LA UNIVERSIDAD NACIONAL, 450 ANIVERSARIO (1551-2001)

Junio 22nd, 2008 | by JBGL |

INTRODUCCIÓN.

Al terminar la conquista del Imperio Azteca prosiguieron innumerables acciones militares contra el resto de las culturas indígenas de manera que todo el territorio quedase bajo la jurisdicción de la Corona Española.

Durante los 300 años de colonia hubo decenas de pueblos que no pudieron ser conquistados ya fuere por lo abrupto del terreno, por su propia resistencia o por su lejanía del centro del Virreinato.

Una de muchísimas vertientes que el Imperio Español deseaba implantar en América era su cultura.

Los religiosos iniciaron un importante esfuerzo para evangelizar y castellanizar a los indígenas.

Durante los primeros años de la Colonia fueron precisamente los religiosos quienes insistentemente solicitaron al Rey la fundación de una Universidad.

Veinticinco años después sus esfuerzos fueron satisfechos.

Así, como en otras tantas áreas, la Nueva España tuvo la primicia para fundar en su capital la primera Universidad Americana.

Felipe II ordenó la fundación de la Real Universidad de México en 1551 aunque, por diversas razones, las clases iniciaron en Enero de 1553.

Las cátedras con las cuales se inauguró la Universidad fueron Retórica, Artes, Teología, Cánones, Derecho civil y Medicina.

Dos vistas del patio interior del Colegio de San Ildefonso (1749) con los murales de Diego Rivera de 1922 (izquierda).

Por sus aulas pasaron prácticamente todos los científicos, médicos, teólogos, abogados, ingenieros, arquitectos, artistas y sacerdotes que por 300 años desarrollaron a la Nueva España.

Años después se agregaron muchas otras carreras tales como Minería, Cirugía y dos de idiomas: Mexicano (náhuatl) y Otomí.

Debido a lo escaso del presupuesto enviado desde Madrid, durante los primeros años la Universidad tuvo diversos recintos, iniciando sus cátedras en el lado oriente de la actual Catedral (justo donde ahora está la entrada al Museo del Templo Mayor), más tarde en el interior del Palacio Virreinal y luego en el terreno que está al lado sur del Palacio Virreinal (ahora Nacional, precisamente donde está la actual Suprema Corte de Justicia).

Más adelante se estableció en San Ildefonso, sitio en el que permaneció hasta 1953 cuando sus instalaciones se trasladaron a la Ciudad Universitaria actual (Pedregal de San Ángel).

La Universidad tuvo su primera Constitución basada en la de Salamanca (España), sin embargo las realidades de las sociedades Española y Americana eran muy diferentes por lo cual hubo de adecuarla a la realidad del Nuevo Mundo.

Por la diversidad de la situación económica de los alumnos se les catalogaba así:

Colegial al becario, el ‘Doméstico’ era quien trabajaba dentro de la Universidad a cambio de alimento y hospedaje, el ‘Porcionista’ a aquel que pagaba por su estancia en la Universidad y ‘Golondrina’ a quien hacía el mínimo de gastos por vivir su familia en el lugar.

Todos portaban su traje distintivo.

El Rector duraba un año en el cargo y podía ser reelecto; las cátedras duraban solo una hora.

La asistencia de los maestros a los exámenes de oposición debían de ser con bonete y les era prohibido llegar a caballo y entrar armados al salón de clase para evitar algún desaguisado en caso de alguna discusión con alumnos violentos.

Los estudiantes entraban de 2 en 2 a su salón, enfundados con capas largas y bonetes cuadrados que les llegaban hasta la orejas. Debían escoltar a su maestro al ingresar éste al aula.

Años más adelante se fundaron algunos colegios en las provincias tales como el San Luis de Puebla de los Ángeles o los de San José y San Juan Bautista de Guadalajara donde se impartían cursos avanzados, sin embargo las graduaciones debían efectuarse en la Universidad de México.

Para 1597 el Papa Clemente VIII reconocería los estudios con orientación religiosa que se impartían en la Ciudad de México, por lo que a partir de aquel año la institución fué elevada al título de Real y Pontificia Universidad de México.

LA ÉPOCA COLONIAL Y LA INDEPENDENCIA.

A pesar de que la Universidad de México fué creada para el ingreso tanto de indígenas como de españoles o su descendencia, la realidad es que difícilmente algún indígena podría accesar a tal nivel de estudios.

Otra gran diferencia en contra de la Universidad de México fué que, a pesar de que el Rey Felipe II ordenó que se fundara “con los privilegios, franquicias y libertades de que gozaba la Universidad de Salamanca (España)” a los estudiantes y maestros se les negó el fuero de que gozaban los miembros de las universidades españolas.

Otro problema al que tuvo que enfrentarse la Universidad es que el financiamiento, que al menos al principio debía de venir de Madrid, nunca llegó y así hubo que proveerle de recursos a través del alquiler de inmuebles y de la explotación de extensiones agrícolas, que eran cultivadas por indios sometidos obligatoriamente.

Durante casi toda la época colonial las Universidades de México y Lima cubrieron un territorio de 22 millones de kilómetros; había otras menores como la de San Carlos de Guatemala, Bogotá, Quito, Santiago, Caracas o Cuzco, pero nunca alcanzaron el nivel de las dos primeras.

Definitivamente la Iglesia tuvo un interés mayor por la educación que el que tuvo el Gobierno Español. Una mínima parte de la población indígena, por ejemplo, era aleccionada en claustros y, en el mejor de los casos aprendían a leer y escribir. Recibían básicamente enseñanza religiosa lo cual no les ayudaba a romper el círculo de pobreza en el que vivían.

Muchos indígenas acudían a recibir esas lecciones con la finalidad de recibir alimento o a emplearse en el propio convento o monasterio. Justo es también señalar que muchos religiosos (principalmente los del Bajo Clero, esto es, misioneros o Padres de menor jerarquía) enseñaron a los indígenas diversos oficios que aún hoy se siguen ejerciendo.

Es evidente que para el Imperio Español la educación y el desarrollo de sus Colonias Americanas no era prioritaria; lo que le era realmente trascendente era la transferencia de dinero que, particularmente la Nueva España, debía enviar cada año al Rey (aproximadamente 14 millones de Pesos-Oro); además de tan pesada carga, la Nueva España debía crear sus propios recursos económicos para mantenerse y enviar recursos para mantener otras colonias Españolas como Filipinas, Cuba, Puerto Rico, Florida y toda Centro América.
La poca visibilidad de los Reyes Españoles hizo que tan monumentales recursos fueran dilapidados en mantener sus lujos así como en la construcción de innumerables edificios que hoy día enorgullecen a España y le siguen dando ingresos económicos a través del turismo.

Por ello, debido a la importancia que para España significaba la minería, se decidió crear a finales del periodo colonial la Escuela de Minería cuyo edificio se fundó en 1813, esto es en plena Guerra de Independencia (dicho edificio pertenece actualmente a la UNAM y para mayor referencia está frente al ‘Caballito’ en la calle de Tacuba en la Ciudad de México).

Las carreras impartidas nunca incluyeron a aquellas que podrían haber promovido el desarrollo tecnológico de la Nueva España, por lo cual no hubo en los 300 años de colonia un cambio palpable en el progreso de su población ni su industria. Por ello, al final del periodo colonial, no había en la Nueva España caminos que enlazaran su extensísimo territorio, ni industria, ni gente con algún nivel educativo.

El resultado de la “intervención” española en la educación de la Nueva España podría catalogarse de catastrófico. Según Humboldt para 1806 alrededor del 95% de la población no sabía leer ni escribir; en el grupo indígena específicamente, el analfabetismo era prácticamente del 100%.

Los planes de estudio generalmente no se cumplían, en parte por la falta de presupuesto y también por la gran cantidad de días feriados (principalmente religiosos) que ‘obligaban’ al maestro a “pedir dispensa para que con lo visto se pague el curso”.

A pesar de ello, como en todo, hubo muchísimos hombres brillantes en las letras, artes y ciencias que salieron de sus aulas; sin embargo es muy palpable que España pudo haber hecho mucho más en el desarrollo educativo y científico de sus colonias, pero como cualquier Imperio logró extender su periodo de dominación con base en el bajo desarrollo cultural y material de sus habitantes

EL SIGLO XIX.

La vida de la Universidad de México ha ido siempre de la mano de la situación del país; siendo el siglo XIX el más complicado en la vida de México, para la Universidad lo fué también.

El Caballito’ de Carlos IV fué trasladado del Zócalo al Patio principal de la Universidad al iniciar la Independencia. Esta extraordinaria fotografía de 1839 (una de las 5 primeras fotografías tomadas en México) muestra esta estatua que se trasladaría en 1852 al cruce de lo que hoy en día es el Paseo de la Reforma y Avenida Juárez.
Fotografía de 1934. A la izquierda la parte sur del Palacio Nacional, a la derecha de la imagen estaba la Universidad de México, lugar en donde estaba el patio que aparece en la foto izquierda. En 1941 se inauguró el actual edificio de la Suprema Corte de Justicia.Imágenes: http://eles.freeservers.com/Caballito/caballito.htm

De sus 452 años de existencia, la Universidad vivió su peor periodo de 1808 a 1870; durante esta etapa México sufrió varias guerras internas, invasiones extranjeras y otros tantos golpes de estado, sus puertas fueron cerradas, ya fuere para protegerlas durante la defensa de las invasiones estadounidenses y francesas o, siendo fuente de cuestionamientos para el Gobierno en turno, para acallar sus críticas.

A pesar de los 300 años de paz que se vivieron en la Nueva España, el sistema educativo desde nivel básico al Universitario, creció muy lentamente.

Desde el punto de vista educativo casi no había diferencia entre la Nueva España de 1521 y la de 1810.

Los gobiernos del México independiente quisieron, a través de la educación, que sus habitantes adquirieran conocimientos para sacar al país del bajísimo nivel de desarrollo social, industrial y político en el que España lo había abandonado durante 3 siglos.

Sin embargo los recursos económicos con los que contaba el país al final de la Guerra de Independencia eran escasísimos; la deuda pública era muy grande, no había los maestros suficientes y lo principal, la población se encontraba dispersa por un territorio abismal e incomunicado por lo cual era, francamente, una tarea casi imposible de desarrollar.

A pesar de la buena voluntad de dichos Gobiernos, la Educación no contó con un Ministro o Ministerio que se encargara de tan importante labor; durante 60 años la tarea educativa formó parte de los Ministerios de Relaciones Exteriores, del Interior (Gobernación) y Justicia.

Al igual que durante varios siglos, los centros educativos se encontraban solamente en las ciudades grandes o medianas por lo cual el acceso a la cultura y la educación estaba limitado a una pequeña parte de la población; hacia 1821, el 80% de la población del país vivía en el campo y solo el 20% (1.5 millones) en centenas de zonas urbanas o semi urbanas.

Durante los primeros años del México independiente el estudiante egresado de la Preparatoria podía estudiar 4 carreras: Jurisprudencia, Teología, Medicina y Ciencias.

Las carreras duraban de 3 a 6 años (dependiendo de la especialidad); los alumnos generalmente era internos, esto es, vivían dentro de las instalaciones de la Universidad por ser, la mayor parte, no oriundos de la ciudad donde estudiaban.

La rutina diaria en la Universidad iniciaba a las 5:30 AM y terminaba a las 9 PM; dentro de sus muchas actividades, los estudiantes dedicaban un par de horas a orar (por ejemplo, rezaban el rosario antes de la cena).

Estamos hablando, claro, de una época en donde la religión seguía formando parte muy importante en prácticamente todas las actividades en México.

Precisamente porque la Universidad era depositaria de conocimientos vanguardistas con los que no siempre estaban de acuerdo los Dictadores o Presidentes en turno, el recinto Universitario fue objeto de decenas de cierres de sus instalaciones durante los primeros 50 años de vida independiente de México.

Así, los estudiantes o maestros universitarios eran en ocasiones encarcelados, ya fuere por sus ideas (normalmente liberales) o por organizar protestas callejeras contra los actos del gobierno.

Como podrá entenderse, la Universidad no pudo desarrollar todo el potencial que el país le demandaba y, por lo mismo, la cantidad de egresados de sus aulas con un título universitario era muy limitado.

Como vimos anteriormente había diversos colegios (especialmente en la Ciudad de México, Guadalajara y Puebla) donde se impartían las diversas carreras.

Los estudiantes egresados de ellas eran conocidos como ‘bachilleres’, pero solo recibían su título universitario al validarlo en la Universidad de México.

Los proyectos para llevar la educación universitaria a otras regiones del país quedaron en eso, debido a la falta de recursos económicos y maestros.

Por ello, se permitió que los particulares abriesen escuelas que ayudaran a cubrir tan grave déficit.

Para 1850 un tercio de los estudiantes de nivel Primaria en la Ciudad de México eran apoyados por asociaciones civiles que impartían las clases gratuitamente.

La Iglesia, como en todas las actividades del México del siglo XIX, tenía hondos intereses en la educación y, hasta donde pudo, puso trabas a las decisiones que los Gobiernos Liberales dictaron para arrebatarle su injerencia en la misma.

Desde el punto de vista de la Iglesia, las reformas educativas del Estado Mexicano eran catalogadas como anticlericales.

En resumen, de 1808 a 1870, la Universidad de México vivió los peores años de su historia.

Un impulso muy importante, trascendente, lo daría el Gobierno de Porfirio Díaz, fuerza que derivaría más tarde en la búsqueda de su Autonomía.

EL SIGLO XX.

Tras los difíciles acontecimientos del siglo XIX, al final de éste la Universidad creció aprovechando el periodo de estabilidad de Porfirio Díaz.

Justo Sierra, Ministro de Educación del Presidente Porfirio Díaz. Refundador de la Universidad Nacional, antecedente de la UNAM (1929).
El Rector Gustavo Baz (1938-40) en cuyo periodo se iniciaron los estudios de factibilidad para crear una Ciudad Universitaria.

Ya iniciada la Revolución, sorteó de alguna manera los difíciles años del movimiento armado.

Durante toda la década de los años 1920s, grupos estudiantiles iniciaron el proceso de autonomía por medio del cual solicitaban a la Secretaría de Educación que la propia Universidad desarrollara sus planes de estudio y se autogobernara.

En estos movimientos participaron muchos estudiantes y personajes que a la postre serían conocidos: Diego Rivera, Antonio Caso, José Vasconcelos.

Precisamente es José Vasconcelos quien siendo Rector en 1921 diseña el escudo de la Universidad. Aquí un extracto de su razonamiento:

“…para que los Mexicanos tengan presente la necesidad de fundir su propia patria con Hispano América. Se resuelve que el escudo de la UNAM lo constituirá un mapa de la América Latina con la leyenda ‘POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU’, con la convicción de que nuestra raza elaborará una cultura de tendencias nuevas, de esencia espiritual y libre”.

Escudo de la Universidad Nacional Autónoma de México
José Vasconcelos, idéologo y Rector de la UNAM.

El escudo es acompañando por dos águilas: el águila real, símbolo de la nación Mexicana y el cóndor Sud Americano, dominando el Valle de México. El mapa simboliza la unidad Ibero Americana

La autonomía se logra finalmente en 1929.Desde siempre, pero especialmente en el siglo XX la Universidad Nacional estuvo ligada a la vida del país.

La abrumadora mayoría de los políticos, intelectuales y científicos del siglo XX en México pasaron por sus aulas.

Entre los rectores del siglo XX aparecen destacados personajes como José Vasconcelos, Alfonso Caso, Manuel Gómez Morín (fundador del PAN), Dr.Salvador Zubirán, Ignacio Chávez y Nabor Carrillo.

Durante la Rectoría de Gustavo Baz (1938-40), la UNAM se enriqueció al recibir a decenas de catedráticos Españoles que huían de su Guerra Civil.

El brutal centralismo económico creado por los Presidentes Priístas (ninguno de ellos originario de la Ciudad de México), concentraron en forma exagerada la vida universitaria en la capital del país.

El impresionante crecimiento de la población universitaria obligó a planear un nuevo campus que coincidió con los festejos del 400 aniversario de su fundación.

El Pedregal de San Ángel sería la sede de la Ciudad Universitaria desde 1953, convirtiéndose en la más extensa zona universitaria del mundo.

Ciudad Universitaria en construcción (1953). En primer plano edificio de la Rectoría, al fondo el de Medicina y a la derecha Facultad de Ingeniería.
Biblioteca y edificio de la Rectoría.

Los principales muralistas Mexicanos dejaron sus huellas en sus edificios: Siqueiros en la Rectoría, Diego Rivera en San Ildefonso y Juan O’Gorman en la Biblioteca Central.

Sintiendo internamente el palpitar político de México, vio crecer entre sus filas un fuerte movimiento estudiantil que llevó al Gobierno a erradicarlo en Tlaltelolco el 2 de Octubre de 1968.

Doce días después, la UNAM recibiría en su Estadio Olímpico a los XIX Juegos Olímpicos de 1968 y posteriormente a los Mundiales de Fútbol de 1970 y 1986, además de dos Juegos Panamericanos (1955 y 1975), una Universidad (1979) y varios Juegos Centroamericanos.

Para 2000, la UNAM, la tercera Universidad más poblada del mundo contaba con 270,000 alumnos y es además la más grande e importante de habla hispana (por cierto la UdeG es la quinta más poblada del mundo).

Ciudad Universitaria en construcción. Al fondo el Estadio Universitario que 14 años después sería sede de los Juegos Olímpicos de 1968 http://jbartigas.tripod.com/cu/

DATOS RELEVANTES.

  • Premios Nóbel: 3 (únicos logrados por Mexicanos): Alfonso García Robles (de la Paz, 1982), Octavio Paz (Literatura, 1990), Mario Molina (Química, 1995).
  • Edificios: 1,098 (159 en la República y el extranjero y 579 en la ZM de la Ciudad de México y 360 en la Ciudad Universitaria.
  • Construcción: 2 millones 44 mil metros cuadrados
  • Licenciaturas: 71.
  • Maestrías: 54.
  • Doctorados: 34.
  • Facultades: 16.
  • Aulas: 3,190.
  • Laboratorios: 1,676.
  • Talleres: 301.
  • Investigadores: 2,352 (más de la mitad en ciencias físico matemáticas y de la tierra y química y biología en 41 institutos de investigación).
  • Investigación: 57% de la investigación a nivel nacional depende de la UNAM.
  • Comunicaciones: una estación de radio, una de televisión, un periódico.
  • Bibliotecas: 138.
  • Volúmenes: 5.1 millones.
  • Editoriales: 1.
  • Orquestas Filarmónicas: 3.
  • Impulsora de la cultura (teatro, danza, música, literatura, cinematografía, radio, TV).

EDIFICIOS HISTÓRICOS.

Palacio de Minería, 1813 (propiedad de la Facultad de Ingeniería) y Escuela de Medicina (Palacio colonial de la Inquisición), Iglesia de El Chopo.

INSTALACIONES EN MÉXICO Y EL EXTRANJERO.

  • Antropología: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
  • Astronomía: San Pedro Mártir, Baja California; Tonantzintla, Puebla; Morelia, Michoacán y Zacatecas, Zacatecas.
  • Biología tropical: Los Tuxtlas, Veracruz. y Chamela, Jalisco.
  • Ciencias del Mar: Mazatlán, Sinaloa., Puerto Morelos, Quintana Roo.
  • Ecología: Morelia, Mich.
  • Enseñanza para extranjeros: Taxco, Guerrero, San Antonio, Texas y Hull, Canadá.
  • Física: Querétaro, Querétaro.
  • Geofísica: Juriquilla, Qro.
  • Geología: Hermosillo, Sonora.
  • Instituto de Matemáticas: Cuernavaca, Morelos y Morelia, Mich.
  • Oceanografía: Ensenada, Baja California.
  • Apoya material y académicamente a las Universidades de los 31 Estados del país (públicas y privadas) y tiene intercambio de académicos con 15 Universidades de América, 14 de Europa, 3 de Asia y 1 de África.

De su presupuesto (13,000 millones de Pesos), el 91% es proporcionado por el Gobierno Federal. Por fortuna la educación superior en México ha visto crecer a decenas de Universidades públicas y privadas llevando a millones de estudiantes Mexicanos al nivel superior.
Sin embargo, por su tamaño, por su investigación, por su aportación a la vida económica y cultural del país, por su acervo arquitectónico, su patrimonio cultural, sus Premios Nóbel, su presencia física en todo el país y el extranjero y por sus propios egresados, la UNAM sigue siendo la institución de educación superior más importante de México y la más importante de habla hispana del mundo.

Edificios construidos para celebrar el 50 aniversario de la Autonomía en 1979. Izquierda: sala Netzahualcóyotl.
Inauguración de Ciudad Universitaria por el Presidente Miguel Alemán.
Vista aérea del conjunto.

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