EL BINOMIO DIOS-REY. FINAL DEL LEGADO POLÍTICO DE ESPAÑA EN MÉXICO

Junio 22nd, 2008 | by JBGL |

Tras culminar la conquista del Imperio Azteca en 1521, los Españoles comenzaron la consolidación de las regiones sojuzgadas. Una de las primeras tareas a las que habría de avocarse los Europeos sería pacificar las tierras conquistadas y para ello deberían de echar mano de la misma estrategia que utilizaron para aliarse con otras naciones indígenas al atacar militarmente al Imperio Mexica: la cuestión religiosa y política. Los Españoles se encontraron con una ‘agradable’ coincidencia para sus intereses: todas las culturas indígenas utilizaban la asociación ‘Dios-Rey’ para sojuzgar a sus súbditos. Esa misma ‘asociación’ existía en España así que conocían bien el método a utilizar.

En España, la población obedecía a los ‘mandatos divinos’ emanados de la Iglesia Católica, al igual que los indígenas obedecían ciegamente las órdenes de los supremos Sacerdotes quienes ‘conocían’ los deseos de todos sus Dioses. El manipuleo de las almas fué así pieza clave para dominar a través del espíritu las posibles guerras de reconquista por parte de los indígenas. La España que dominó durante 300 años a sus colonias Americanas, aplicó este binomio ‘Dios-Rey’; las instituciones emanadas de ambos, la Iglesia y las Cortes, fueron instituciones que explotaron a la población apoyados en su ignorancia y en el riesgo de ‘perder su alma’ para la vida eterna. Así, se enriquecieron a sus costillas.

Torre de la Catedral de Sevilla, España y pintura del Rey Felipe II. La Iglesia Católica y el Rey dirigieron el destino de España y sus colonias, pero obstaculizaron su desarrollo. Este binomio de poder perduraría aún después de la independencia de las colonias Americanas de España, como la Nueva España (México).

Tres siglos fueron suficientes para que las colonias Americanas de España asimilaran estas ideas por lo que, al alcanzar su independencia de Madrid, la mentalidad continuó atada a esas ideas religiosas. Décadas les tomaría a algunos de los países independizados liberarse parcialmente del yugo eclesial.

En el caso de México esa lucha perduró por más de 50 años en los cuales el país se enfrentó en dos bandos: uno que defendía el status quo en donde la Iglesia continuaba su predominio económico y político sobre el país y el otro en donde personas con ideas renovadas deseaban instaurar en México un Estado moderno, laico y fuerte.

Dentro de esa lucha de 5 décadas, México fue presa fácil de invasiones extranjeras como las Francesas de 1838 y 1863 y las Estadounidenses de 1836 y 1846-1848. Esta incertidumbre le costó también a México perder más de la mitad de su territorio original así como rezagarse del desarrollo que alcanzaron otras naciones cuya meta política y económica estuvo clara desde su fundación, como lo fue el caso de los Estados Unidos.

Por increíble que parezca, ésta idea perduró aún en la España del siglo 20; Francisco Franco se autodenominaba ‘caudillo de España por la gracia de Dios’. España sufrió también los embates del Conservadurismo religioso y todas sus ramas en la sociedad Española; este ‘embate religioso’ marcó igualmente el rezago material de España respecto del resto de Europa Occidental. Al consumarse la Independencia de México en 1821, el nuevo país se quedó sin una parte del binomio: el Rey. Su figura fue sustituida por el Presidente en turno, cuyos poderes económico, militar y político eran extraordinarios.

Esta fuerza Presidencial unipersonal se mantuvo intacta por siglo y medio, terminándose en el periodo Presidencial de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). De la parte de ‘Dios’, se encargó en debilitarla ligeramente la generación de Benito Juárez con sus Leyes de Reforma (1857); esta generación pudo iniciar una incipiente disminución del poder eclesiástico sobre el país y la población. Sin embargo, la enajenación de las propiedades de la Iglesia no sería la única forma de reducir su ‘poder espiritual’, el mismo que por 400 años había hundido en la miseria y la ignorancia a la mayor parte de la sociedad Mexicana. La fe, usualmente rayando en el fanatismo, no se redujo, por el contrario, se encendió fuertemente con los constantes choques entre Gobierno e Iglesia. El resultado derivó en una guerra civil que dejó miles de muertos entre 1928 y 1935, especialmente en la zona centro del país (Michoacán, Guanajuato, Querétaro, Jalisco, México y Zacatecas).

Una de las consecuencias de dicha tensión entre Gobierno e Iglesia llevaría al asesinato del candidato Presidencial triunfador Álvaro Obregón en Julio de 1927 a manos de un activista Católico, José de León Toral en San Ángel (Distrito Federal). Este asesinato rompería la inercia que Calles y el propio Obregón habían establecido para mantenerse en la Presidencia (se intercalaron los periodos Presidenciales 3 veces en 1920, 1924 y 1928). La muerte de Obregón obligó a Plutarco Elías Calles a sustituir al candidato triunfante asesinado. Fue entonces cuando, en un discurso memorable para la Historia del México del siglo 20 durante su Informe Presidencial del 1 de Septiembre de 1928, manifestó que el país ya no debería de ser gobernado por caudillos sino por instituciones. Este proyecto tenía el objeto de aglutinar a todas las ‘fuerzas vivas’ del país (sindicatos, políticos, militares, campesinos, obreros, sector popular, etc.) en una sola fuerza política representada en diversos sectores de un partido político nuevo.

Dicho partido se fundó en Marzo de 1929 con el nombre de Partido Nacional Revolucionario. -el PRI actual-. El PNR (PRI) se encargaría de canalizar y amortiguar las tentaciones de poder no satisfechas. El poder sería repartido entre dichas fuerzas vivas, teniendo al Presidente de la República como jefe máximo de todo el organigrama Presidencial y partidista. El PNR (PRI) se convirtió en el brazo político de la Presidencia de la República.

Al centro, abajo, Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón (con la banda Presidencial). Ambos idearon al PRI el cual concentraría el poder político en México durante casi todo el siglo XX. Los dos atacaron al otro poder -ya debilitado-: la Iglesia. El poder político seguiría concentrado por mucho tiempo en la figura del Presidente de la República (como un Rey) hasta 1997.

La genialidad de Calles no solamente solucionaría el eterno problema de los ataques al poder Presidencial en México que llevaron a decenas de golpes de estado durante los siglos 19 y 20, a la inestabilidad política y por ende al caos económico, sino a establecer un poder civil que regiría los destinos del país de 1929 a 2000.

Bueno o no, uno de los legados del PRI en sus 71 años en el poder Presidencia, hizo que las posteriores generaciones se olvidasen de intentonas golpistas y de expresiones como ‘golpes de estado’, ‘Generales en la Presidencia’, etc. La intervención del PRI en la vida política de México debe de verse pragmáticamente como un proceso político y social que recibió a un México inestable en todos los ámbitos, casi en medio del caos y entregó a un país políticamente más preparado que intentaba homologarse a los sistemas políticos más modernos de las naciones más desarrolladas.

Esto no significa que en 2000 la democracia Mexicana haya alcanzado un nivel de excelencia, sin embargo es indudable que se dieron pasos inimaginables en la vida política del país, como, entre muchos ejemplos, la consolidación del Instituto Federal Electoral (fundado en 1993) entidad conformada por ciudadanos sin filiación política responsable de organizar las elecciones en todo el país.

A pesar de todos esos avances, durante 71 años el Poder se centralizó en la figura de una sola persona: el Presidente de la República recordando, como en las ‘mejores’ épocas de los reinos Precolombinos, el Virreinato y las Presidencias del siglo 19 hasta 1928, que el poder central recaía en una cabeza.

El poder total del Presidente se consolidó.

Desde inicios de la década de 1990 se inició en México un proceso de desmitificación de la figura Presidencial, acotando el poder de decisión del Presidente y compartiendo la responsabilidad de la conducción del país con el Poder Legislativo, así como con los Estados. Instituciones como el Banco de México, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y el IFE entre otros, se establecieron como entidades autónomas de cualquiera de los 3 poderes de la Unión.

1997 fué un año clave pues por primera vez el partido del Presidente de la República (el PRI) obtuvo la mayoría absoluta en el Congreso de la Unión. Ocho años antes, en 1989, el PRI perdió por vez primera en su historia una Gubernatura: la de Baja California.

Esta ‘derrota’ ocurre con la anuencia del Presidente Salinas pues, como sabemos, los órganos electorales eran en aquel entonces totalmente controlados por las huestes priístas del Presidente y su Secretario de Gobernación. Sin embargo esta anuencia tenía dedicatoria para un evento que Carlos Salinas tenía en mente: firmar un acuerdo de libre comercio con Canadá y Estados Unidos. Pareciera que finalmente ambos ‘personajes’ intocables, el Dios representado por la Iglesia y sus intereses y el Rey representado por los Reyes, Virreyes y Presidentes omnipotentes, habían pasado a la historia, al menos con el amplio poder que les permitió ser amos y señores de sus gobernados.

Somos una generación de Mexicanos afortunada; los cambios que hemos visto en los pasados 10 años (1995-2004) eran inimaginables hasta hace muy poco, y lo más importante, se realizaron sin violencia. Como en cualquier hecho histórico hubo acontecimientos coyunturales que empujaron estos cambios, entre otros la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Usualmente en este tipo de Tratados, los países ‘aceptantes’ establecen algunas condiciones económicas y políticas para aceptar al nuevo miembro.

Canadá y Estados Unidos requirieron al Gobierno de Carlos Salinas cambios y apertura en política y economía los cuales fueron el camino de acceso para que México ingresara al tratado Norte Americano. Por primera vez en su historia México aprovecharía su vecindad con los Estados Unidos, la cual le trajo consigo siempre dolores de cabeza resultado de una relación entre una nación poderosa y otra débil. Salinas pensó que si le Geografía nos había reunido, lo más inteligente para México sería aprovecharla.

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