1859: MÉXICO EN PELIGRO

Junio 22nd, 2008 | by JBGL |

En dos momentos de su Historia, México estuvo en riesgo de no existir más como nación.

La primera de ellas al terminar la Invasión Estadunidense (1846-48); tomada la Ciudad de México y asfixiado el país por la invasión, en Washington sus Congresistas decidían el futuro de México. Parafraseando a Carlos Fuentes, “se repartían los Estados de México como los Romanos se rifaban las ropas de Cristo”. En esa ocasión (1848) el Congreso Estadounidense se dividió en tres grupos cuyas propuestas pueden resumirse en las siguientes:

  1. Despojarle a México Alta California, Nuevo México y Texas (que se convirtieron posteriormente en 9 estados de EU y que fué finalmente lo que ocurrió).
  2. Todo el territorio ubicado al Norte del Trópico de Cáncer (además de lo señalado en el punto 1, se arrebatarían Baja California, Sonora, Chihuahua, Sinaloa, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Durango).
  3. Absorber todo el país.
La Península de California fué siempre codiciada por los EU. Milagrosamente se salvó para México.

Dos situaciones salvaron a México: los indígenas (eran demasiados y sedentarios, no nómadas como en el norte de Norte América y se les complicaba erradicarlos o conducirlos a reservaciones) y los ya serios problemas del esclavismo que dividían a EU en dos (Norte y Sur) y que más tarde conducirían a su Guerra de Secesión (1861-1865). Pero hubo una segunda oportunidad de que eso ocurriera, y sucedió en 1859, durante la Guerra de Reforma. Para analizar esta etapa de la historia de México, es conveniente repasar algunas circunstancias que antecedieron a estos hechos.

Comúnmente se conoce a este periodo como Guerra de Reforma o Guerra de Tres años (1858-61) y representa el penúltimo enfrentamiento entre Conservadores y Liberales. El último de ellos fue la intervención Francesa (1862-67), promovida por los Conservadores. Después de su larga guerra de Independencia de España (1810-21), a la joven nación Mexicana le esperaban muchas desgracias.

Éstas se dieron básicamente porque los nuevos Mexicanos no tenían claro cuál debería de ser el modelo político que el país debería de utilizar para su futuro. Había básicamente 2 opciones:

  1. Continuar con el modelo Español, centralista, con un Presidente plenipotenciario o Emperador. Defendido por el grupo Conservador.
  2. Un modelo basado en los modelos Francés y Estadunidense. Propuesto por el grupo Liberal. ¿ Y por qué no tenían claro los Mexicanos el modelo a seguir ?

Porque durante 300 años España implementó en sus colonias Americanas un modelo arcaico, que no era ni democrático ni efectivo, ni buscaba el progreso material de las colonias; y España no podía enseñar otro modelo porque ella misma estaba ahogada en sus propios errores que la llevaron, de ser la primera potencia mundial a una nación pobre, acechada y humillada por sus enemigos. Así pues, para entender todas las desgracias y cambios que vivieron los Mexicanos en la primera mitad del siglo XIX, revisemos los principales acontecimientos que aquejaron a México:

  1. Guerra de Independencia: 1810-1821.
  2. Imperio Mexicano: 1822-1823 –> Conservadores.
  3. Se crean los Estados Unidos Mexicanos: 1824 –> Liberales.
  4. Guerra de Texas. Los inmigrantes Estadounidenses se sublevan y declaran su independencia, México no la reconoce: 1836.
  5. Primera invasión Francesa: 1838.
  6. EU invade militarmente a México y lo despoja del 55% de su territorio: 1846-1848.
  7. La Guerra de Castas en Yucatán pone en riesgo de perder la península para México (1847). Ante la amenaza de una nueva invasión, el Gobierno Mexicano es obligado a vender el norte de Sonora a EU: 1853.
  8. Diversos invasores Estadounidenses desean imitar el ejemplo de los Texanos y declaran independientes a Baja California, Tamaulipas y Sonora. Son derrotados: 1854.

No se incluyen aquí los muchos golpes de estado entre Conservadores y Liberales.

Después de todas estas calamidades, los Conservadores son sacados del poder (1855) y llegan los Liberales. Comonfort (Presidente Liberal) promulga la Constitución de 1857 en la que se reestablece nuevamente la República así como algunos cambios trascendentes como la instalación del Registro Civil (casi todo estaba en manos de la Iglesia) y la enajenación de los millonarios bienes de la Iglesia. Ante esta amenaza a sus intereses, la Iglesia y el grupo Conservador se enfrascaron en una lucha militar contra los Liberales. Al año siguiente (1858), las fuerzas de ambos bandos estaban niveladas y se llegó al absurdo de que en México había 2 Presidentes: uno del grupo Conservador (Félix Zuloaga) en la Ciudad de México y otro del Liberal (Juárez) quien huía a salto de mata hasta instalarse en Veracruz.

Fotografías de Félix Zuloaga (izq.) y Benito Juárez (der.). La desorganización política de México alcanzó la locura de tener simultáneamente dos Presidentes.

Desde el inicio de su vida como país independiente, los Estados Unidos, apoyados por su ‘Destino Manifiesto’ pretendieron ejercer el control sobre los demás países Americanos. Su influencia política y sobre todo económica que ya desde entonces empezaban a ejercer, forzaba a los Gobiernos Mexicanos a obtener su reconocimiento. Con muy pocas excepciones, el Presidente Mexicano en turno había llegado al poder a través de un golpe de estado o como producto de una sublevación militar.

Ya que generalmente el nuevo Presidente ascendía al poder en medio del caos, tenía la necesidad de dinero para los gastos del Gobierno y solicitaba a países como Francia, España, Inglaterra y Estados Unidos su reconocimiento, pues con ellos se desarrollaban las principales actividades diplomáticas y sobre todo económicas (llámese préstamos). Al tener México 2 Presidentes al mismo tiempo, su posición política era evidentemente muy débil. Pero si la política era débil, la economica podría considerarse un cadáver.

Estados Unidos era Gobernado por el Presidente James Buchanan, quien era gran partidario de continuar con la política expansionista territorial que ya antes los EU habían ejercido sobre México en 1836 y 1848. La situación política en México era inmejorable para continuar con esa política, por lo que aprovechó esta ‘extraordinaria ocasión’ para enviar a negociar con los 2 Presidentes Mexicanos aplicando la estrategia del ‘mejor postor’.

Así, Robert McLane llegó en Abril de 1859 para entrevistarse en la Ciudad de México y Veracruz con ambos Presidentes Mexicanos: el Conservador era Miguel Miramón (quien había sustituido a Félix Zuloaga) y Juárez era el Liberal.

Los Estados del país y sus respectivos Gobernadores estaban divididos en dos bandos. En general la zona del Centro (Jalisco, Guanajuato, Edo.de México, etc.) apoyaban a Miramón, pero el resto del país (las zonas menos pobladas) a Juárez.

Los Conservadores estaban en la región donde se asentaba la mayor cantidad de población y por ende en donde se encontraban los mayores recursos económicos, sin embargo éstos recursos se encontraban concentrados en manos de unos cuantos, en especial en la Iglesia. La desgracia para los Conservadores era que, para ser congruentes con su filosofía, no podían vender los bienes de la Iglesia como lo indicaba la Constitución Liberal de 1857 y por ello no se atrevieron a tocar esos recursos.

Después de huir de la Ciudad de México, Juárez decidió inteligentemente instalar su gobierno en el Puerto de Veracruz y la razón era muy sencilla: el país seguía hundido en la miseria y la única fuente de recursos frescos era el ingreso económico que producía la aduana del puerto. Pero había una situación trágico-cómica: frente al puerto de Veracruz, estaban permanentemente anclados los barcos de Inglaterra, España y Francia, en espera del pago mensual que el Gobierno Mexicano debía de hacerles por el pago de la deuda externa. Así, de los ‘grandiosos’ ingresos de la aduana de Veracruz, el 90% se destinaba para pagar esas deudas y solo el 10% se destinaba a los gastos del gobierno Liberal de Juárez.

Conociendo a la perfección las debilidades del país, McLane expuso a ambos Presidentes las condiciones no negociables que el Gobierno de Washington exigía para otorgarles su reconocimiento, entre las que destacaban la entrega de Baja California, libre tránsito para civiles y militares Estadounidenses de por vida en las rutas Nogales-Guaymas e istmo de Tehuantepec y permiso permanente de que tropas Estadounidenses ingresaran a cualquier parte del territorio Mexicano en caso de que alguna situación ‘amenazara’ a los EU.

En resumidas cuentas, el tratado permitiría a los EU la incursión de sus tropas en cualquier parte de México sin necesidad de obtener permiso del Gobierno Mexicano. Algunos gobiernos Europeos se escandalizaron ante la monstruosidad de este tratado y lo calificaron en realidad como una anexión de México a los EU.

Contradiciendo lo que las lamentables enseñanzas de las escuelas señalan, los Conservadores, aun en la miseria económica en la que se hallaban, rechazaron la humillante proposición de McLane (el Presidente Conservador Miguel Miramón había sido por cierto uno de los Niños Héroes en la batalla de Chapultepec, pero sobrevivió a la batalla). En cambio, Juárez a través de su Secretario Melchor Ocampo (Michoacano), aprobaron la leonina propuesta.

Aquí vemos claramente lo que en otras ocasiones he expuesto. Ningún personaje histórico es totalmente malo ni totalmente bueno. La lamentable enseñanza de las escuelas encasilla a los Conservadores como los malos de la película y encumbra a Juárez como ejemplo de patriotismo y rectitud. Ni uno ni otro eran un dechado de virtudes, pero al menos Miramón rechazó este denigrante acuerdo, a pesar de que al hacerlo, estuviera cavando su propia tumba política.

La miseria económica en la que se encontraban ambos bandos (Conservadores y Liberales) era un atractivo muy grande para otros países, especialmente para los Estados Unidos. México parecía ser el vecino que cualquier potencia desearía tener: extensos y ricos territorios y una nación sumida en la desorganización política y en la miseria económica. Despojado durante la guerra de 1846-1848 de 2.4 millones de Km2 (5 veces el territorio de Francia o 6 el de Alemania), los EU seguían viendo a lo que quedaba de México con mucho interés.

Los Conservadores, instalados en la Presidencia en la Ciudad de México, rechazaron consistentemente durante 2 años los ofrecimientos Estadounidenses para obtener el reconocimiento a su Gobierno. John Forsyth, enviado de Washington, estuvo reiteradamente visitando a los Presidentes Conservadores (Zuloaga primero y Miramón después) para insistir en su ofrecimiento de reconocer a su Gobierno siempre y cuando se les entregase entre otras muchas facilidades Baja California, Sonora y la mitad de Chihuahua así como el libre tránsito por Tehuantepec y la ruta Nogales-Guaymas. Ante la permanente negativa de los Conservadores, Forsyth escribió a Washington, rematando su carta así: “en poco tiempo seré dueño de la situación, hasta hacer de los EU el árbitro indiscutible de los destinos de México”.

Como vimos la semana anterior, el Gobierno de Juárez instalado en Veracruz, había firmado el tratado McLane-Ocampo en el que aceptaba los peligrosísimos ofrecimientos de Washington para obtener el reconocimiento a su Gobierno. Los Historiadores del siglo XX, defensores o admiradores de Juárez, dicen que Don Benito sabía que el tratado no sería aprobado por el Senado Estadunidense, cosa que en realidad sucedió.

Pero ¿ qué pasaba mientras tanto en EU ? ¿ Por qué el Senado Estadounidense rechazaba tan apetitoso acuerdo ? Veamos. La declaración de independencia de EU (1776) indicaba, entre otras cosas, que todos los hombres habían sido creados iguales, o sea, que ninguno tenía el derecho de explotar a otro. La realidad que esto fue letra muerta durante casi 200 años. Por ello, cuando EU despoja a México de sus Estados Norteños, el sur de nuestro vecinos se volvió tierra fértil para propagar el esclavismo. Desde aquélla época los estados sureños de EU tenían grandes diferencias con los del norte, especialmente en cuanto a lo que a la esclavitud correspondía.

Bandera de los Estados Unidos (izquierda) y de los Estados Confederados (derecha); la división de ese país en 2 naciones era una situación real.
Los conflictos eran tan grandes que una separación de los Sureños para crear un nuevo país se hacía cada vez más probable. El Presidente Buchanan (1856-1860) era un abierto partidario del esclavismo y deseaba desmembrar lo que quedaba de México para añadirlo a los Estados esclavistas. A través de fraudes electorales como los de 1854 en Kansas y Nebraska, el Presidente Buchanan pretendía adherir más estados esclavistas a los EU, de manera que los Esclavistas dominaran a los no esclavistas. Con México podrían formarse nuevos Estados Estadounidenses; un Estado podía formarse con 50,000 habitantes y cada estado tenía derecho a dos lugares en el Senado.
En rojo los estados Sureños pro separatismo (esclavistas) y en verde los Unionistas. En beige, territorios con tendencia al esclavismo. El Presidente Buchanan (pro esclavista) deseaba adjudicarse estados Mexicanos del norte para, con sus votos, controlar el Congreso y aumentar la posibilidad de continuar con sus negocios agrícolas y así formar una nueva nación: los Estados Confederados de América. La cercanía de Texas con México hacía atractivos para los Separatistas los Estados Mexicanos del norte para, con ello, incrementar sus posibilidades de fundar un nuevo país y dividir a los EU en dos naciones.

Lo que Buchanan buscaba era tener más asientos en el Senado para obtener las decisiones en su favor. Así pues, cuando el Senado Estadounidense recibe en Washington el tratado McLane-Ocampo, las fuerzas de ambos bandos, Esclavistas y antiesclavistas, estaban bastante parejas, pero la diferencia en número de Senadores era aún a favor de los no esclavistas, de ahí la urgencia de Buchanan de agregar nuevos Estados a partir de territorios Mexicanos. Ante esta situación, en la que la permanencia de EU como un solo país se ve en grave riesgo, el Senado Estadounidense decide rechazar el Tratado. La fortuna le sonríe increíblemente a Juárez quien ve reconocido a su Gobierno, sin la necesidad de cumplir con el leonino tratado en el que prácticamente entregaba al país a los Estadounidenses.

Con los antecedentes analizados en los capítulos anteriores, detengámonos a hacer algunas reflexiones acerca de esta parte de nuestra Historia. Los super hombres como Juárez o los super traidores como Miramón no son precisamente eso. Cada persona tiene aspectos positivos y negativos; no debemos de llegar al pobre análisis de etiquetar entre ‘buenos’ o ‘malos’ a los personajes históricos como lo enseñan los maestros (¿?) de Historia.

Benito Juárez puso la existencia del país en riesgo, a pesar de que sus defensores digan que lo hizo con toda la seguridad de que el tratado McLane-Ocampo sería rechazado en el Senado Estadounidense.

Melchor Ocampo, por su parte, que incluso avenidas y monumentos tiene en varias ciudades del país, fue en realidad un personaje oscuro e inútil que se atravesó en nuestra Historia y que, al retirarse meses después a su casa en Michoacán fue asesinado por los Conservadores.

Doña Ignorancia les promovió a estos, como a muchos otros, monumentos y avenidas, sin en realidad merecerlo. Claro, en este punto no hay que irse al extremo opuesto y decir que México tuvo solo personajes nefastos en su Historia. Hay decenas, cientos de personajes en verdad valiosos, pero desconocidos para la mayoría.

Miguel Miramón, Conservador y etiquetado por la penosa historia de la SEP como traidor, no lo era en realidad. Él rechazó contundentemente las humillantes propuestas del vecino del norte y terminó derrotado y expulsado de la Presidencia por Juárez, a cuyo gobierno Washington legitimó.

Doce años atrás, contando con solo 14 años de edad (1847), había defendido Chapultepec ante los invasores Estadounidenses, pero su nombre no se inmortalizó como la de los otros seis jóvenes-niños que murieron y que ahora conocemos como los Niños Héroes. Después de este golpe de suerte de Juárez que lo expulsó del Palacio Nacional en 1860, Miramón sería uno de quienes dos años más tarde propondría a Napoleón III traer a Maximiliano a México para implantar el Segundo Imperio (1863-1867). Miramón era, mucho más que Juárez o Melchor Ocampo, un patriota, a pesar de su error de haber invitado junto con otros Conservadores a implantar en México un Imperio apoyado por Francia.

Desde su independencia en 1821, México había vivido 40 años inmerso en el caos. Lo que Miramón deseaba era que México tuviera un rumbo cierto; ya habían transcurrido 4 décadas completas en las que se había demostrado que los Mexicanos no eran capaces de gobernarse a sí mismos. Aunado a esto varias potencias como los Estados Unidos, Francia o Inglaterra, tenían deseos de seguir hundiendo al país, aprovechándose de sus desgracias internas. La política, base de cualquier organización social, no había podido establecerse en México. Sin orden político, la economía se torna en un caos. Esa era la penosa situación de México cuando EU está a punto de absorberlo en 1859. Esa era la situación que obligó a algunos Mexicanos a ofrecer el trono del Imperio Mexicano a un extranjero: a Maximiliano de Habsburgo (1864-1867)

Muchos historiadores tacharon a los Conservadores de traidores pero no lo eran tanto; sin embargo, hay que entender que fue un error, pero no del tamaño como lo marca la lamentable historia de la SEP. Antes que juzgar hay que conocer. Llevando este ejemplo a la época actual, aquí tenemos al Tabasqueño Jefe de Gobierno de la Ciudad de México trayendo en 2001 a un extranjero (al ex alcalde de Nueva York) a solucionar la criminalidad en la Capital del país. ¿ Habría entonces que tacharlo de traidor ? ¿ No es muy parecido a lo que intentaron hacer los Conservadores ? Ambos, Miramón y el Jefe de Gobierno, intentaron traer de fuera lo que los Mexicanos no han podido hacer dentro. La historia se repite, aunque los personajes se encuentren a 150 años de distancia. Claro, pido disculpas a Miguel Miramón por osar compararlo con el Jefe de Gobierno.

Si hoy nos seguimos lamentando por haber perdido el 55% de nuestro territorio durante la invasión Estadounidense de 1846-48, debemos también de sentirnos muy afortunados de mantener los 2 millones de km2 que hoy nos quedan. En 1859 México sobrevivió como país y mantuvo su mutilado territorio por diversas casualidades.

Cuando viajemos por Baja California, Sonora o Chihuahua, sintamos que esas tierras, las mas propensas a ser arrebatadas por nuestros vecinos, se quedaron bajo nuestro propio suelo, pues son aquellas tierras que sentíamos perdidas y milagrosamente conservamos.

Quienes hubiesen deseado -antes o ahora- que México fuera absorbido por los EU en 1859, no pueden ser buenos Mexicanos. Quienes se queden a vivir en México, que sea porque lo aman, con todos sus defectos y virtudes; de otra forma, tenemos 15,000 Km.entre fronteras y litorales, para dejarlo.

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