FRANCISCO PRIMO DE VERDAD Y RAMOS.

Junio 22nd, 2008 | by JBGL |

PRECURSOR DEL MOVIMIENTO DE INDEPENDENCIA.

Foto por cortesia de WikiPediaDos años antes de que Hidalgo y Allende iniciaran el movimiento insurgente de 1810, hubo un importantísimo acontecimiento en la Ciudad de México que, para no perder la costumbre, es tímidamente aludido por la historia que se enseña en las escuelas.

Para 1808, como sabemos, España estaba invadida por Napoleón. Ante esta situación, el Rey de España, Carlos IV, había abdicado en favor de su hijo Fernando VII. El cambio de Rey implicaba también la llegada de un nuevo Virrey en la Nueva España. El Virrey en turno dio, con todo su pesar (para él) la noticia. Una semana más tarde, Fernando VII abdicó a su trono en favor de Napoleón quien nombró a su hermano José (Pepe Botella), Emperador de España.

En los 300 años de colonia, nunca había ocurrido en la Nueva España una situación similar: en Madrid no había autoridad Española, no había Rey y por tanto, las colonias Americanas quedaban a merced de las decisiones de un extranjero (Napoleón y su hermano).

Ante esta situación, el Ayuntamiento de la Ciudad de México se reunió y planteó 2 alternativas:

  1. Rendir obediencia a Napoleón o
  2. Mantener fidelidad al Rey de España.

La segunda opción parecía la que más adeptos tenía pero, si el Gobierno de España había claudicado ante Francia ¿ qué podía esperarles a las colonias Americanas ?

¿ Cuánto tiempo duraría la dominación Francesa en España ?

Ante esta situación, el Ayuntamiento de la Ciudad de México tomó una decisión única e histórica:

  1. Desconocía a las autoridades impuestas en Madrid por Napoleón.
  2. Que el Virrey Iturrigaray, no teniendo a quien reportar sus actividades (porque el Rey de España había abdicado), renunciaba a su carácter de Virrey tomando el cargo de encargado del Reino de la Nueva España con la obligación de convocar a un Congreso Nacional,

“ya que la Nueva España es la única sucesora de los derechos del Rey de España por lo cual, ante la falta de autoridades en Madrid, el pueblo de la Nueva España asume su soberanía”.

Así, acudirían a la Ciudad de México representantes de todas las provincias, desde la Alta California hasta Yucatán, para establecer el Congreso y designar al Gobernante que condujera a la nación mientras la autoridad era reestablecida en Madrid. Pero existía la posibilidad de que las autoridades Españolas no pudieran regresar a sus puestos por la invasión Francesa a España, por lo cual se consideraba también nombrar a el “Primer Rey de la Nueva España Independiente”.

Sin embargo la Audiencia (una especie de Cámara de Diputados de la época) dominada por Españoles Peninsulares puso muchas objeciones al proyecto, poniendo en tela de juicio la autonomía que se pretendía establecer. Ellos aducían que lo que en realidad se pretendía era separar políticamente a la Nueva España de Madrid y declararla independiente. Los miembros que integraban el Ayuntamiento y la Audiencia se enfrascaron en un debate legal que mostró los intereses personales de cada uno; unos por mantenerse leales al Rey de España y otros por asumir la soberanía ante la falta de autoridades.

El vacío de poder se percibía especialmente en la capital de la Nueva España. Durante estos días llegaron noticias de España, donde las provincias Españolas (especialmente Asturias) habían declarado también su autonomía de las autoridades Francesas. El Virrey Iturrigaray sintió fortalecido el status quo de la Ciudad de México y convocó oficialmente al Congreso Nacional.

Esta situación hizo que los ricos comerciantes Españoles de la Ciudad de México y Veracruz vieran afectados sus intereses, por lo cual reunieron pólvora y armamento y formaron un batallón para derrocar al Gobierno. Con ello, apresaron al Virrey y a todos los simpatizantes con la idea de separa a la Nueva España de Madrid. Uno de los más proclives al establecimiento de la soberanía, Francisco Primo de Verdad y Ramos, fue asesinado en una prisión utilizando un clavo que lo ahogó lentamente. Su muerte fue descubierta mucho tiempo después.

Así, terminaba el primer capítulo libertario del siglo XIX en la Nueva España. Sería también éste el primer golpe de estado, de muchos, que la Ciudad de México viviría en los siguientes 50 años. El Ayuntamiento de la Ciudad de México había intentado, por la vía legal, modificar el gobierno establecido en la Nueva España, pero los propios Españoles se encargaron de mostrar que las armas debían de hablar primero. Esta es una de muchas lecciones antidemocráticas que España heredó a México y que requirieron de más de 60 años poderlas erradicar.

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