LOS DESASTRES NATURALES

Junio 22nd, 2008 | by JBGL |

Por su ubicación geográfica, México ha sufrido muchos desastres naturales, especialmente en lo que se refiere a terremotos y huracanes.

Su posición, entre el norte frío y el sur cálido lo hacen especialmente vulnerable a la combinación de ambos.

Esta localización y la extensión de su territorio lo hacen también propicio para poseer una de las 3 riquezas de biodiversidad más importantes del mundo.

TERREMOTOS.

Los terremotos son especialmente originados por el lugar donde se asienta el territorio Mexicano entre las placas de Norte América, la de Cocos y la del Pacífico.

Los movimientos naturales ocasionados por estas placas han originado desde la llegada de los primeros habitantes a lo que hoy es México centenas de terremotos.

En la época colonial los terremotos eran ‘bautizados’ según el día del santo; así tenían, por ejemplo, el terremoto de San Juan o el de San Francisco.

Se fabricaron incluso campanas que únicamente se tocaban durante los temblores para ‘ahuyentarlos’; una de las “más efectivas” era la de San Miguel.

La Universidad de México registró 73 temblores fuertes en la segunda mitad del siglo XVI y 67 en el XVII.

Una herencia colonial que aún hoy vemos en algunas poblaciones o ciudades del país, era cuando la gente salía de inmediato a las calles y se hincaba a rezar.

Algunos, pensando que era el fin del mundo, empezaban a confesarse en voz alta o a gritos (según la cantidad de gente que se estuviera autoconfesando).

Las zonas más castigadas, como hasta ahora, han sido desde la costa de Jalisco hasta la de Chiapas, incluyendo a todo el centro del país.

Los movimientos telúricos han influido en el tipo de arquitectura colonial; así por ejemplo, vemos cómo en Oaxaca las iglesias tienen torres de menor altura y más anchas que en el resto de México.

Entre los temblores más destructivos de aquella época están los de Marzo de 1806 cuando un fuerte temblor derribó las torres de las catedrales de Zapotlán (Ciudad Guzmán) y Guadalajara.

Construcciones coloniales en el centro de México y en ambas Californias fueron continuamente dañadas o destruidas.

Ya en la época independiente (1845) la Ciudad de México vio caer la enorme cúpula de la iglesia de Santa Teresa, justo a un lado del Palacio Nacional.

Ciudad de México. Después del temblor del 29 de Julio de 1957, la figura del Ángel de la Independencia cayó al piso.

El primer campamento de refugiados del que se tiene memoria en México fue establecido por el Gobernador del DF, Juan José Baz, en la Alameda Central de la Ciudad de México tras el fuerte sismo de 1858 y el primer mandatario que se ‘arremangó’ la camisa para auxiliar a la población fué Maximiliano durante una inundación en la Ciudad de México en 1865.

Incluso coincidieron algunos temblores en algunos hechos históricos como cuando Madero entró en la Ciudad de México tras la salida de Porfirio Díaz (1911); el temblor fué bastante fuerte y ocasionó daños, sin embargo las 150 mil personas que fueron a recibirlo (la Ciudad de México tenía 300 mil habitantes) ‘no lo sintieron’.

INUNDACIONES.

La ubicación del territorio Mexicano entre dos océanos lo hace proclive a la entrada de huracanes por el Caribe y la costa sur del Pacífico.

En el Valle de México se tiene conocimiento de inundaciones graves sobre Tenochtitlan en 1449 cuando el Lago de Texcoco cubrió por completo el islote Azteca.

De aquélla época datan las primeras barreras ordenadas por Netzahualcóyotl que, incluso, ayudaban a separar las aguas dulces de las saladas del Lago de Texcoco.

La Ciudad de México vio llover durante 3 días seguidos lo que ocasionó su total inundación; así permaneció inundada 3 años (1629-1632) por lo cual se pensó cambiar la capital del Virreinato a otro lugar.

Fué tan largo este periodo que se creó un aserradero en Río Frío para fabricar canoas; las misas se realizaban en las azoteas de las iglesias o casas.

Las aguas estancadas ocasionaron muchas epidemias y muertes pues, obviamente, no había vacunas.

Igual que este fatídico 2002 hemos visto los desastres en Campeche, Yucatán, Nayarit y el sur de Jalisco por el paso de los huracanes, así durante los pasados 500 años de historia las costas mexicanas se han visto afectadas.

No hay tantos registros de muertes en esas regiones costeras ya que de unos 50 años para acá la población mexicana ha decidido radicar en esos lugares.

Por ejemplo Acapulco tiene hoy casi 1 millón de habitantes, pero tenía 4,000 en 1900.

LAS EPIDEMIAS.

Aunque no se tienen registros precisos, los arqueólogos e historiadores saben que durante la época prehispánica sucedieron centenas de epidemias que ocasionaron la muerte de miles de indígenas.

Una de las que representaron mayores bajas fué la conocida como ‘matlazáhuatl’ la cual era una especie de tifo.

Los expertos en el tema suponen que fueron las epidemias las que ocasionaron el abandono de las grandes ciudades mesoamericanas como Tula, Teotihuacan o varias de las ciudades mayas.

Aún en la época colonial el matlazáhuatl siguió matando gente, principalmente a los indígenas por la falta de higiene.

Una de las primeras calamidades que trajeron los europeos a América fueron las enfermedades desconocidas para los indígenas.

La viruela negra ocasionó más muertes que las propias guerras de conquista.

Al inicio del siglo XVI la población indígena de lo que hoy es el centro de México era de 20 millones de habitantes; para 1599 había disminuido a 6.

Para darnos una idea del desastre ocasionado por esas enfermedades desconocidas, ese nivel poblacional (20 millones) se alcanzó en 1970.

Durante toda la época colonial las epidemias de viruela asolaron el territorio novohispano. Cuando una región estaba librada de la enfermedad, en otra se presentaba contagiando a las zonas sanas.

Los muertos en cada una de ellas se contaban por miles.

En 1800, el Rey Carlos IV recibió muestras de las vacunas que se habían experimentado en Europa.

Ya que no era posible mantener viva la vacuna, se determinó embarcar a un orfanato completo (200 niños) a América para irla pasando de niño en niño hasta llegar a Veracruz.

Debido a la reticencia de la gente a tales adelantos científicos, el propio Virrey ordenó que vacunaran a su hijo en el balcón principal del Palacio Virreinal de la Ciudad de México (actual Palacio Nacional).

El encargado de esta expedición sanitaria que salió de Cádiz en 1803 fué el Doctor Balmis (una calle de la Ciudad de México lleva su nombre.

El remedio fué entonces trasladado con igual método (de niño en niño) por tierra de la Ciudad de México a Acapulco y de allí a las Filipinas y Sud América.

Años llevaría aún cubrir el territorio, parte por las distancias y otra parte también por la resistencia de la gente a vacunarse.

En plena guerra de Independencia, en 1813, una epidemia de viruela ocasionó la muerte de 35,000 personas en la Ciudad de México (casi un tercio de la población).

En 1850 una epidemia de cólera mató a miles de personas en el centro de México; uno de ellos fué Mariano Otero (33 años de edad).

En 1915, durante plena Revolución, se desató una epidemia de influenza ocasionando más muertes en ese año que las que se dieron en todas las batallas.

Un detalle muy curioso, una coincidencia por demás sui géneris, fué el de la explosión que sucedió en la Ciudad de México el 19 de Noviembre de 1784 a causa del mal uso de pólvora; 200 años después, el 19 de Noviembre de 1984 las gaseras de San Juanico al norte de la Ciudad de México explotaron ocasionando decenas de muertos.

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