreyes y Presidentes. Ante esta realidad no tuvieron más alternativa que utilizar las armas y por ello alentaron la separación de Texas y 10 años más tarde ante la negativa de México a reconocer la separación de Texas, el Presidente James Polk pidió al Congreso en Washington que invadiera a su vecino del Sur y Oeste para despojarlo de todo el norte Mexicano durante la invasión Estadounidense a México de 1846-1848.

De entre tantos visitantes deseosos de utilizar de alguna forma los territorios del norte de la Nueva España, visitó el Palacio Virreinal de la Ciudad de México, la familia de Esteban Austin quien obtuvo concesiones del Virrey para llevar inmigrantes Estadounidenses a la Provincia de Texas y poblar la región. Así, durante 2 décadas llegaron muchísimos inmigrantes a ocupar las tierras concesionadas por el Gobierno Virreinal; posteriormente, los Gobiernos Mexicanos refrendaron las concesiones.

El primer embajador de Estados Unidos ante México, Joel R. Pointsett, ofreció 5 millones por el territorio de Texas el 25 de Agosto de 1829. La propuesta fue rechazada y se decretó al año siguiente una ley de colonización que prohibía la entrada de más colonos Estadounidenses a Texas. Al establecerse en México una Constitución centralista en 1836, los colonos establecidos en Texas argumentaron que se rompía el pacto federal de la Constitución de 1824 y se consideraban con el derecho de formar un estado libre y soberano. El 1º de Marzo de 1836 Texas proclamó su independencia de México. Durante ese periodo, artificialmente extendieron el territorio original de la provincia sobre la de Nuevo México, multiplicando así por 3 el territorio original.

Mapa elaborado por Estadounidenses en donde se muestra claramente cómo los Texanos extendieron ’su territorio’ sobre el de Tamaulipas y Nuevo México, multiplicándolo por 3. La extensión original de Texas tenía su límite unos 100 Lm.al norte del Río Bravo y por el Oeste llegaba un poco más allá de San Antonio. Los Texanos se extendieron hasta Paso del Norte (hoy El Paso) para bloquear el Camino Real que comunicaba la Ciudad de México con Santa Fé, Nuevo México.
Misión de San Antonio de Padua y placa que detalla la fundación de San Antonio de Béjar. http://store1.yimg.com/I/twelvegaugedesigns2002-store_1866_1270749

Ya que el Camino Real que comunicaba la Ciudad de México con Santa Fé cruzaba por el Paso del Norte (hoy El Paso), extendieron hasta allá su territorio de manera que la comunicación entre Santa Fé y la capital del país quedara fracturada. En la parte inferior de este mapa, se aprecian, al norte del Río Bravo, los nombres de los estados de Tamaulipas, Coahuila y Chihuahua (de derecha a izquierda) mostrando que el límite entre Texas y esos estados era el Río Nueves (ver fecha) y no el Bravo. Llegó el momento en que la paupérrima política poblacional Española llevó a que, hacia 1835, el números de inmigrantes Estadounidenses sextuplicara al de los Mexicanos y Españoles en Texas. Los Mexicanos se convirtieron entonces en la minoría en Texas y los Estadounidenses, abusando de la confianza que se les había otorgado al prestarles esas tierras, vieron el camino franco para declararse independientes de México.

Mapa en donde se muestran las colonias que Esteban Austin organizó en la costa de Texas, México.

Una forma de ejemplificar esto de manera más simple es la siguiente. Imaginemos que tenemos un rancho y nuestro vecino está en muy mala situación económica y por ello le permitimos labrar nuestra tierra para su subsistencia. Pero llegado un momento, esa persona nos traiciona y declara que la tierra que le prestamos es suya. Eso, es lo que ocurrió en Texas, un abuso de confianza.

Hacia 1836, los Texanos aprovecharon la desastrosa situación política y económica de México y declararon su Independencia. El Presidente en turno (Antonio López de Santa Anna), emprendió la marcha desde la Ciudad de México a Texas con en ejército mal vestido, mal armado y mal alimentado. Imaginemos la marcha de miles de soldados a pie recorriendo los 2,300 Km. que separan a la Ciudad de México del este de Texas y cuya alimentación era solamente de ‘totopos’. En el Desierto de San Luis Potosí y Nuevo León, murieron centenas por el frío. Al llegar a San Antonio los Mexicanos hicieron pedazos a los Texanos y fusilaron a todos, sin quedar uno solo. Prosiguieron su marcha hacia la zona que actualmente es Houston, donde una mala vigilancia mientras descansaban permitió a los Texanos comandados por Sam Houston apresar a Santa Anna, llevarlo a Washington y obligarlo a reconocer la independencia de Texas.

Durante los 9 años que los Texanos vivieron como una entidad independiente, expandieron artificialmente los límites originales del territorio de la Provincia de Texas. Bajo el Gobierno Colonial y el Mexicano, Texas tenía una extensión territorial de 230,000 Km2 aproximadamente. Debido a la poca vigilancia del Gobierno Mexicano (por lo extenso y deshabitado de los territorios del norte así como por la falta de recursos económicos) los Texanos se extendieron hacia el sur hasta el Río Bravo y hacia el poniente sobre la vastísima provincia de Nuevo México, de cuyo territorio tomaron arbitrariamente más de 500,000 km2.

Mapas que muestran cómo los Texanos aumentaron 5 veces el territorio original de Texas a costa del de de Nuevo México.
En la imagen derecha puede identificarse la extensión original de Texas en la parte derecha baja.

El Congreso Mexicano desconoció a Santa Anna como Presidente y por ende la independencia de la provincia de Texas. Debido a que las condiciones económicas y políticas de México impidieron hacer frente a los Texanos independentistas, no hubo una campaña de reconquista lo que llevó a que 9 años más adelante (1845) Texas fuera admitido como estado de los Estados Unidos.

México reclamó entonces al gobierno de Washington su decisión de incorporar a su territorio una provincia que seguía perteneciendo a México. Ante la negativa del gobierno Mexicano a aceptar la separación de Texas, el gobierno Estadounidense buscaría un pretexto para declarar la guerra a México meses más adelante (Marzo de 1846). Este segundo proceso culminaría con la siguiente invasión a México (1846-1848), la cual lo despojaría del propio Texas y los actuales estados de Utah, Nevada, Arizona, Alta California, Nuevo México, Colorado y partes de Arkansas y Wyoming. Lo peligroso de presentar estas cintas ante un público que no tiene ningún conocimiento de los hechos, es hacerles creer todo lo que ahí les presenten. La generalidad de la gente desconoce los hechos reales de la Historia, por lo cual es muy sencillo que queden convencidos de cualquier explicación del caso si no poseen un conocimiento real previo.

Descripción breve de la batalla de El Álamo en donde el Ejército Mexicano comandado por Santa Anna terminó con todos los rebeldes.

LOS NIÑOS HÉROES. EL FINAL DE LA INVASIÓN ESTADOUNIDENSE A MÉXICO

Domingo, Junio 22nd, 2008

INTRODUCCIÓN.

Es el tema de estos personajes históricos uno que causa polémica entre la gente. Y hay varias razones para hacerlo:

  1. El Mexicano promedio (hay por fortuna millones de excepciones) tiene decenas de defectos, de complejos. Uno de ellos es que disfruta denigrando a los demás y alcanza un mayor nivel de gozo al denigrarse en conjunto, esto es, a nivel sociedad.
  2. La gente expone normalmente sus comentarios sobre diversas materias, pero generalmente lo hace sin ningún conocimiento. Cuando la persona desconoce el tema, lo más apropiado es ser honesto, reconocer la ignorancia sobre el asunto y no dar comentario.
  3. Algunos dicen, nuevamente basados en la nada, que no existieron.

No es posible espetar una opinión cuando el desconocimiento es total o parcial; lo que la “gente dice” no siempre es la realidad, sino una mezcla de datos y hechos incorrectos a los cuales se les van incorporando otros más que van tergiversando más y más la realidad.

He escuchado de muchas personas que afirman que los Niños Héroes lucharon contra la intervención Francesa y otros muchos comentarios que solo denotan la criticable ignorancia de los hechos históricos. Por eso lo mejor es mantenerse callado, estudiar el tema y entonces sí, expresar un comentario.

ANTECEDENTES DE LA INTERVENCIÓN MILITAR DE LOS NIÑOS HÉROES.

En Marzo de 1846 el Presidente de EU James Polk inició el proceso que llevaría a los EU a despojar a México de sus territorios del norte: en ese mes solicitó al Congreso de Estados Unidos declarar la guerra a México.

James Polk. Bajo su Presidencia(1845-49) los EU saciaron sus añejas ansias de apoderarse del norte de México.

El botín de guerra, 2.4 millones de Km2 (5 veces el tamaño de Francia) le serviría de plataforma para su reelección en las elecciones Presidenciales de 1848. De Marzo de 1846 a Septiembre de 1847 (fecha de la batalla de Chapultepec con los Niños Héroes) México fué invadido militarmente por el ejército Estadounidense por el Norte y por el Golfo de México. Los invasores ocuparon sucesivamente Veracruz, la Ciudad de Puebla y finalmente llegaron al Valle de México. En el Valle de México ocurrieron varias batallas, destacándose las de Churubusco y las del Molino del Rey.

La última batalla para detener su avance hacia la Ciudad de México sería la de Chapultepec (13 de Septiembre de 1847). En 1847, el cerro del Chapulín (Chapultepec) se encontraba a unos 5 Km.de la ‘mancha urbana’ de la Ciudad de México. Si los Estadounidenses vencían a los Mexicanos en esa batalla, los primeros alcanzarían su objetivo: capturar la capital del país, culminar la asfixia que habían iniciado al ocupar todos los puertos Mexicanos y sus recursos materiales y económicos, y así, como con una pistola apuntando en la sien del país, obligar a éste a entregar el botín territorial.

Los Estadounidenses, aprovechando las impericias y divisiones de los Generales Mexicanos, lograron la victoria en todas las batallas previas; nadie había podido detenerlos. El resultado final de esta guerra era fácil de suponer; quienes se parapetaron en Chapultepec tenían conocimiento pleno de los antecedentes y, a pesar de eso, con todos los pronósticos en su contra decidieron dar la última batalla y enfrentar a los Estadounidenses. Aquí haría yo el primer ‘alto’ en la narración para preguntar: quienes critican a los defensores de Chapultepec ¿ tendrían los pantalones para enfrentarse a un ejército que lo había ganado todo ? La vida va de por medio, ¿ lo harían ? A esos críticos de barandilla habría que instalarlos en los hechos reales y ver cómo temblarían de miedo ante una situación como éstas.

Izquierda: el ascenso de los invasores al cerro obligó a los Mexicanos a defenderlo cuerpo a cuerpo.
Derecha: primer monumento erigido en memoria de la Batalla de Chapultepec.

Así, con todo en contra los defensores de Chapultepec ascendieron al cerro y se prepararon para defenderlo. A la defensa acudieron el Batallón de San Blas (632 soldados), a cargo del Teniente Coronel Santiago Xicoténcatl así como 200 cadetes (estudiantes) del Colegio Militar el cual estaba a cargo de Mariano Monterde y 450 soldados más que defenderían el pié del cerro. En total 1,282 defensores; por su parte, los Estadounidenses, mejor armados y organizados, eran más de 4,000.

El General Nicolás Bravo, héroe de la lejana guerra de Independencia, participó también en la defensa. En Chapultepec no solo murieron los 6 Niños cuyas columnas vemos ahora en el Monumento en su memoria, murieron muchos más soldados. La batalla inició con un intenso bombardeo de artillería, lo que ocasionó daños inmediatos al edificio y a la infantería. ocasionando graves estragos al edificio y a la infantería que lo defendía, que poco pudo hacer ante el alcance de los cañones.

Derrotado el batallón de San Blas, los invasores atacaron por el Poniente y el Sur del cerro, donde fueron detenidos durante algunas horas por los cadetes; más tarde las divisiones de Quitman y Pillow lograron escalar el Castillo. En el interior del inmueble la lucha fue cuerpo a cuerpo; finalmente, la resistencia de los defensores cedió ante la superioridad numérica y material de los Estadounidenses quienes ocuparon el edificio e hicieron prisioneros al general Nicolás Bravo, Mariano Monterde y varios alumnos y soldados sobrevivientes.

Éstos 6 personajes conocidos desde entonces como los ´Niños Héroes’ son los únicos de ese grupo de jóvenes que murieron, pero otros muchos sobrevivieron y tuvieron después una destacada intervención en la Historia de México. Indudablemente el más destacado de los Niños sobrevivientes a esta batalla fué Miguel Miramón, fusilado junto a Maximiliano 20 años más tarde.

La mayor parte de los Mexicanos no merecen héroes de la altura de quienes defendieron Chapultepec.

Ingreso de Francisco Márquez al Colegio Militar el 16 de Enero de 1847, a los 13 años de edad. Los invasores ya estaban en Veracruz. http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/1847/1309/sec/segunda/marquez/marquez1.html

S E L L O C U A R T O . U N R E A L .
Años de mil ochocientos cuarenta y seis y mil ochocientos cuarenta y siete.

Señor Director

El interesado en esta instancia pide se le coloque con
una plaza de alumno de este establecimiento y reuniendo las circunstancias que por Reglamento se requieren para dicha clase, segun la calificacion hecha por la Junta Gubernatiba soy de opinion que se acceda á su pedido.
Mexico Enero 16/47.

F. Garcia [Rúbrica]

Excelentísimo Señor

El Ciudadano Francisco Marques de edad de trese años entrados en catorse, ante la justificación de
Vuestra Excelencia con el respeto devido pasa á manifestar que, deseoso de emprender la carrera de
las ciencias á las que ha tenido una positiva aficcion, sus padres han movido cuantos
resortes han estado á su alcanse para darle este cultivo; mas dos circunstancias lo han inpedido: la primera ha sido que el capitan del 9° Regimiento de Caballeria Don Francisco Ortiz, padrastro del que representa, se ha hallado continuamente espedicionando hasta…

Firmas del Tratado Guadalupe-Hidalgo que consumaba el despojo de 2.5 millones de Km2.después de la invasión Yanqui de 2 años (1846-1848).

Los partes de guerra de los invasores hablan de ellos; el general Scott dijo ‘pero si eran solo unos niños’. Documentos obtenidos de: http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/1847/1309/

LA DECISIÓN DE HIDALGO

Domingo, Junio 22nd, 2008

Los primeros caudillos de la Independencia (Hidalgo, Allende, Abasolo, Aldama, Jiménez) iniciaron el 16 de Septiembre de 1810 una guerra, con la cual esperaban separar a la Nueva España del Imperio Español. Diversos acontecimientos hicieron que este primer grupo de Insurgentes tuviera una duración muy corta: 10 meses después del Grito de Dolores, todos habían sido fusilados (excepto Abasolo, que fué enviado prisionero a España); sus cabezas fueron colgadas con garfios en la Alhóndiga de Granaditas de Guanajuato.

Uno de esos acontecimientos, definió no solo la suerte de estos caudillos, sino también la orientación política del movimiento independiente.
Después del triunfo Insurgente en Guanajuato, la muchedumbre que acompañaba a Hidalgo se dedicó a saquear la ciudad. Al contrario de Hidalgo, Ignacio Allende siempre fué partidario de organizar y adiestrar con disciplina militar al ejército Insurgente para evitar este tipo de desórdenes y mejorar su eficacia. Su formación militar así lo recomendaba.

(más…)

LOS SOLDADOS IRLANDESES DE MÉXICO

Domingo, Junio 22nd, 2008

EL BATALLÓN DE SAN PATRICIO Y LA INVASIÓN ESTADOUNIDENSE. La invasión Estadounidense a México (1846-1848)

VISIÓN DE LA INVASIÓN ESTADOUNIDENSE A MÉXICO ESCRITA POR MICHAEL HOGAN. (resumen desarrollado a partir del libro ‘los soldados Irlandeses de México’ del Estadounidense Michael Hogan). For English-speakers, here it is a link to learn about the US invasion to Mexico: http://www.fff.org/freedom/fd0407f.asp

Algunos de los libros publicados por Michael Hogan. http://www.geocities.com/drmichaelhogan/

Este capítulo de la guerra de Estados Unidos contra México demuestra cómo los hechos históricos van siempre ligados a otros anteriores y repercuten años o siglos después. En 1845 se desató en Irlanda una terrible hambruna provocada por una plaga (la roya) que afectó al único producto agrícola de ese país: la papa. Inglaterra dominaba a los irlandeses desde hacía tiempo y, para controlarlos más fácilmente, los obligaba a sembrar solo papas; su dependencia alimentaria estaba totalmente controlada por los ingleses.

Miles murieron y millones quedaron en la miseria; los más afortunados reunieron el dinero suficiente para viajar por barco a EU y Canadá en condiciones tan precarias que 1 de cada 4 murieron en el trayecto o a la primera semana de haber llegado. Solo en 1845 murieron por esta razón 20,072 de ellos.

Los sobrevivientes no tenían muchas alternativas para trabajar, especialmente porque a su llegada no había empleos en EU y, a diferencia de otros inmigrantes, no fueron auxiliados por su condición de irlandeses y católicos. Así, cuando a principios de 1846 el Presidente Polk y el Congreso de EU declaran la guerra a México, una buena parte de ellos ve la oportunidad de emplearse y adjudicarse un pedazo de la tierra del norte de México que iban a conquistar.

Este mapa (hacer caso omiso del letrero Aztlán) muestra los territorios arrebatados a México durante la invasión Estadounidense de (1846-48). Salvo los dos estados cuyas capitales son Salem y Boise, el resto fué el resultado del despojo. De izquierda a derecha: Alta California, Nevada, Utah, Arizona, Colorado, Nuevo México, Texas y partes de Nebraska, Wyoming, Oklahoma y Kansas (estos últimos 4 ‘pedazos’ no detalados en este mapa). 55% de lo que se llamó México quedó en poder de EU, conservamos solo el 45%.

En este capítulo, nos internaremos solamente en las vivencias de esos irlandeses durante los 27 meses de invasión a México y cómo sus propias vidas dieron un vuelco al iniciar la guerra.

Desde su fundación, las 13 colonias de EU fueron pobladas por calvinistas ingleses y holandeses que huían de la tiranía de un estado corrupto controlado por la altos jerarcas de la Iglesia. Su anticatolicismo fue así, trasladado a Norte América. Dentro del ejército estadounidense existía igualmente una marcada discriminación hacia los irlandeses por su condición de católicos, por lo que sus posiciones en el ejército se limitaban a los niveles más bajos, independientemente de la experiencia y grados que muchos de ellos tenían en Europa. Los soldados Irlandeses y Estadounidenses Católicos eran obligados a asistir a servicios religiosos contra su voluntad y eran objeto de mofa por sus creencias religiosas.

En los primeros meses de la guerra, soldados estadounidenses iniciaron una deserción constante hacia el ejército Mexicano, en cuyo pueblo encontraron muchas similitudes: mismo concepto de familia, religión, un idea de riqueza diferente a la sajona, etc. También los inclinó a desertar el objetivo de la guerra, despojar de su territorio a un país débil. Para dar una idea de la dimensión del despojo, el territorio arrebatado equivale a la extensión conjunta de los países siguientes: España, Francia, Italia, Inglaterra, Portugal, Alemania y Polonia, esto es prácticamente toda Europa Occidental.

Mapa de México y EU en 1835; la extensión territorial de ambos países era prácticamente igual. EU ambicionaba apoderarse incluso de todo el territorio Mexicano.
Gráfico: indica las extensiones territoriales antes y después de las invasiones Estadounidenses a México (1836-1848). Las cifras aparecen en millones de kilómetros cuadrados.

Durante las primeras batallas ocurridas en Texas y Tamaulipas, varios irlandeses ya formaban parte de las huestes Mexicanas y siguieron incorporándose otros mientras los estadounidenses avanzaban hacia el sur. Uno de los grupos más nutridos de desertores irlandeses ocurrió tras la toma de Monterrey; los estadounidenses bombardearon a propósito todos los templos de la ciudad y tras la batalla los saquearon, además de utilizarlos como potreros y corrales de ganado menor. Imágenes fueron destrozadas e injuriadas.

Fotografías (daguerrotipos) de la llegada del General Wool a Saltillo (1846) y (derecha) soldados de infantería Estadounidenses. http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/historia/html/waltw.htm

Algunos Católicos Estadounidenses e Irlandeses recordaron los recientes incendios de templos católicos en Boston y Filadelfia. Sus conciencias fueron sacudidas y así, decidieron cambiar de bando. Los soldados irlandeses del Ejército Mexicano formaron dos batallones de 102 miembros cada uno, cuya principal virtud era el manejo de la artillería (cañones). Desde ese momento se les identificó como ‘Batallón de San Patricio’. Sus intervenciones en todas las batallas en Texas, Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León, Veracruz, Puebla y el Valle de México fueron invaluables.

Toma de Matamoros por el Ejército Estadounidense (18 Mayo 1846).

También algunos extranjeros residentes en México, especialmente de la Ciudad de México, se incorporaron al Batallón; eran originarios de Alemania e Irlanda. Tras diversas batallas en Nuevo León y Coahuila, los estadounidenses decidieron modificar la ruta para llegar a la Ciudad de México. Penosa decisión para los soldados Mexicanos ya que meses atrás miles habían muerto por los congelantes fríos de las zonas desérticas de San Luis Potosí y Nuevo León en su ruta de la Ciudad de México a Saltillo para combatir a los invasores.

Ya en Veracruz, los estadounidenses bombardearon el puerto por varios días hasta hacerlo rendir. Todos los templos fueron ex profeso bombardeados y saqueados. Veracruz era el principal puerto del país y por ende el que mayores ingresos aduanales le representaba al erario; Veracruz, al igual que todos los puertos mexicanos desde San Francisco a Acapulco y los del Golfo de México, habían sido bloqueados por los angloamericanos y sus ingresos utilizados para financiar parcialmente su guerra.

La situación económica era angustiante. El Gobernador del Distrito Federal Juan José Baz, emitió entonces un decreto por el que se enajenaban 20 millones de Pesos al Clero para la compra de armamento y manutención de las tropas. Con este nuevo escenario, los San Patricio continuaron codo a codo con los Mexicanos aportando sus grandes habilidades en la artillería en todas las batallas ocurridas entre Veracruz y el Valle de México.

Bombardeo de Veracruz por el ejército invasor Estadounidense. Del Puerto avanzaron sobre Puebla y la Ciudad de México.

Finalmente, en una de las últimas batallas anteriores a la caída de la Ciudad de México, en la de Churubusco (20 Ago.1847), los soldados irlandeses de México fueron capturados tras una prolongada defensa. El heroísmo y la fiereza de Mexicanos e Irlandeses solo pudo ser detenida porque la última remesa de municiones había llegado equivocada y no era compatible con los fusiles. Los Mexicanos, ya sin parque, levantaron la bandera blanca; los San Patricio la bajaron tres veces pues ellos se mantenían aún con municiones.

Batalla de Chapultepec. La señal acordada por los Estadounidenses para ejecutar a los prisioneros del Batallón de San Patricio era el arriamiento de la bandera Mexicana. Los sentenciados habían esperado casi 24 horas parados en el banquito antes de ser empujados para su ahorcamiento.

Finalmente tuvieron que rendirse. Tras la rendición el General Scott le exige al General Anaya los pertrechos de guerra, Anaya le responde: “si hubiera parque no estaría usted aquí”.

Los San Patricio son capturados por su excompañeros 18 meses después; son separados de los Mexicanos para enjuiciarlos por deserción. A todos se les formó juicio y se les declaró traidores siendo condenados a la pena de muerte. Para ello, fueron divididos en tres grupos; el primero fué ejecutado en la plaza del pueblo de San Jacinto (cercano a la actual Av.Insurgentes Sur de la Ciudad de México).

El General Twiggs había sido designado para ello; así, se les condujo a la plaza de San Jacinto justo frente a la Parroquia. Antes de la ejecución se les dieron 50 azotes con látigos hechos de 9 tiras de cuero crudo de 54 centímetros anudados. Mientras flagelaban a uno de los principales líderes del Batallón, John O’Riley, Twiggs a su conveniencia ‘perdió’ la cuenta ordenando reiniciar el conteo.

De acuerdo con un testigo estadounidense “para ese momento las espaldas de las víctimas tenían toda la apariencia de una pieza de carne cruda, la sangre manaba con cada latigazo…”. Después de este castigo, las placas de hierro se pusieron al fuego hasta quedar blancas y cada uno de los prisioneros fué marcado con la letra ‘D’ (desertor). Unos fueron marcados en la cadera y algunos seleccionados en la mejilla derecha.

En el caso de O’Riley el soldado lo marcó a propósito con la letra al revés, por lo que se le pidió hacerlo de nuevo. El olor a carne quemada y las espaldas sangrientas y desgarradas hicieron sentir repulsión a los mismos invasores. Los castigos habían causado conmoción entre los pocos observadores mexicanos. Un editorialista concluyó: “Mexicanos: estos son los hombres que nos llaman bárbaros y dicen que nos vienen a civilizar…”.

Entonces fueron subidos de dos en dos a carretas jaladas por mulas junto a un travesaño de donde pendían los lazos para ahorcarlos. Los látigos chasquearon dejando a las víctimas suspendidas en el aire; como a propósito no se les preparó una gran caída, no murieron de inmediato e incluso sus propios movimientos hacía que unos chocaran con otros. Tardaron varios minutos en morir (por asfixia).

Un segundo y tercer grupo de San Patricio, tras haber sufrido la flagelación y el marcado a hierro, se encargó de cavar las tumbas de sus compañeros en la misma plaza. Al terminar con este trabajo, se les colgaron de nuevo sus pesados collares de hierro. A la tarde siguiente, aprovechando unos minutos de descanso en su desplazamiento hacia Chapultepec, fué colgado el segundo grupo.

El tercer y último esperaría unos días más para ser ejecutado. Para la ejecución del tercer grupo, el General Scott nombró al Coronel Harney. Durante sus 30 años de militar había sido famoso por los miles de ahorcamientos de indios Blackhawk y los Seminolas y acusado de violaciones a centenas de muchachas indias a quienes ahorcaba a la mañana siguiente. En 1834 fué enjuiciado por la paliza a una esclava negra quien murió a consecuencia de ello, sin embargo escapó y era de hecho un prófugo de la justicia durante la invasión a México, pero su relación con el Presidente Polk evitó su encarcelamiento. Harney se había nutrido de comentarios de la prensa estadunidense la que se refería al ejército Mexicano como “un grupo integrado por indios miserables que parecen pigmeos, más degradados aún que nuestros negros”.

Thomas Torpe ‘respetada autoridad’ (sic) sobre diferencias raciales describía al Mexicano como un ser degradado, una combinación de razas donde las malas cualidades de cada una eran las que habían prevalecido. Otro autor ‘analizó’ los cráneos de soldados Mexicanos describiéndolos como “una extremadamente burda organización, más animal que intelectual”. Similares resultados arrojó el ‘análisis’ a los irlandeses.

La mañana del 12 de Septiembre de 1847, el Coronel Harney cabalgaba con su batallón en Mixcoac; a lo lejos se podía ver el Colegio Militar (actual Castillo de Chapultepec). Al día siguiente tendría allí lugar la mayor batalla por el control de la Ciudad de México. Ese día Harney llevaba a los 30 prisioneros hacia el patíbulo; a la distancia podían escucharse claramente los estruendos de los cañones sobre Chapultepec. Al observar que solo 29 de los 30 prisioneros habían sido traídos, Hearney preguntó por el que faltaba. Un médico le informó que el ausente era Francis O’Connor quien había perdido las dos piernas en la Batalla de Churubusco y agonizaba por gangrena.

“Traigan a ese maldito hijo de perra, mi orden es colgar a 30 y por Dios que lo haré”.

Los guardias sacaron a O’Connor de la tienda-hospital con sus muñones sangrantes y lo subieron a una carreta con el lazo al cuello. Eran las 6:30 AM; los otros 29 llevaban ya una hora esperando el ahorcamiento. Hearney dió la orden para el azote de los 30 así como el marcado con la letra ‘D’ en sus rostros.

Foto actual de la parte sur del Convento de Churubusco, blanco del ataque Estadounidense el 20 de Agosto de 1847.
Última batalla antes de la caída de la Ciudad de México. Dos años les tomó a los Estadounidenses tomar la capital del país, después de lo cual, con el país asfixiado, lo obligaron a ceder 2.4 millones de Km2 (Alta California, Texas, Utah, Nuevo México, Colorado, Nevada, Arizona y partes de Wyoming y Arkansas).

Señaló entonces hacia Chapultepec, dando la orden de ejecutarlos hasta entonces la bandera Mexicana fuera arriada, señal de victoria de los invasores. Los prisioneros vociferaron incrédulos y protestaron por la larga espera. Apenas podían sostenerse con la punta de los piés sobre el borde de las carretas para poder respirar confortablemente. Para las 8 de la mañana la batalla llevaba ya más de 2 horas y la resistencia de los defensores de Chapultepec había hecho retroceder innumerables ocasiones a los estadounidenses. A las 9 de la mañana llegaron las escaleras para los invasores quienes en lucha cuerpo a cuerpo ganaron la cumbre del cerro de Chapultepec.

Los San Patricio llevaban más de 4 horas semicolgados; los mosquitos habían incomodado aún más sus sangrantes heridas por los latigazos. A las 9:30 de la mañana el General Nicolás Bravo, héroe de la Independencia, se rendía al teniente Brower. La bandera estadounidense era izada sobre Chapultepec. El momento esperado por Hearney había llegado. Desenvainó su espada y dió la orden de que las carretas se movieran; los San Patricio alcanzaron a lanzar vítores por la llegada de la orden. Minutos después habían muerto los últimos 30.

Dos días más tarde la Ciudad de México era ocupada por los invasores; como en un secuestro, Estados Unidos cobró el rescate: 2.4 millones de kilómetros cuadrados, más de la mitad del territorio nacional tenía que serles entregado para abandonar la capital y los puertos Mexicanos.

Los invasores toman la Ciudad de México. Con la capital asfixiada, los vencedores expondrían a los vencidos el rescate que deberían de pagar para abandonar el país: 2.5 millones de apetitosos Km2. Después de tantas décadas, al fin el buitre Estadounidense saciaría sus ambiciones territoriales.
Tratado de Guadalupe-Hidalgo, que sintetiza el despojo territorial a México.

De esos territorios arrebatados se formaron los actuales Arizona, California, Colorado, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas y partes de Wyoming, Nebraska, Kansas y Arkansas. La expansión territorial de EU había sido vertiginosa: compraron la Luisiana a Napoléon (1803), negociaron con España los actuales Washington, Oregon y Idaho cuando aún eran parte de la Nueva España y la Florida (1819) y más tarde le compraron Alaska a Rusia (1867).

Solo un país, México, antepuso las armas para defender su territorio. México enfrentó esta guerra con una gran desorganización política y militar; los limitados recursos económicos contribuyeron también al desastre. Miles de soldados Mexicanos murieron en los 19 meses de la guerra. El país había hecho, dentro de sus limitadas capacidades, lo más que había podido para evitar el despojo.

Por ello resulta indigno y vergonzante que haya, así sea un solo Mexicano que, basado en una condenable ignorancia, insinúe que el norte fué vendido. Para el final de la guerra más de 9 mil soldados estadounidenses había desertado; a pesar de que su reglamento ordenaba castigo, la impunidad prevaleció.

Algunos estadounidenses, muy pocos, entre ellos Lincoln, se opusieron a la guerra; Ulises Grant la definió como “la más injusta guerra jamás realizada por un país fuerte contra una nación débil”.

Lincoln: “la guerra contra México es inmoral, promueve el esclavismo y agrede los valores Republicanos”.”Abraham Lincoln, a young congressman from Illinois, labeled it an immoral war, blatantly proslavery and a threat to the nation’s republican values”. (http://www.bchm.org/wrr/war/p4cw.html)
Henry Clay y Daniel Webster denunciaron que la guerra era un pretexto para robar tierras así como una agresión innecesaria y ofensiva.
“Two of US’s most prominent politicians, Henry Clay and Daniel Webster denounced the war as a pretext for stealing land and as an unnecessary and offensive aggression.”

Para los Estadounidenses de hoy esta guerra no existió, pues no está contemplada en los libros de Historia de las escuela; el autoanálisis respecto de esta guerra injusta les llevaría a cuestionar su propia dignidad y sus valores morales. Por ello esta guerra ocupa a lo mucho un pié de página en sus libros de historia. En palabras del embajador irlandés en México durante un homenaje en 1948 “los 50 San Patricio ejecutados a pesar de su valentía no pueden ser el foco central de los Mexicanos quienes perdieron a tantos de su propia gente en la guerra. No obstante Irlanda reconoce y agradece a México lo que ha hecho para recordarlos”.

En Jalisco el pueblo de San Patricio Melaque lleva su nombre en honor a ellos. En la Cámara de Diputados de nuestro país el ‘Batallón de San Patricio’ está inscrito con letras de oro junto a los demás personajes de nuestra historia. La guerra de 1846-1848: muy pocos Estadounidenses la conocen y muy pocos Mexicanos la olvidarán.

Bibliografía.
Los soldados irlandeses de México. Michael Hogan.
La guerra contra los gringos. Heriberto Frías.
México a través de los siglos. Vicente Riva Palacio.

Edición ilustrada de México a través de los Siglos, de Vicente Riva Palacio.
http://exploramex.com/epocaIndep/guerra47z.jpg

1859: MÉXICO EN PELIGRO

Domingo, Junio 22nd, 2008

En dos momentos de su Historia, México estuvo en riesgo de no existir más como nación.

La primera de ellas al terminar la Invasión Estadunidense (1846-48); tomada la Ciudad de México y asfixiado el país por la invasión, en Washington sus Congresistas decidían el futuro de México. Parafraseando a Carlos Fuentes, “se repartían los Estados de México como los Romanos se rifaban las ropas de Cristo”. En esa ocasión (1848) el Congreso Estadounidense se dividió en tres grupos cuyas propuestas pueden resumirse en las siguientes:

  1. Despojarle a México Alta California, Nuevo México y Texas (que se convirtieron posteriormente en 9 estados de EU y que fué finalmente lo que ocurrió).
  2. Todo el territorio ubicado al Norte del Trópico de Cáncer (además de lo señalado en el punto 1, se arrebatarían Baja California, Sonora, Chihuahua, Sinaloa, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Durango).
  3. Absorber todo el país.
La Península de California fué siempre codiciada por los EU. Milagrosamente se salvó para México.

Dos situaciones salvaron a México: los indígenas (eran demasiados y sedentarios, no nómadas como en el norte de Norte América y se les complicaba erradicarlos o conducirlos a reservaciones) y los ya serios problemas del esclavismo que dividían a EU en dos (Norte y Sur) y que más tarde conducirían a su Guerra de Secesión (1861-1865). Pero hubo una segunda oportunidad de que eso ocurriera, y sucedió en 1859, durante la Guerra de Reforma. Para analizar esta etapa de la historia de México, es conveniente repasar algunas circunstancias que antecedieron a estos hechos.

Comúnmente se conoce a este periodo como Guerra de Reforma o Guerra de Tres años (1858-61) y representa el penúltimo enfrentamiento entre Conservadores y Liberales. El último de ellos fue la intervención Francesa (1862-67), promovida por los Conservadores. Después de su larga guerra de Independencia de España (1810-21), a la joven nación Mexicana le esperaban muchas desgracias.

Éstas se dieron básicamente porque los nuevos Mexicanos no tenían claro cuál debería de ser el modelo político que el país debería de utilizar para su futuro. Había básicamente 2 opciones:

  1. Continuar con el modelo Español, centralista, con un Presidente plenipotenciario o Emperador. Defendido por el grupo Conservador.
  2. Un modelo basado en los modelos Francés y Estadunidense. Propuesto por el grupo Liberal. ¿ Y por qué no tenían claro los Mexicanos el modelo a seguir ?

Porque durante 300 años España implementó en sus colonias Americanas un modelo arcaico, que no era ni democrático ni efectivo, ni buscaba el progreso material de las colonias; y España no podía enseñar otro modelo porque ella misma estaba ahogada en sus propios errores que la llevaron, de ser la primera potencia mundial a una nación pobre, acechada y humillada por sus enemigos. Así pues, para entender todas las desgracias y cambios que vivieron los Mexicanos en la primera mitad del siglo XIX, revisemos los principales acontecimientos que aquejaron a México:

  1. Guerra de Independencia: 1810-1821.
  2. Imperio Mexicano: 1822-1823 –> Conservadores.
  3. Se crean los Estados Unidos Mexicanos: 1824 –> Liberales.
  4. Guerra de Texas. Los inmigrantes Estadounidenses se sublevan y declaran su independencia, México no la reconoce: 1836.
  5. Primera invasión Francesa: 1838.
  6. EU invade militarmente a México y lo despoja del 55% de su territorio: 1846-1848.
  7. La Guerra de Castas en Yucatán pone en riesgo de perder la península para México (1847). Ante la amenaza de una nueva invasión, el Gobierno Mexicano es obligado a vender el norte de Sonora a EU: 1853.
  8. Diversos invasores Estadounidenses desean imitar el ejemplo de los Texanos y declaran independientes a Baja California, Tamaulipas y Sonora. Son derrotados: 1854.

No se incluyen aquí los muchos golpes de estado entre Conservadores y Liberales.

Después de todas estas calamidades, los Conservadores son sacados del poder (1855) y llegan los Liberales. Comonfort (Presidente Liberal) promulga la Constitución de 1857 en la que se reestablece nuevamente la República así como algunos cambios trascendentes como la instalación del Registro Civil (casi todo estaba en manos de la Iglesia) y la enajenación de los millonarios bienes de la Iglesia. Ante esta amenaza a sus intereses, la Iglesia y el grupo Conservador se enfrascaron en una lucha militar contra los Liberales. Al año siguiente (1858), las fuerzas de ambos bandos estaban niveladas y se llegó al absurdo de que en México había 2 Presidentes: uno del grupo Conservador (Félix Zuloaga) en la Ciudad de México y otro del Liberal (Juárez) quien huía a salto de mata hasta instalarse en Veracruz.

Fotografías de Félix Zuloaga (izq.) y Benito Juárez (der.). La desorganización política de México alcanzó la locura de tener simultáneamente dos Presidentes.

Desde el inicio de su vida como país independiente, los Estados Unidos, apoyados por su ‘Destino Manifiesto’ pretendieron ejercer el control sobre los demás países Americanos. Su influencia política y sobre todo económica que ya desde entonces empezaban a ejercer, forzaba a los Gobiernos Mexicanos a obtener su reconocimiento. Con muy pocas excepciones, el Presidente Mexicano en turno había llegado al poder a través de un golpe de estado o como producto de una sublevación militar.

Ya que generalmente el nuevo Presidente ascendía al poder en medio del caos, tenía la necesidad de dinero para los gastos del Gobierno y solicitaba a países como Francia, España, Inglaterra y Estados Unidos su reconocimiento, pues con ellos se desarrollaban las principales actividades diplomáticas y sobre todo económicas (llámese préstamos). Al tener México 2 Presidentes al mismo tiempo, su posición política era evidentemente muy débil. Pero si la política era débil, la economica podría considerarse un cadáver.

Estados Unidos era Gobernado por el Presidente James Buchanan, quien era gran partidario de continuar con la política expansionista territorial que ya antes los EU habían ejercido sobre México en 1836 y 1848. La situación política en México era inmejorable para continuar con esa política, por lo que aprovechó esta ‘extraordinaria ocasión’ para enviar a negociar con los 2 Presidentes Mexicanos aplicando la estrategia del ‘mejor postor’.

Así, Robert McLane llegó en Abril de 1859 para entrevistarse en la Ciudad de México y Veracruz con ambos Presidentes Mexicanos: el Conservador era Miguel Miramón (quien había sustituido a Félix Zuloaga) y Juárez era el Liberal.

Los Estados del país y sus respectivos Gobernadores estaban divididos en dos bandos. En general la zona del Centro (Jalisco, Guanajuato, Edo.de México, etc.) apoyaban a Miramón, pero el resto del país (las zonas menos pobladas) a Juárez.

Los Conservadores estaban en la región donde se asentaba la mayor cantidad de población y por ende en donde se encontraban los mayores recursos económicos, sin embargo éstos recursos se encontraban concentrados en manos de unos cuantos, en especial en la Iglesia. La desgracia para los Conservadores era que, para ser congruentes con su filosofía, no podían vender los bienes de la Iglesia como lo indicaba la Constitución Liberal de 1857 y por ello no se atrevieron a tocar esos recursos.

Después de huir de la Ciudad de México, Juárez decidió inteligentemente instalar su gobierno en el Puerto de Veracruz y la razón era muy sencilla: el país seguía hundido en la miseria y la única fuente de recursos frescos era el ingreso económico que producía la aduana del puerto. Pero había una situación trágico-cómica: frente al puerto de Veracruz, estaban permanentemente anclados los barcos de Inglaterra, España y Francia, en espera del pago mensual que el Gobierno Mexicano debía de hacerles por el pago de la deuda externa. Así, de los ‘grandiosos’ ingresos de la aduana de Veracruz, el 90% se destinaba para pagar esas deudas y solo el 10% se destinaba a los gastos del gobierno Liberal de Juárez.

Conociendo a la perfección las debilidades del país, McLane expuso a ambos Presidentes las condiciones no negociables que el Gobierno de Washington exigía para otorgarles su reconocimiento, entre las que destacaban la entrega de Baja California, libre tránsito para civiles y militares Estadounidenses de por vida en las rutas Nogales-Guaymas e istmo de Tehuantepec y permiso permanente de que tropas Estadounidenses ingresaran a cualquier parte del territorio Mexicano en caso de que alguna situación ‘amenazara’ a los EU.

En resumidas cuentas, el tratado permitiría a los EU la incursión de sus tropas en cualquier parte de México sin necesidad de obtener permiso del Gobierno Mexicano. Algunos gobiernos Europeos se escandalizaron ante la monstruosidad de este tratado y lo calificaron en realidad como una anexión de México a los EU.

Contradiciendo lo que las lamentables enseñanzas de las escuelas señalan, los Conservadores, aun en la miseria económica en la que se hallaban, rechazaron la humillante proposición de McLane (el Presidente Conservador Miguel Miramón había sido por cierto uno de los Niños Héroes en la batalla de Chapultepec, pero sobrevivió a la batalla). En cambio, Juárez a través de su Secretario Melchor Ocampo (Michoacano), aprobaron la leonina propuesta.

Aquí vemos claramente lo que en otras ocasiones he expuesto. Ningún personaje histórico es totalmente malo ni totalmente bueno. La lamentable enseñanza de las escuelas encasilla a los Conservadores como los malos de la película y encumbra a Juárez como ejemplo de patriotismo y rectitud. Ni uno ni otro eran un dechado de virtudes, pero al menos Miramón rechazó este denigrante acuerdo, a pesar de que al hacerlo, estuviera cavando su propia tumba política.

La miseria económica en la que se encontraban ambos bandos (Conservadores y Liberales) era un atractivo muy grande para otros países, especialmente para los Estados Unidos. México parecía ser el vecino que cualquier potencia desearía tener: extensos y ricos territorios y una nación sumida en la desorganización política y en la miseria económica. Despojado durante la guerra de 1846-1848 de 2.4 millones de Km2 (5 veces el territorio de Francia o 6 el de Alemania), los EU seguían viendo a lo que quedaba de México con mucho interés.

Los Conservadores, instalados en la Presidencia en la Ciudad de México, rechazaron consistentemente durante 2 años los ofrecimientos Estadounidenses para obtener el reconocimiento a su Gobierno. John Forsyth, enviado de Washington, estuvo reiteradamente visitando a los Presidentes Conservadores (Zuloaga primero y Miramón después) para insistir en su ofrecimiento de reconocer a su Gobierno siempre y cuando se les entregase entre otras muchas facilidades Baja California, Sonora y la mitad de Chihuahua así como el libre tránsito por Tehuantepec y la ruta Nogales-Guaymas. Ante la permanente negativa de los Conservadores, Forsyth escribió a Washington, rematando su carta así: “en poco tiempo seré dueño de la situación, hasta hacer de los EU el árbitro indiscutible de los destinos de México”.

Como vimos la semana anterior, el Gobierno de Juárez instalado en Veracruz, había firmado el tratado McLane-Ocampo en el que aceptaba los peligrosísimos ofrecimientos de Washington para obtener el reconocimiento a su Gobierno. Los Historiadores del siglo XX, defensores o admiradores de Juárez, dicen que Don Benito sabía que el tratado no sería aprobado por el Senado Estadunidense, cosa que en realidad sucedió.

Pero ¿ qué pasaba mientras tanto en EU ? ¿ Por qué el Senado Estadounidense rechazaba tan apetitoso acuerdo ? Veamos. La declaración de independencia de EU (1776) indicaba, entre otras cosas, que todos los hombres habían sido creados iguales, o sea, que ninguno tenía el derecho de explotar a otro. La realidad que esto fue letra muerta durante casi 200 años. Por ello, cuando EU despoja a México de sus Estados Norteños, el sur de nuestro vecinos se volvió tierra fértil para propagar el esclavismo. Desde aquélla época los estados sureños de EU tenían grandes diferencias con los del norte, especialmente en cuanto a lo que a la esclavitud correspondía.

Bandera de los Estados Unidos (izquierda) y de los Estados Confederados (derecha); la división de ese país en 2 naciones era una situación real.
Los conflictos eran tan grandes que una separación de los Sureños para crear un nuevo país se hacía cada vez más probable. El Presidente Buchanan (1856-1860) era un abierto partidario del esclavismo y deseaba desmembrar lo que quedaba de México para añadirlo a los Estados esclavistas. A través de fraudes electorales como los de 1854 en Kansas y Nebraska, el Presidente Buchanan pretendía adherir más estados esclavistas a los EU, de manera que los Esclavistas dominaran a los no esclavistas. Con México podrían formarse nuevos Estados Estadounidenses; un Estado podía formarse con 50,000 habitantes y cada estado tenía derecho a dos lugares en el Senado.
En rojo los estados Sureños pro separatismo (esclavistas) y en verde los Unionistas. En beige, territorios con tendencia al esclavismo. El Presidente Buchanan (pro esclavista) deseaba adjudicarse estados Mexicanos del norte para, con sus votos, controlar el Congreso y aumentar la posibilidad de continuar con sus negocios agrícolas y así formar una nueva nación: los Estados Confederados de América. La cercanía de Texas con México hacía atractivos para los Separatistas los Estados Mexicanos del norte para, con ello, incrementar sus posibilidades de fundar un nuevo país y dividir a los EU en dos naciones.

Lo que Buchanan buscaba era tener más asientos en el Senado para obtener las decisiones en su favor. Así pues, cuando el Senado Estadounidense recibe en Washington el tratado McLane-Ocampo, las fuerzas de ambos bandos, Esclavistas y antiesclavistas, estaban bastante parejas, pero la diferencia en número de Senadores era aún a favor de los no esclavistas, de ahí la urgencia de Buchanan de agregar nuevos Estados a partir de territorios Mexicanos. Ante esta situación, en la que la permanencia de EU como un solo país se ve en grave riesgo, el Senado Estadounidense decide rechazar el Tratado. La fortuna le sonríe increíblemente a Juárez quien ve reconocido a su Gobierno, sin la necesidad de cumplir con el leonino tratado en el que prácticamente entregaba al país a los Estadounidenses.

Con los antecedentes analizados en los capítulos anteriores, detengámonos a hacer algunas reflexiones acerca de esta parte de nuestra Historia. Los super hombres como Juárez o los super traidores como Miramón no son precisamente eso. Cada persona tiene aspectos positivos y negativos; no debemos de llegar al pobre análisis de etiquetar entre ‘buenos’ o ‘malos’ a los personajes históricos como lo enseñan los maestros (¿?) de Historia.

Benito Juárez puso la existencia del país en riesgo, a pesar de que sus defensores digan que lo hizo con toda la seguridad de que el tratado McLane-Ocampo sería rechazado en el Senado Estadounidense.

Melchor Ocampo, por su parte, que incluso avenidas y monumentos tiene en varias ciudades del país, fue en realidad un personaje oscuro e inútil que se atravesó en nuestra Historia y que, al retirarse meses después a su casa en Michoacán fue asesinado por los Conservadores.

Doña Ignorancia les promovió a estos, como a muchos otros, monumentos y avenidas, sin en realidad merecerlo. Claro, en este punto no hay que irse al extremo opuesto y decir que México tuvo solo personajes nefastos en su Historia. Hay decenas, cientos de personajes en verdad valiosos, pero desconocidos para la mayoría.

Miguel Miramón, Conservador y etiquetado por la penosa historia de la SEP como traidor, no lo era en realidad. Él rechazó contundentemente las humillantes propuestas del vecino del norte y terminó derrotado y expulsado de la Presidencia por Juárez, a cuyo gobierno Washington legitimó.

Doce años atrás, contando con solo 14 años de edad (1847), había defendido Chapultepec ante los invasores Estadounidenses, pero su nombre no se inmortalizó como la de los otros seis jóvenes-niños que murieron y que ahora conocemos como los Niños Héroes. Después de este golpe de suerte de Juárez que lo expulsó del Palacio Nacional en 1860, Miramón sería uno de quienes dos años más tarde propondría a Napoleón III traer a Maximiliano a México para implantar el Segundo Imperio (1863-1867). Miramón era, mucho más que Juárez o Melchor Ocampo, un patriota, a pesar de su error de haber invitado junto con otros Conservadores a implantar en México un Imperio apoyado por Francia.

Desde su independencia en 1821, México había vivido 40 años inmerso en el caos. Lo que Miramón deseaba era que México tuviera un rumbo cierto; ya habían transcurrido 4 décadas completas en las que se había demostrado que los Mexicanos no eran capaces de gobernarse a sí mismos. Aunado a esto varias potencias como los Estados Unidos, Francia o Inglaterra, tenían deseos de seguir hundiendo al país, aprovechándose de sus desgracias internas. La política, base de cualquier organización social, no había podido establecerse en México. Sin orden político, la economía se torna en un caos. Esa era la penosa situación de México cuando EU está a punto de absorberlo en 1859. Esa era la situación que obligó a algunos Mexicanos a ofrecer el trono del Imperio Mexicano a un extranjero: a Maximiliano de Habsburgo (1864-1867)

Muchos historiadores tacharon a los Conservadores de traidores pero no lo eran tanto; sin embargo, hay que entender que fue un error, pero no del tamaño como lo marca la lamentable historia de la SEP. Antes que juzgar hay que conocer. Llevando este ejemplo a la época actual, aquí tenemos al Tabasqueño Jefe de Gobierno de la Ciudad de México trayendo en 2001 a un extranjero (al ex alcalde de Nueva York) a solucionar la criminalidad en la Capital del país. ¿ Habría entonces que tacharlo de traidor ? ¿ No es muy parecido a lo que intentaron hacer los Conservadores ? Ambos, Miramón y el Jefe de Gobierno, intentaron traer de fuera lo que los Mexicanos no han podido hacer dentro. La historia se repite, aunque los personajes se encuentren a 150 años de distancia. Claro, pido disculpas a Miguel Miramón por osar compararlo con el Jefe de Gobierno.

Si hoy nos seguimos lamentando por haber perdido el 55% de nuestro territorio durante la invasión Estadounidense de 1846-48, debemos también de sentirnos muy afortunados de mantener los 2 millones de km2 que hoy nos quedan. En 1859 México sobrevivió como país y mantuvo su mutilado territorio por diversas casualidades.

Cuando viajemos por Baja California, Sonora o Chihuahua, sintamos que esas tierras, las mas propensas a ser arrebatadas por nuestros vecinos, se quedaron bajo nuestro propio suelo, pues son aquellas tierras que sentíamos perdidas y milagrosamente conservamos.

Quienes hubiesen deseado -antes o ahora- que México fuera absorbido por los EU en 1859, no pueden ser buenos Mexicanos. Quienes se queden a vivir en México, que sea porque lo aman, con todos sus defectos y virtudes; de otra forma, tenemos 15,000 Km.entre fronteras y litorales, para dejarlo.

LA ISLA DE MEZCALA (del Lago de Chapala)

Domingo, Junio 22nd, 2008

En el Lago de Chapala existen algunas islas; en una de ellas, en la de Mezcala, se desarrolló un acontecimiento interesante durante la Guerra de Independencia. Tras el fusilamiento en 1811 de los principales jefes Insurgentes (Hidalgo, Allende, Jiménez, Abasolo), la bandera de la Independencia continuó viva por diferentes puntos de la Nueva España. Uno de ellos era la ribera del Lago de Chapala; para 1812, las poblaciones aledañas se habían visto acosadas por las fuerzas realistas comandadas por dos militares (Negrete y del Río).

Vista de la Isla de Mezcala desde la ribera norte del Lago de Chapala. Fotografías: Andrés Campos.
Estado actual de la prisión (construida a posteriori). Fotografías: Andrés Campos.

El Gobierno de la Nueva Galicia había ordenado desde Guadalajara, acabar con la insurrección. Los Insurgentes confiaron el mando de sus huestes al indígena local Encarnación Díaz; apoyado éste por un pequeño ‘ejército’ de hombres que portaban machetes y solo un fusil, atacaron a las fuerzas realistas a las cuales derrotaron. En la acción se apropiaron de material bélico. Debido a la fragilidad de su contingente, decidieron buscar un refugio seguro y alejado de las poblaciones que resguardaban, temiendo que el ejército realista arrasara con sus pueblos. El lugar elegido fue la Isla de Mexcala; para trasladarse, construyeron 20 botes. Un sacerdote de la ribera, el Padre Marcos Castellanos, había seguido calladamente la invitación que en 1810 había hecho Hidalgo para promover entre la población la idea de la Independencia. Con sus pocos conocimientos militares, organizó a los insurrectos y los parapetó en la isla. El Gobernador de la Nueva Galicia -José de la Cruz- decidió atacar a los Insurgentes, para lo cual mandó construir botes en San Blas.

Reconocimiento a los personajes que sobrevivieron en la Isla de Mezcala. Fotografía: Andrés Campos.

Antes de atacarlos, su ejército arrasó Tizapán, de donde los ribereños les proveían víveres a los insurrectos. El ataque a la isla fue un desastre para el ejército Realista, sobreviviendo solo el oficial Galli (italiano) y algunos soldados (Feb..1813). Durante los meses siguientes, los ataques continuaron sin resultados. El Gobierno Neogallego decidió entonces cambiar la estrategia, optando por el bloqueo; antes, envió un emisario para ofrecer el indulto a cambio de la rendición de los Insurgentes, petición que fue rechazada. Durante los 12 meses siguientes, todas las poblaciones de la ribera fueron militarizadas para impedir el envío de víveres a los isleños. Sin embargo, la estrategia realista no funcionó en su totalidad, ya que los Insurgentes enviaban botes sigilosamente por las noches a recoger los víveres que la población les proporcionaba.

Para Marzo de 1814, el Gobernador vio que el bloqueo no había sido efectivo y decidió atacar nuevamente; esta vez el plan era ocupar primero la Isla Chica que está a poca distancia de la de Mexcala y que también estaba ocupada por los Insurgentes. Sin embargo, los oficiales a cargo de ejecutar este plan, no se atrevieron a ponerlo en práctica, temerosos de un nuevo desastre. Cabe destacar que los militares a cargo de la empresa, tenían amplia experiencia militar marítima en operaciones en África. La operación fue desechada. Días más tarde, una avanzada insurgente fue atacada durante la noche al momento de recoger víveres muriendo más de 100 de ellos frente a Ajijic.

En este periodo de 4 años (1812-16), el empuje de la Independencia se había reducido, especialmente tras el fusilamiento de Morelos (Dic..1815). La guerra tenía ya 5 años de iniciada; el costo económico y de vidas era muy grande. En Nueva Galicia, la situación era similar. Para finales de 1816 la situación de los independentistas era desesperada; la peste y el hambre los mataban a diario. El Padre Castellanos negoció entonces la capitulación con el Gobernador de la Cruz; la noticia fue celebrada en Guadalajara. De los miles que habían iniciado el movimiento solo 800 sobrevivían en pésimas condiciones de salud. El Gobernador de la Cruz cumplió su promesa de respetar la vida de los insurrectos; su decisión enaltecía a ambos bandos, a uno por su tenacidad y heroísmo y al otro por el cumplimiento de la palabra empeñada. No hay gloria comparable a la del patriotismo desinteresado y por ello es de elemental justicia reconocer a estos Mexicanos cuya heroica defensa de Mexcala enfatiza el esfuerzo de nuestro pueblo por lograr su Independencia.

Innumerables sucesos como este ocurrieron durante todo el siglo XIX en nuestro país. Muy triste resultaría para estos heroicos Insurgentes saber que casi ningún Mexicano conoce -hoy día- de su gesta. Más aún el que no exista en Jalisco un monumento que los honre.

LA INVASIÓN FRANCESA (1862-1867)

Domingo, Junio 22nd, 2008

ANTECEDENTES.

La semana anterior terminamos de repasar el periodo conocido como Guerra de Reforma (1858-1861) también conocida como Guerra de Tres Años. La invasión Francesa está íntimamente ligada a la Guerra de Reforma; los derrotados en ella, los Conservadores, buscaron en el extranjero la ayuda para derrotar a los Liberales.

Durante la Guerra de Reforma, como vimos, México estuvo en grave riesgo de no existir más como nación y ser absorbido por los EU. Sin embargo, nuestros vecinos no lo hicieron por su propia sobre vivencia. De haberse devorado a México, los Sureños Estadounidenses se hubiesen fortalecido y, entrando al área de las especulaciones, podrían haber vencido a los Unionistas (los del Norte) y creado el país que llamarían Estados Confederados de América, fracturando así a los Estados Unidos en dos naciones.

Esta situación de guerra dentro de los Estados Unidos, fue también clave para que Napoleón III aceptara la idea de invadir México, pues aprovecharía que los Estadounidenses estaban ‘ocupados’ para poder ‘tranquilamente’ ingresar a México. La Guerra de Reforma tuvo muchas implicaciones, de entre las más trascendentes están:

  1. Representó la victoria del grupo de Liberales sobre el de los Conservadores, aunque aún faltarían un último enfrentamiento (el de la invasión Francesa).
  2. Con la victoria se afianzó la Constitución Liberal de 1857 la cual, entre otras cosas, separaba a la Iglesia del Estado y se apropiaba éste último de los bienes de la primera.

Al terminar la guerra, Juárez se trasladó de Veracruz a la Ciudad de México para reiniciar desde ahí su gobierno. Sin embargo, los problemas económicos del país eran aún más graves. La guerra había mermado la paupérrima economía del país, el Gobierno estaba -como ya era una tradición- en bancarrota y los recursos que podría obtener de la venta de los bienes de la Iglesia tenían tantos problemas legales que era imposible captar recursos de ahí. En este punto, como ejemplo, diríamos que durante la Guerra, la Iglesia utilizó muchas artimañas para cambiar de nombre al propietario de las decenas de miles de hectáreas de su propiedad, apareciendo, por ejemplo, prestanombres, de manera que cuando el Estado pretendió apropiarse de dichas propiedades, éstas ya no estaban a nombre del Clero. Juárez y su Secretario de Hacienda analizaron la situación económica y decidieron que no había otro camino que informar a los acreedores, principalmente Francia, Inglaterra y España, que el país se declaraba en suspensión de pagos de la deuda externa.

Habría que recordar que los ingresos del Gobierno Mexicano dependían casi exclusivamente de la aduana de Veracruz, puesto que la actividad económica en el país era la de una nación agrícola primordialmente (80% de la población vivía en el campo) y era obvio que captar impuestos de ellos era menos que impensable. La industria prácticamente no existía, pues la poca que había como la minería o la textil estaba en una situación lamentable por tantas guerras e inseguridad en los caminos. Ante esta situación, el caldo de cultivo para una nueva intervención extranjera en México, estaba preparada. Como en cualquier hecho histórico, hay muchas circunstancias que ocurren alrededor; los hechos históricos no se dan aislados, tienen muchas vertientes que los originan o agravan.

ACERCAMIENTOS CON NAPOLEÓN III.

Con el triunfo Liberal encabezado por Juárez, a los Conservadores no les quedó otra alternativa que huir de la Ciudad de México; varios de ellos se autoexiliaron en EU y Europa. Con la suspensión de pagos de la deuda externa, España, Inglaterra y Francia enviaron a Veracruz embarcaciones militares en Diciembre de 1861. Napoleón III deseaba aprovechar la coyuntura que le otorgaba esta situación para implantar en México una Monarquía dependiente de París.

Napoleón III. Su idea de detener el avance de los Estados Unidos en América lo animó a su ‘aventura Mexicana’.

Conocedor de la situación, Napoléon III y sus contactos se acercaron a los derrotados Conservadores. Pero en México no solamente los Conservadores apoyaban la idea; terratenientes, la Iglesia y grupos de poder que se verían afectados por la implantación de las Liberales Leyes de Reforma eran animados apoyadores de la idea.

La población Mexicana estaba más que harta por los más de 50 años de guerras internas e invasiones extranjeras y, ante la evidente falta de organización de los propios Mexicanos, veía en Europa la posibilidad de acceder a una mejor organización política que les trajera tranquilidad y progreso. El escenario para el último enfrentamiento entre los Conservadores y Liberales en la Historia de México estaba preparado.

El Gobierno Juarista negoció con las 3 naciones Europeas la suspensión del pago de la deuda exterior, pero Francia decidió tomar las armas para exigir su cumplimiento. En Abril de 1862, las embarcaciones de España e Inglaterra se alejaban de las costas Veracruzanas, al conocer la decisión de París de invadir México. Las tropas Francesas sumaban 7,000 soldados y estaban consideradas como el ejército más respetable del mundo.

Como punto de comparación, a los Estadounidenses les llevó 2 años (1846-48) y 10,000 hombres invadir México y ocupar la Ciudad de México. Al iniciar su recorrido hacia el Valle de México, tanto los altos mandos como la tropa Francesa suponían que su avance hacia la Capital sería sencilla e incluso en medio de cálidas bienvenidas. Estas ideas habían sido nutridas por Juan Almonte (Conservador, hijo de Morelos) y Dubois de Saligny, Embajador Francés nombrado por Napoleón. Los Franceses enfrentaron ataques aislados de facciones militares Mexicanas en El Fortín y Acultzingo.

Ante la inminente invasión y sin recursos económicos para hacer frente al Ejército Francés, Juárez ordenó un primer frente militar en la Ciudad de Puebla, poniendo al frente de su Ejército a Porfirio Díaz, Jesús González Ortega, Ignacio Zaragoza, Felipe Berriozábal y Miguel Negrete. Puebla era una de las ciudades más conservadoras y religiosas del país. Al igual que durante la invasión Estadounidense de 1846-48, la Iglesia atendió a sus propios intereses e instigó a la población a ver con buenos ojos a los invasores.

Habría que detenernos un momento y analizar la inmensa influencia que en la sociedad Mexicana tenía la Iglesia, la cual movía a placer los hilos de sus intereses económicos. Puebla, posiblemente la más conservadora de las ciudades Mexicanas, veía con especial agrado la llegada de los Europeos. Por ello, después de la batalla del 5 de Mayo, Zaragoza sugirió a Juárez incendiar Puebla.

ANTECEDENTES DE LA BATALLA DE PUEBLA.

Aunque nunca debe de generalizarse, una buena parte de la población civil de la Ciudad de Puebla no veía al ejército invasor como un enemigo real. Había algunas razones bastante ruines entre la población para aceptar la idea de que otra nación más desarrollada viniera a gobernar al país. A mediados del siglo XIX, Francia representaba para el mundo Occidental lo ‘refinado’, era el país del ‘glamour’ y las artes, la música, pintura, arquitectura y literatura. Hasta el conocimiento de su propio idioma era visto como un símbolo de refinamiento y nivel social.

Un país totalmente nuevo como México, aún no vivía cohesionado y buscaba en lo extranjero los valores que en realidad tenía dentro. Habían transcurrido solamente 13 años después de la última invasión (EU) que costó al país la pérdida de 2.4 millones de Km2 (México tiene actualmente 2 millones). Esa última invasión había dejado sin embargo, una amarga lección de que los Mexicanos no debían enfrentar a sus enemigos desunidos.

La joven generación que defendió al país durante la invasión Estadounidense, tenía ahora entre 30 y 40 años de edad y tomaba sobre sus hombros la defensa del país. Así, con una escalofriante falta de recursos económicos, el país conjuntaba en la Ciudad de Puebla su única y última resistencia, ante la inminente toma de la Ciudad de México. Un primer enfrentamiento menor ocurrió en Acultzingo, en donde Ignacio Zaragoza al frente de 3,000 hombres enfrentó a una avanzada del ejército Francés, pudiendo en la refriega, hacerles 32 bajas. La pequeña escaramuza duró unas 3 horas. El ejército Mexicano era una mezcla de militares mal armados e indígenas peor armados.

A su organización acudieron los mejores Generales del grupo Liberal, lidereados por Porfirio Díaz (Oaxaca), Felipe Berriozábal (Zacatecas), Ignacio Zaragoza (Texas), Jesús González Ortega (Zacatecas). Batallones de Veracruz, Querétaro, Ciudad de México, Oaxaca, Toluca y San Luis Potosí llegaron a Puebla apenas unos días antes del enfrentamiento con el ejército Francés.

Inicio y ocaso del Imperio de Maximiliano. Su llegada junto con Carlota a la Ciudad de México (12 de Junio de 1864). El nuevo Emperador se dirige por la calle de San Francisco a la Catedral en donde es esperado por el Arzobispo Antonio Labastida http://www.inep.org/content/view/1657/75/.
Daños ocasionados al Convento de la Cruz en Querétaro durante el ataque del General Escobedo a las fuerzas Imperialistas de Maximiliano. Días más tarde el Emperador sería capturado junto con los Generales Mejía y Miguel Miramón.

Por su parte los Franceses, en cuanto les fue posible se alejaron del Puerto de Veracruz, debido a su clima malsano. Para el 26 de Abril, sabedor de que los Mexicanos preparaban su defensa en la Ciudad de Puebla y seguro de la capacidad de sus tropas y de la paupérrima situación del ejército Mexicano, el General Lorencez envió al Ministro de Guerra en París el siguiente mensaje: “tenemos sobre los Mexicanos, tal superioridad de raza, de organización, de disciplina, de moralidad y de elevación de sentimientos, que ruego a Vuestra Excelencia, quiera decir al Emperador, que desde ahora, a la cabeza de mis seis mil soldados, soy dueño de México”.

Era Mayo de 1864; el Imperio sería efímero pues su vida terminaría en Mayo de 1867 cuando tras resistir la embestida del Ejército Liberal en la Ciudad de Puebla y la Ciudad de México, Maximiliano sería apresado en Querétaro y fusilado al mes siguiente. Diversas presiones recibió el Presidente Juárez no solo de la Iglesia Católica de México y sectores sociales Mexicanos, sino también de emisarios y comunicaciones provenientes de Europa. Aún así, de acuerdo a una Ley publicada previamente en Enero de 1862, Juárez refrendó la condena a muerte de Maximiliano la cual se llevó a cabo en el Cerro de las Campanas, en la Ciudad de Querétaro en Junio de 1867.

Juan José Baz acompañó al General Porfirio Díaz en las tomas de la Ciudad de Puebla y Ciudad de México, recobrando así para el país la capital de la República.
máscara mortuoria de Maximiliano. Su cadáver sufrió diversas vicisitudes desde su primer embalsamamiento, su traslado a la Ciudad de México, Veracruz hasta su llegada a Viena en donde se encuentra su sepulcro. Justamente fué Juan José Baz, Gobernador del DF quien, ante la llegada del cadáver de Maximiliano a la Ciudad de México para ser reembalsamado ordenó en una noche el derribo del templo en el que eran velados los restos del malogrado Emperador. Algunos habitantes de la capital habían comenzado a ubicar al templo como un ‘centro de devoción’.

Este día del fusilamiento de Maximiliano, Juan J.Baz, escribe a su querido amigo y señor Benito Juárez : “compadezco al hombre lo mismo que a los Mexicanos que hay que sacrificar; pero este acto de severidad era indispensable para matar el principio que la persona representaba y quitar el pretexto de revolución a los trastornadores del orden. Este ejemplo hará que en Europa se nos respete y quitará las ganas a otros aventureros de venir por acá ”. http://www.inep.org/content/view/39/75/

EL HIMNO NACIONAL MEXICANO

Domingo, Junio 22nd, 2008

El 14 de Septiembre de 2004, se cumplen 150 años de que el Himno Nacional fue interpretado por primera vez (recordemos que las fechas no son importantes para conocer de Historia aunque sí nos ayudan para ubicarnos en el tiempo; lo trascendente son los procesos).

El himno que actualmente conocemos no fue el primero; hubo otros varios que por diversas razones no permanecieron, entre otras razones porque en ellos se hacía referencia a personajes históricos. Como sabemos, México se pasó 46 años luchando entre 2 bandos (liberales y conservadores) por lo cual el Gobierno en turno desalentaba o desdeñaba el himno de más reciente creación.

Cuando México logró su independencia de España (1821) José Torrescano creó en ese mismo año el primer himno; en los años posteriores hubo otros intentos fallidos. Ninguno de ellos permaneció; una razón puede ser que el concepto de unidad nacional requería de un ‘terremoto’ para sentir la necesidad de cohesión.

Ese terremoto fue muy costoso y llegó con el final de la invasión Estadounidense de 1846-1848. El trauma del despojo de más de la mitad del territorio nacional y la humillación de la que el país fue objeto, empezaron a crear la conciencia de unidad.

Al año siguiente de que el Ejército Estadounidense liberó puertos y ciudades Mexicanas, la Academia de San Juan de Letrán lanzó una convocatoria a la cual se registraron varios músicos y escritores, la mayoría de ellos de origen extranjero.

Hubo 3 convocatorias más entre 1850 y 1853. Parecía que la necesidad de un himno era muy evidente. Durante el último gobierno de Antonio López de Santa Anna, éste le solicitó al Ministro de Fomento, Colonización, Industria y Comercio, Miguel Lerdo de Tejada, lanzar una convocatoria con mayor formalidad para obtener un himno.

En primera instancia se lanzó el concurso para definir la letra; fueron recibidas 26 composiciones. La elegida fue la que compuso el joven Potosino Francisco González Bocanegra (29 años). González Bocanegra era hijo de padre Español; a los 3 años de edad salió con su familia de México, pues el embajador Estadounidense en México -Joel Poinsett- había urdido al Presidente Victoria a expulsar a todos los Españoles de México.

Francisco González Bocanegra, Potosino, autor de la letra.
Jaime Nunó, Catalán (Español) autor de la música.

Sin embargo regresó a México en 1836 y se estableció en la Ciudad de México, donde años adelante ocupó diversos cargos como los de Administrador General de Caminos, director del Diario Oficial y censor de obras de teatro. Como era muy común en esa época, murió muy joven, a los 37 años de edad. Sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres de la Ciudad de México.

Como dato curioso, Francisco no quería participar en el concurso; sin embargo, su novia Guadalupe lo encerró en una recámara de su casa indicándole que lo ‘liberaría’ hasta que terminara la composición para cumplir con la fecha límite de recepción. Así, con la letra ya seleccionada, el siguiente paso era convocar al concurso para adaptar la composición con la obra musical.

Se recibieron 15 composiciones musicales resultando ganador el músico Español de origen Catalán Jaime Nunó (1824-1908). Nunó era director de la banda de música de la Reina de España en Cuba y apenas había apenas llegado a México en 1853 contratado como Director de las bandas militares.

Como dato curioso Porfirio Díaz lo invitó a celebrar el 50 aniversario de la creación del himno a Palacio Nacional (1904). Pero, como mencioné al principio, el himno había sido creado bajo un gobierno Conservador (el de Santa Anna), por lo cual el himno que actualmente conocemos es solamente una parte del original, al cual se le retiraron varias estrofas que revisaremos la semana entrante.

La composición original de González Bocanegra incluía 10 estrofas, que serían canceladas o modificadas con el tiempo (hoy, por ejemplo, solo interpretamos 4 de ellas (la 1, 5, 6 y 10)). Finalmente se estableció que el 14 de Septiembre de 1854 a las 7 PM se interpretaría por primera vez, de manera oficial, el himno nacional en el Teatro Santa Anna de la Ciudad de México (dicho teatro, más tarde llamado ‘Teatro Nacional’, fue derribado años después para dar paso a la actual Avenida 5 de Mayo).

Al día siguiente, 15 de Septiembre, volvió a tocarse ante el Presidente de la República. La interpretación corrió a cargo de una compañía de ópera Italiana que estaba de paso en México, cuyo director era Juan Bottesini. Los intérpretes fueron la soprano Claudia Florenti y el tenor Lorenzo Salvi.

Al año siguiente, 1855, los liberales encabezados por Juan Álvarez lanzaron el Plan de Ayutla y obligaron militarmente a los Conservadores -lidereados por López de Santa Anna- a abandonar la Presidencia. Dos meses después de asumir el poder, Juan Álvarez cedió la Presidencia a Ignacio Comonfort, pues Álvarez era una persona mayor, además de que añoraba la vida campestre de su rancho en Guerrero y a que la altura de la Ciudad de México lo afectaba. Comonfort, ya Presidente, hizo caso omiso del flamante himno al igual que los Gobiernos posteriores (el himno volvió a tomarse en cuenta hasta la invasión Francesa de 1862).

Exterior e interior del Teatro Nacional en donde se interpretó por primera vez el Himno Nacional.
El Teatro fué demolido (1901) para dar paso a la avenida 5 de Mayo en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Sin embargo vale mencionar que el Gobernador del Distrito Federal, Juan José Baz (Liberal), permitió que se interpretara parcialmente durante su toma de posesión eliminando varias estrofas, pero especialmente la 4 y 7, en las que se hacía referencia a Santa Anna e Iturbide respectivamente.

Dichas estrofas eran las siguientes:

IV

Del guerrero inmortal de Zempoala
Te defiende la espada terrible,
Y sostiene su brazo invencible
Tu sagrado pendón tricolor.
El será del feliz mexicano
en la paz y en la guerra el caudillo,
Porque el supo sus armas de brillo
Circundar en los campos de honor.

VII
Si a la lid contra hueste enemiga
Nos convoca la trompa guerrera,
De Iturbide la sacra bandera
¡Mexicanos! valientes seguid.
Y a los fieros bridones les sirvan
Las vencidas enseñas de alfombra:
Los laureles del triunfo den sombra
A la frente del bravo adalid.

En realidad la divulgación que se le dio al himno durante varias décadas fue muy limitada; baste entender que el nivel escolar era casi nulo y que las escuelas eran el único lugar en donde podía enseñarse. Ni siquiera los maestros lo conocían.

Mucha gente por desgracia desconoce lo que significa la letra del himno nacional y se pregunta por qué es ‘belicoso’. Y volvemos al concepto de la historia: tenemos que detenernos en el tiempo y asimilar el ambiente en el que se desarrollan los hechos. México tenía 45 años contínuos de guerras, así fuera la de Independencia, la primera invasión Francesa, la guerra de Texas, golpes de estado entre Conservadores y Liberales y la reciente y traumática invasión de despojo de los Estados Unidos (1846-48).

¿ De qué querría la gente que hablara el himno entonces ? ¿ De las peleas de gallos, de lo azul del cielo de Zacatecas ?

Respecto al lenguaje que utiliza, mucha gente también lo repite sin comprender lo que dice.

¿ Cómo querrían que escribiera un poeta o un escritor ?

Una de las labores por las que el poeta o el escritor reciben un reconocimiento es por el uso que del idioma hace; ese es su trabajo, si no, serían como cualquier alfabeto. Cada vez utilizamos menos palabras en nuestro lenguaje cotidiano; estamos día a día empobreciendo nuestra rica lengua Castellana.

El himno nacional tiene influencia Española por todas partes. González Bocanegra era hijo de Español y su madre era criolla (Española nacida en nuestra América). Nunó era Español igualmente (Catalán).

Algunos se ‘espantan’ de ello, pero ¿ por qué ?

México existe por España; antes de la llegada de los Españoles solo existían reinos enfrentados entre sí (esto no niega los terribles errores que España ocasionó en nuestra formación como nación). México se llamó Nueva España por 300 años, hablamos Castellano por ellos, la religión Católica llegó por ellos. Los colores de nuestra banderá los ideó Agustín de Iturbide, Michoacano, hijo de padres Españoles.

¿ De qué nos espantamos si somos una nación Hispana ?

Dos últimos enfrentamientos habría entre Conservadores (modelo Español) y Liberales (modelo Franco-Estadunidense):

  1. La guerra de tres años (1858-1861) y
  2. La segunda invasión Francesa, promovida por los Conservadores (1863-1867).

Al ser fusilado Maximiliano (1867), el arcaico proyecto Conservador llegaba por fin a su ocaso. La República, representada por el grupo Liberal, se había consolidado. Más que aprobar o rechazar el himno creado por los Conservadores, los siguientes Gobiernos Liberales (Juárez, Lerdo y Manuel González) no le dieron importancia. En 1904 se cumplieron 50 años de la creación del Himno Nacional, para lo cual el Presidente Porfirio Díaz invitó a Jaime Nunó (ya de 80 años) a las celebraciones. Pero el desconocimiento del himno seguía siendo común.

Durante el Gobierno de Álvaro Obregón (1920-1924) se creó la Secretaría de Educación Pública promovida por el rector de la Universidad Nacional, José Vasconcelos (creador por cierto del escudo de la UNAM y de la frase “por mi raza hablará el espíritu”). Vasconcelos consolidó el más trascendente proyecto educativo del país y, una de sus muchas ideas, era el de promover al Himno Nacional a través del sector educativo, con el fin de crear una identidad nacional.

Pasarían 89 años desde su creación para que al fin, en 1943, se oficializara el Himno Nacional durante el Gobierno de Manuel Ávila Camacho (causalmente en medio de un enfrentamiento bélico, la Segunda Guerra Mundial). Finalmente durante el gobierno de Miguel de la Madrid se publicó (1984) la Ley sobre la bandera, el escudo y el himno nacionales en donde se señalan su uso y características.

Oficialmente, de las 10 estrofas originales, se eligieron 4 que son las siguientes:

CORO

Mexicanos, al grito de guerra
El acero aprestad y el bridón,
y retiemble en sus centros la tierra.
Al sonoro rugir del cañón.

I

Ciñe ¡oh patria! tus sienes de oliva
De la paz del arcángel divino,
Que en el cielo tu eterno destino
Por el dedo de Dios se escribió.
Más si osare un extraño enemigo
Profanar con su planta tu suelo,
Piensa ¡oh patria querida! que el cielo
Un soldado en cada hijo te dió.

CORO

II

¡Guerra, guerra sin tregua al que intente De la patria manchar los blasones!
¡Guerra, guerra! los patrios pendones
En las olas de sangre empapad.
¡Guerra, guerra! En el monte, en el valle Los cañones horrísonos truenen, Y los ecos sonoros resuenen Con las voces de ¡unión! ¡libertad!

CORO

III

Antes, patria, que inermes tus hijos
Bajo el yugo su cuello dobleguen,
Tus campiñas con sangre se rieguen,
Sobre sangre se estampe su pié.
Y tus templos, palacios y torres
Se derrumben con hórrido estruendo,
Y sus ruinas existan diciendo:
de mil héroes la patria aquí fué.

CORO

IV

¡Patria patria! tus hijos te juran
Exhalar en tus aras su aliento,
Si el clarín con su bélico acento
nos convoca a lidiar con valor.
¡Para ti las guirnaldas de oliva!
¡Un recuerdo para ellos de gloria!
¡Un laurel para ti de victoria!
¡Un sepulcro para ellos de honor!

CORO

Algunas de las palabras utilizadas por González Bocanegra que no son muy comunes son:

  • acero: símil de espada.
  • aprestad: preparad, preparar.
  • bridón: caballo.
  • ciñe: corona, ponte en la cabeza.
  • sienes: laterales del cráneo.
  • osare: intentare, intente.
  • profanar: entrar indebidamente a un lugar.
  • blasones: banderas.
  • pendones: estandartes, banderas.

Fue realmente milagroso que este himno haya subsistido, a pesar de haber sido convocado por el grupo derrotado en el siglo XIX (el Conservador). Y digo milagrosamente, porque aún hoy, en pleno siglo XXI vemos cómo los grupos políticos no aceptan nada que venga del grupo opositor, así sea claramente positivo. Esto nos da una muestra de la dificultad que tienen muchos Mexicanos para tolerar las ideas de otros y pensar, antes que ellos, en una visión nacional.

Esta intolerancia solo se explica por nuestras herencias indígenas y Española, déspotas por naturaleza. Correctamente escuchado, con Orquesta Sinfónica, el Himno Nacional es muy atractivo, muy distinto a la penosa interpretación como la que se escucha a media noche en las estaciones de radio.

Hoy 27 de Septiembre (1821) es el aniversario de la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, el cual marcó el fin de la guerra de Independencia de España (no así de sus ideas que por 46 años más tendría México que soportar).

SANTA FÉ DE NUEVO MÉXICO Y EL ‘CAMINO REAL DE TIERRA ADENTRO’.

Domingo, Junio 22nd, 2008

Para comprender con precisión la sensación, el aislamiento que era vivir en Santa Fé, habría que imaginar sus circunstancias.

Era, a inicio del siglo 17, la población Europea más al norte en América. Tenía apenas unos 500 habitantes hacia 1650 (HP-Guadalajara tiene aproximadamente 2,500 empleados actualmente) alejada a 3,000 kilómetros de la zona más poblada de la Nueva España. Un clima templado en el Verano y extremadamente frío en el Invierno.

No era nada sencillo formar parte de un grupo de fundadores; habría que vivir esa sensación de alejamiento y soledad extrema para comprender a estos intrépidos Mexicanos y Españoles que expandían, a costo de su calidad de vida y de su propia sobrevivencia, el territorio ya de por sí inmenso de la Nueva España.

Nulo acceso a medicina, educación, esperanza de vida, sobrevivencia insegura para cada familia ante las amenazas de ataques indígenas, dificultad para emprender cualquier proyecto (agrícola, ganadero).

La zona en donde se fundó, estaba rodeada de naciones indias, muchas de ellas enemigas de tener por vecinos a personas distintas a ellos, de diferente raza, religión y costumbres.

Los ataques indios a Santa Fé eran frecuentes y no se diga a aquéllos pobladores que pretendieran salir de la zona del pueblo o viajar al sur hacia el Paso del Norte o cualquiera otra incipiente población Española de la zona.

El peligro era constante; un colono llegado a estas tierras difícilmente volvería a salir de ella por el resto de su vida. Un correo a la Ciudad de México, si tenía la suerte de llegar por la inseguridad en los caminos, tardaba en llegar unos 7 meses.

El aislamiento de Santa Fé y todas las poblaciones NovoHispanas (Mexicanas) de Nuevo México con el resto de la Nueva España era alarmante. El territorio de Nuevo México, bajo la jurisdicción de la Ciudad de México ocupaba un área de 1 millón de kilómetros cuadrados (algo así como Francia y España juntas, o la mitad del México actual. Unas 4 veces el tamaño actual del Nuevo México de Estados Unidos). Ese inmenso territorio estaba poblado hacia 1700 por unos 7,000 NovoHispanos
(Mexicanos y Españoles).

Al consumarse la independencia de México en 1821, la población había aumentado, aunque no lo suficiente. Estados Unidos, independizado 40 años antes, había expandido su territorio y comenzaba a comerciar con esa región de México. Se creó entonces una ruta comercial entre Nuevo México (México) y algunos estados occidentales de Estados Unidos: a este comercio, los Estadunidenses lo conocieron como ‘Santa Fe trail’ y logró el intercambio de mercancías de productos Estadounidenses con Mexicanos del centro de México y del propio Nuevo México.

Cuando los EU declararon la guerra a México (1846) con el objeto de despojarlo de sus territorios del norte, el Ejército Estadunidense invadió Santa Fé y Albuquerque a través de su ya conocido camino (el ‘Santa Fe trail’). Tomado Santa Fé por el ejército Estadounidense, el siguiente paso fué cortar el cordón umbilical que la ciudad y el territorio de Nuevo México tenía con el resto de nuestro país: el Camino Real.

Pero ya de tiempo atrás, 10 años antes, los Texanos habían expandido (invadido) injustificadamente el territorio de Nuevo México, para lo cual, anexionaron la población de Paso del Norte (actual Ciudad Juárez-El Paso) con lo cual bloqueaban el camino que unía a Santa Fé con el resto de México.

Paso del Norte siempre perteneció a Nuevo México; los Texanos invadieron el territorio de Nuevo México y marcaron ahí, sin que nadie se los impidiera su frontera con México.

Aislada la población Mexicana de Nuevo México, la ocupación de ese territorio Mexicano por parte de los Estadounidenses fué más sencilla. De esta manera, los Mexicanos de Santa Fé y de todo Nuevo México quedaron en medio del botín que representó para los Estados Unidos la invasión a México de 1846-1848.

Innumerables vejaciones y despojos sufrieron a manos de los nuevos ‘dueños’ y serían, a partir de entonces, extranjeros en su propia tierra. Entre varias construcciones Mexicanas en Santa Fé sobrevive el ‘Palacio del Gobernador’, que es una construcción de un piso hecha de adobe, de unos 100 metros de largo, lugar desde el cual despachaban los representantes de los Virreyes de la Nueva España y más tarde los Gobernadores bajo el Estado Mexicano.
Santa Fé tiene 401 años de haber sido fundada. De ellos, 243 años estuvo bajo nuestro dominio y 158 años lo ha estado bajo la administración Estadounidense. La ciudad más entrañable del norte de México, Santa Fé, se había perdido para la causa Mexicana.

ORIGEN DEL NOMBRE ‘ZÓCALO’

Domingo, Junio 22nd, 2008

En muchas lugares de nuestro país se tiene la costumbre de nombrar ´zócalo´ a la plaza principal de la población. Ortodoxamente hablando es, la de la Ciudad de México la única que debe tener tal nombre. La razón de tal denominación surgió hacia 1843 cuando el Presidente López de Santa Anna (veracruzano), tuvo la idea de remodelar la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México. Su idea era cambiar su imagen barroca a una neoclásica, que era la moda de la época.

Dibujo con la propuesta de monumento a la Independencia; nunca se realizó.

Con tal propósito convocó a los principales arquitectos de México y España a proponer proyectos que modificasen la imagen de la plaza. El ganador, Lorenzo de la Hidalga (español), presentó su boceto con las muchas modificaciones, entre las que estaban:

  1. Demoler el mercado de El Parián, ubicado dentro de la propia Plaza, para darle una mayor amplitud.
  2. La fachada del Palacio Nacional sería transformada a Neoclásica.
  3. Se erigiría una columna en el centro de la Plaza dedicada a la Independencia.

El proyecto inició y comenzó por derribarse el mercado y construirse la plataforma para la columna de la Independencia; como las finanzas públicas y la continuidad política eran un desastre, hubo necesidad de detener las obras. Dicha plataforma o ´zocalo´ permaneció por décadas en el centro de la plaza pero sin nada encima. La gente se citaba en la Plaza refiriéndose a ella como ‘el zócalo’.

De esta manera, el nombre anterior de la Plaza que era ´de la Constitución´ se vió sustituido popularmente por el de ´Zócalo´. Es por cierto ese nombre, el de Plaza de la Constitución, el que sí aplica a todas las plazas de las ciudades hispano americanas, pues en 1812, los Diputados Americanos y Españoles decidieron nombrar así a todas las plazas mayores de América y España en honor a la Constitución de Cádiz de 1812.

De hecho, en el ´zocalo´ de la Ciudad de México, las placas alusivas a la plaza señalan correctamente su nombre oficial: ´Plaza de la Constitución´. Es por cierto el ´Zocalo´ de la Ciudad de México la segunda plaza civil más grande del mundo, solo detrás de la Plaza Roja de Moscú y es considerado el corazón cultural y político de México. Bajo la ´plancha´ del Zócalo y los edificios coloniales que lo circundan, se encuentran innumerables tesoros de la cultura Azteca que han sido lentamente descubiertos, empezando por el Calendario Azteca en 1790 (a los pies de la torre izquierda de la Catedral) hasta los impresionantes descubrimientos de 1978 con las ruinas del Templo Mayor y la Coyolxauhqui.(Por cierto, de acuerdo al Calendario Azteca, el 5 de Octubre de 1999 correspondería al día 1-Ocelote del año 13-caña).

Los hechos que ha presenciado esta plaza, la convierten -sin duda- en el espacio de mayor trascendencia histórica de América. La plaza ha visto desfilar a innumerables personajes, desde el encuentro de 2 humanos extraños entre sí (Cortés y Moctezuma), hasta la entrada de Virreyes, Emperadores, invasores extranjeros y caudillos mexicanos.

Incluso, vió la última aparición de la Virgen de Guadalupe al momento de quedar plasmada su imagen en la tilma de Juan Diego en 1531. Es alojamiento del mayor y más importante templo Católico de América. En sus 674 años de historia ha sido sede del Imperio Azteca (1325), de la Nueva España (1521), del efímero Imperio Mexicano (1822), de los Estados Unidos Mexicanos (1824), del Imperio de Maximiliano (1863) y finalmente de la República restaurada (1867).

Pudo ser también sede del Imperio Español, pues al ser España invadida por el ejército napoleónico (1808), se le ofreció a Fernando VII trasladar su corte a la Ciudad de México. El Rey de España íba ya en ruta hacia Cádiz para embarcarse hacia Veracruz pero fué detenido por sus súbditos y obligado a permanecer en Europa.

La importancia de este sitio, se refleja aún en nuestra bandera, pues el símbolo de la fundación de México-Tenochtitlan quedó plasmado como escudo nacional al iniciar nuestra vida independiente. Nuestro propio país y nuestra nacionalidad llevan el nombre de la ciudad fundada en esta Plaza, además de diversas partes de nuestra geografía:

Ciudad de México, Valle de México, Golfo de México, Altiplanicie Mexicana, Estado de México (antes Provincia de México) y Nuevo México.

Al finalizar la guerra de Independencia, el regiomontano Fray Servando Teresa de Mier propuso trasladar la capital del país a Querétaro, con la idea de acercar los poderes centrales a los vastos territorios del norte; el michoacano Agustín de Iturbide desechó la propuesta por considerar a la Ciudad de México, según sus propias palabras, como ´la insustituible capital de los mexicanos´. Aunque a distancia, otro lugar de nuestra geografía tiene también una gran cantidad de historia de la cual presumir; está en la costa del Golfo, es el 3 veces heróico Puerto de Veracruz.

VIGILANCIA FRONTERIZA MEXICANA ANTES DE LA INVASIÓN ESTADOUNIDENSE

Domingo, Junio 22nd, 2008

Cuántas vueltas da la Historia.

Durante varias décadas, el Gobierno de la Nueva España y posteriormente el Gobierno de México vigilaron su frontera Norte para evitar que los Estadounidenses penetraran a su territorio. La razón era simple: los Estados Unidos querían apoderarse de nuestras Provincias norteñas. Pero vayamos por partes.

Al inicio de la época colonial, y gracias a la audacia y empuje de las primeras generaciones de Españoles que conquistaron Norte América, las fronteras de la Nueva España crecieron constantemente y así alcanzaron a tener, al Norte, a Alaska (Rusia) como frontera. Con el paso del tiempo y debido a la falta de planeación y de una política que la desarrollara a ella misma y a sus colonias, España fué debilitándose arrastrando al atraso también a todas sus posesiones en América. En contraparte, los Estados Unidos tuvieron desde su independencia un plan bien establecido, una meta política y económica sobre la que se desarrollarían y así durante las décadas siguientes el progreso material que alcanzaron era evidente. Dentro de sus muchos planes, se encontraba el de la expansión territorial. Así, contando con el colapso del Imperio Español como aliado, los Estados Unidos aprovecharon varias coyunturas históricas y fueron adueñándose poco a poco de territorios Españoles como la Luisiana, la Florida, Oregón (Washington, Oregon y Idaho) y años más adelante, del Norte de México.

Pero regresemos a la época colonial.

La frontera norte de la Nueva España era inmensa; sus límites con Francia (Luisiana) y más tarde con los Estados Unidos medían más de 4,500 Km. El Gobierno de Madrid conocía a través de sus diplomáticos en Estados Unidos los planes territoriales de ese país y por ello hubo necesidad de vigilar la frontera Norte.

México comprendía el territorio marcado en lila + el marrón (rojizo). Los presidios fueron establecidos en toda esa línea fronteriza, uno cada 60 Km.

El Embajador Español en Washington ya había reportado a Madrid las intenciones expansionistas de los Estados Unidos sobre el territorio de la Nueva España. Este es un fragmento del reporte del Embajador Onís al respecto:

“Este gobierno se ha propuesto nada menos que fijar sus límites en la embocadura del Río Norte o Bravo, siguiendo su curso hasta el grado 31 y desde allí tirando una línea recta hasta el mar pacífico, tomándose por consiguiente las provincias de Texas, Alta California, Nuevo Santander, Coahuila, Nuevo México y parte de la provincia de Nueva Vizcaya y la Sonora.

Nota: Nueva Vizcaya comprendía Chihuahua, Durango, Sinaloa y porciones de Coahuila y Zacatecas.

Se ha levantado expresamente un plano de dichas provincias, incluyendo también en dichos límites la isla de Cuba como parte natural de los Estados Unidos”.

La última revisión de límites entre la Nueva España y Estados Unidos fué aprobada por Madrid en 1819; con ella, la Nueva España reducía sus límites y perdía Florida el Oregón, lo que hoy comprenden los Estados de Idaho, Washington y Oregon. El acuerdo fué conocido como Tratado Adams-Onís.

John Adams, enviado Estadounidense que negoció con España la posesión del territorio de Oregón (1819). http://www.inep.org/content/view/1707/44

El Gobierno de la Nueva España había defendido sus fronteras por medio de una línea de presidios a cargo de unidades de caballería ligera. (El concepto que tenemos hoy de la palabra ‘presidio’ lo relacionamos con cárcel, sin embargo en la época colonial el presidio era una construcción de vigilancia fronteriza). A lo largo de los 4,500 Km.de frontera, se establecieron presidios a cada 60 Km.de distancia, pero por su lejanía y por lo complicado de llevar los víveres y pertrechos militares a cada uno de ellos la tarea no fue nada sencilla.

El desorden económico y logístico causado por la Guerra de Independencia ocasionó que los víveres, uniformes y armas enviados a los encargados de los Presidios se redujera drásticamente. Pero los Presidios no solamente se establecieron en la frontera, sino también en los puertos Mexicanos más sensibles al acoso de invasores extranjeros o de los propios indios. En el extraordinario libro ‘México a través de los Siglos’ de Vicente Riva Palacio se describe con precisión la vestimenta de un soldado Mexicanoencargado de vigilar el Puerto de San Diego, Alta California:

“…el soldado encargado de la vigilancia vestía su traje militar en color azul, severamente desgastado. Tenía remiendos en los remiendos y el color azul original estaba totalmente desteñido. A pesar de ello realizaba su labor de vigilancia con suma responsabilidad…”.

Indumentaria y armamento de un soldado encargado de vigilar su Presidio.

Sin embargo, después de la Independencia, los Presidios decayeron al igual que las Misiones; los vecinos de los pueblos fronterizos se hicieron cargo dentro de sus posibilidades de la defensa de las fronteras. Los Presidios, que de por sí habían estado desguarnecidos y ofrecían poca defensa, se encontraron ya muy desatendidos para 1845; había en ellos escasez de comida, ropa y salarios. Los uniformes no existían y algunos soldados se dedicaron a robar. Por eso, cuando las tropas Estadounidenses llegaron a invadir el Norte de México en 1846, encontraron una frontera extremadamente débil.

La inseguridad en el Norte del país era tan grave, que los pobladores temían más a un ataque de los bien armados indios que a la guerra con Estados Unidos quienes, inteligentemente ofrecieron pacificar la región, cosa que no cumplieron, hasta que despojaron a México de los territorios del Norte. Fue tal el clima de indefensión de los norteños, que algunos Apaches llegaron a cobrar impuestos a los viajeros y se mantenían al tanto de los acontecimientos porque leían el correo que éstos llevaban.

Los culpables indirectos de esa violencia creciente, según denuncias de la época, fueron los Anglosajones que traficaban con armas. Notas de un periódico Texano informaban que en 1838 los vendedores Estadounidenses de armamento tenían un excelente mercado en todos los territorios del norte de México, especialmente en las poblaciones de Taos, Santa Fe, Albuquerque y El Paso, todas ellas en Nuevo México.

La intromisión de los Estadounidenses en la zona causó tremendo desorden, pues obligaron a los Indios -especialmente los Comanches y Apaches- a robar para comprar armas y defenderse de la campaña de exterminación que iniciaron los Anglo-Americanos en su contra. Además los Estadounidenses los azusaban para atacar poblaciones Mexicanas para, con ello, promover la venta de armamento; negocio redondo (¿ suena familiar ?).

Ante el problema, las autoridades de Chihuahua y Nuevo México reaccionaron drásticamente y advirtieron que ejecutarían a los Anglonorteamericanos que encontraran vendiendo armas, pólvora o municiones a los indios. En los años que siguieron a su Independencia, México pudo ver que la liberación de España no significó la liberación económica: dejó de ser dependiente de España para depender de Estados Unidos. En pocos años, los habitantes del norte fueron testigos de un nuevo fenómeno cuando los comerciantes Estadounidenses saturaron el mercado de Nuevo México y extendieron sus tentáculos hasta Chihuahua, lo que significó que los pobladores, después de haberse sacudido el mercantilismo Español (con toda su falta de libre mercado), habían caído en el Estadounidense. La acelerada entrada de mercancías, de extranjeros y de capital, aumentaron la actividad económica en algunas regiones de la nueva frontera, entre ellas Paso del Norte, pero también las hizo depender en gran medida de los forasteros, quienes acabaron por tener un importante papel en el comercio y en la industria norteñas.

Misión de Nuestra Señora de Guadalupe del Paso del Río del Norte (1682).

Tal como había ocurrido en Texas, en el siglo XIX México no pudo poblar Nuevo México ni la Alta California, ni fue capaz de establecer barreras para mantener a raya a los Anglonorteamericanos. La falta de una política poblacional por parte de España y luego de México ocasionó que los Norteños se sintieran alejados del centro político del país y que les daría a los Texanos uno de varios pretextos para independizarse de México en 1836.

La sublevación-independencia de Texas duró 10 años (1836-45) y, finalmente, de acuerdo al plan establecido por los Estados Unidos décadas antes, ese territorio Mexicano fue admitido como estado de Estados Undios en 1845, lo cual ocasionó la guerra entre ambos países y que terminó con la invasión militar por 2 años a México y la pérdida del 55% de nuestro territorio. Tras este despojo, la vida de los Mexicanos del Norte no mejoró, pues los diferentes conceptos económicos entre los dos países hicieron que la nueva frontera empezara a diferenciarlas enormemente.

Las diferencias comerciales eran muy marcadas pues del lado Estadounidense prevalecieron condiciones de libre mercado mientras que en el Mexicano había muchas restricciones para emprender cualquier cosa. Los impuestos y tarifas establecidas por el gobierno Mexicano eran mayores que las Estadounidenses, además de que la falta de control y el manejo de ellos a través de los caciques locales hacían imposible el desarrollo de la región. Las obsoletas alcabalas (impuestos que se cobraban entre un estado y otro desde la época colonial) se mantenían sin cambio.

Entre 1845 y 1853, los impuestos federales Mexicanos a los productos importados rondaban el 35% mientras del otro lado eran solo del 15%. Estos y otros factores negativos bloquearon la actividad económica de las entidades del Norte del país y ayudaron a que muchos Mexicanos cruzaran la frontera con toda tranquilidad para encontrar mejores oportunidades de desarrollo o, para quienes se quedaban en México, de adquirir productos más baratos del lado Estadounidense. Caray, estamos hablando de 1850 y hoy a 150 años de distancia, aunque las diferencias no son ya tan distantes como hace 20 años, sigue manteniéndose ese diferencial competitivo; seguimos repitiendo los mismos errores de hace siglo y medio.

El costo de vivir en las ciudades Mexicanas del Norte era más alto que la de sus vecinos del otro lado. En algunos artículos el costo de los productos era casi de la mitad. Por estas diferencias, por paradójico que parezca, los pueblos Estadounidenses empezaron a desarrollarse a expensas de los Mexicanos y en algunos de ellos la migración ocasionó que se despoblaran, dejando aún más endeble la frontera. Al no haber libertad de desarrollo, algunos de quienes se quedaban del lado Mexicano se dedicaron al contrabando con la ayuda de algunos empleados de las aduanas.

Los pocos periódicos de la región sugerían que la única salida para esta zona del país era que se declarara zona libre para así poder competir con las poblaciones Estadounidenses. La crisis que ocasionó en la nueva frontera el proteccionismo y la falta de una planeación para la región, presionó al Gobierno de Chihuahua a crear una zona libre en la frontera de Chihuahua con EU (1858), sin embargo sería abolida 2 años más tarde. Además de las deficiencias de planeación del Gobierno Federal y de los Gobiernos estatales, algunos Estadounidenses robaban y atacaban a los pocos ranchos Mexicanos de la zona, además de obligar a los indios (Apaches y Comanches entre otros) a ingresar a México para crear pánico en las poblaciones Norteñas y así poderles vender armamento.

Como ejemplo del olvido de la región, dos datos:

  1. La población Mexicana más importante de la zona fronteriza era Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez) con 3,000 habitantes.
  2. Para 1950 vivían en la frontera Norte del país alrededor del 2% de la población Mexicana. Hoy ese porcentaje es 5 veces mayor, el 10%.
  3. En 2000, dentro de las 7 ciudades más pobladas de México, se encuentran Ciudad Juárez (2 millones de hab.) y (Tijuana 1.2 millones).
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